Los cocodrilos de Junquera

27 Jul

Jerónimo Junquera, un arquitecto de prestigio que ve cocodrilos en el Paseo de los Curas

Como las cabezas de la Hidra, si le cortas una, le crecen dos, el Puerto resurge en las noticias con defensores implacables de la verja, mientras se busca un Heracles que concluya el trabajo

Unas sorprendentes declaraciones del arquitecto del Puerto afirman que la verja debe quedarse para proteger a los peatones, mientras no se resuelva el raudo tráfico automotor del Paseo de los Curas. Una polémica da entrada a otra, mientras nos disponíamos a discutir qué hacer con la verja derribada, volvemos atrás, porque quien lo dice es el creador de las sorpresas. La Hidra del Puerto goza de buena salud. Ayer un fue un latigazo, ahora los cocodrilos.
Parece que todo este embrollo no se planteó bien desde el principio. Si el arquitecto pensaba lo que dice que piensa, ¿por qué no esbozó una solución al tráfico que dice que impide tirar la verja? Si construyó su proyecto pensando en el futuro enlace Parque-Paseo-Puerto, ¿por qué ese empeño ahora en dejar la verja en pie? “El palmeral se ha construido a la misma cota que el paseo del Parque, elevado sobre el paseo de los Curas, por si algún día se funden, para que puedan hacerlo a la misma altura”. Pareciera que ese desnivel es lo que impide quitar la verja ahora. Antes de derribarla, hay que eliminar el ‘foso de cocodrilos’ del Paseo de los Curas, dice este arquitecto de palmeras, que no parece saber que hay allí dos semáforos con sus pasos de cebras –no de cocodrilos–, y que siempre se puede aminorar la velocidad con badenes, u otro paso más para que los paseantes atraviesen sobre las rayas de las cebras, evitando los voraces cocodrilos. ¡Junquera, dé soluciones prácticas no soberbios impedimentos! Sepa que los malagueños queremos que ese Puerto pertenezca realmente a la ciudad, y que un solo metro de la verja en pie lo impide. Por ahora, ciudadanos 1 – Linde y Junquera 0.
Bicis. Como las bicicletas son para el verano, los forofos del vehículo menos contaminante, después de los propios pies, han levantado la voz contra una normativa de circulación, que les parece exagerada y sin consenso con ellos. Si se han extendido los carriles bicis, cosa de agradecer, todavía hay grandes superficies de la ciudad, todo el Este, sin un solo metro de tales viales específicos. De manera que si se quiere ir de El Palo al Parque, a menos que arriesgue su vida por la calzada automotriz, tendrá que circular por el paseo marítimo peatonal, con multa segura si se aplica la nueva norma. No se puede aplicar estrictamente esa normativa sin haber concluido la red de carriles, para que los ciclistas no recuerden la película de Juan Antonio Bardem, ‘Muerte de un ciclista’.
EMT. Medalla de oro para un servicio, que pierde pasajeros y piensa seriamente en subir las tarifas. No hay dudas al respecto, los autobuses urbanos malagueños sirven bien, han ganado en puntualidad, están relativamente limpios, ya se roban menos los martillos para romper los cristales, algunos conductores encienden el aire acondicionado si son jóvenes, pero los mayores no se llevan bien con el aire frío, la tecnología de las comunicaciones ha puesto a la red en los móviles y en las pantallas de la paradas, y todo eso se premia. Pero el billete que siga como está, ya es suficiente con las tarifas altas, altísimas de los parking municipales, a más de un euro por hora. Una cosa compensará a la otra, pues la caja es la misma.
Veranito. Se aproxima el acoso y derribo del ruso de Pinares. Se nos dice desde una Fuente solvente, creíble y seria, que van a por el ruso sin miramientos. Ya era hora. Esperaremos que caiga sobre su atalaya todo el peso de la legislación urbanística. Las cuentas del Festival de Málaga de cine español no cuadran. Dicen que le deben, pero los deudores dicen que no deben. Números que bailan desde 2008 en una pantalla desenfocada. Si el único certamen cultural de proyección nacional se cae, mal asunto para las pretensiones de la capitalidad europea. La voz de la ministra, González Sinde, avisa que aportará más presupuesto para esta cita del cine made in Spain, una ayuda bienvenida para el futuro, pero que no aclarará las cuentas del pasado. Las natas siguen flotando en las tranquilas aguas de la capital de la Costa del Sol o más bien la de las Natas. Otra noticia reiterativa y cansina de la que escribir titulares durante este período del año caliente, pero frío de noticias. Pobre, gran Mare Nostrum.

El latigazo de Linde

20 Jul

Una valla infinita que se niega a morir

Con el látigo en la mano Linde deja la verja. Dando un porrazo institucional rompe el bastón contra la mesa del diálogo. Punto final, se queda tras la verja como un sitiado de espaldas al mar.

Con la verja no hay quien pueda. El propio Linde ha dicho que prefiere echarla abajo, pero mientras tanto la retranquea, es decir la deja igual, pero un poco metida para dentro, ¿para qué ese nuevo gasto?, la hubiera dejado en su asiento original. Exigió al Ayuntamiento que si no quitaba el botellón del Paseo de los curas él no echaba abajo la verja. El Ayuntamiento le hizo caso, pero ahora la excusa es otra. La decisión de dejarla donde está, vallando el muelle para que se nos siga ocultando el Mare Nostrum, está basada en un error de cálculo en el palmeral de las sorpresas, que ha quedado en un desnivel peligroso. Un error técnico que, pareciera, no se pude resolver sino dejando la verja donde está. Parece una excusa, más que una solución técnica. El muro de Berlín cayó, pero la verja del Puerto de Málaga se resiste. Se está convirtiendo en el símbolo de una ciudad de espaldas al futuro.
Una barrera visual que todos por esta ciudad quieren dejar de ver. La voz ciudadana, representada por un grupo de personas pensantes, preocupadas, lúcidas y que no tragan cuentos le ha tomado la delantera a los cargos políticos y ha plantado cara al asunto. ‘Abajo la verja’ y de Carrefour nada, ni top ten, ni vainas. Y un edificio para actividades culturales, pero sin pasarse de altura. No es necesario decirlo más alto, porque está clarísimo. Los manejos, vaivenes de veinte años, de negociaciones entre el Puerto, la Junta, el Ayuntamiento, Unicaja y las empresas concesionarias han concluido en este enredo, que ha ido desde los multicines al Carrefour, pasando por un edificio cultural más alto que la rasante del paseo de la Farola. En fin, una telaraña que no tiene final. Y tapando todo, la verja, inhiesta, altiva, desafiante, poderosa, infranqueable, una linde dentro de un Linde.
Ante la incapacidad manifiesta de los responsables públicos, los representados, sintiéndose excluidos, han tenido que alzar la voz. Aún está por comprobarse qué dice de todo esto Unicaja, cuyos administradores, a fecha de hoy, no han abierto la caja. Los malagueños quieren algo sencillo, que el Puerto pertenezca a la ciudad, que no se esconda tras la verja. Que se aproveche la singular cuestión de que este Puerto está en el centro de la ciudad, no es poca cosa, y convertir a ese espacio en una zona de esparcimiento. Un área amplia donde el ocio tenga una oportunidad cercana, agradable. En Málaga no sobran sitios así, más bien faltan: un bulevar amplio, un gran parque o dos. El Puerto, sin verja lindesca, bien podría incorporar a la ciudad un lugar nuevo que siempre estuvo ahí.
Por los momentos, parece que no habrá edificio más alto que el nivel que marca la rasante del muelle en su esquina dorada. El palmeral, sorpresivo más que sorprendente, no permite que se elimine la verja, según Linde. Los concesionarios insisten en que el proyecto sin supermercado no es rentable, así que aún queda la batalla final: tumbar la verja y que el edificio cultural sea para ese fin y no para comprar dos por uno en el top-ten portuario. ¿Será tan difícil tomar esas dos decisiones definitivamente? Si los malagueños se organizan y marchan con un martillo cada uno caería la verja. Recuerden las imágenes de Berlín en 1989. No se puede seguir dando la espalda a los deseos legítimos de los ciudadanos. Ya está bien. Por algo los administradores públicos salen muy mal en todas las encuestas. La más reciente señala un alto incremento de la abstención en unas elecciones generales, si se hicieran hoy.
La presión ciudadana funciona. Ya se paró, en 2000, la pretensión de Chelverton para explotar esta esquina con un centro comercial al uso: multicines, bowling, tiendas, macburger, etc. Aquellas protestas originaron un nuevo plan para el Puerto, que tras ocasionar una polémica adjudicación a las nuevas obras, ha llegado a trompicones hasta la fecha. Ahora, la ciudadanía, representada por un grupo de portavoces acreditados, ha vuelto a plantarse frente a la verja y el macro edificio, por los momentos gana el pulso y siguen en estado de alerta para espantar el fantasma del super en el Puerto. Muros más altos han caído, dice el refrán. ‘Si yo tuviera un martillo’, decía un rock de los sesenta. El Mare Nostrum, espera.

El balón federal

13 Jul

El triunfo como metáfora de un país unido ante la adversidad

La esférica futbolística ha hecho el milagro de descubrir que podemos usar la bandera con el orgullo de ‘yo soy español, español’. Además, ha demostrado que España está vertebrada por un grupo de muchachos de todos los rincones del país y que forman uno solo. (más…)

Llévate la Caja

6 Jul
La nueva gran Caja de Andalucía puede que ‘vuele’ a la capital andaluza

 

La incapacidad, por falta de voluntad, para descentralizar la administración es una cuenta pendiente de la autonomía regional representada, en nuestro caso, por la Junta de Andalucía. Es también un asunto que ha quedado en el limbo de nuestra novísima democracia

Se ha desplazado el centralismo hegemónico de antaño a un nuevo eje territorial, que concentra todo el poder que le ha sido transferido, dejando a la base de la democracia municipal con un estrecho margen de maniobra. Málaga, cuyos indicadores económicos siguen siendo aceptables, pese a la gran crisis del desarrollo que nos acorrala, ha sido la sede, hasta ahora, de la principal entidad financiera de la región, Unicaja. Se abre la caja de los truenos centralistas, pues si Unicaja se fortalece al fusionarse con otras Cajas, su gran tamaño, su músculo financiero desarrollado, más fuerte y poderoso, debe estar cerca del poder central andaluz, en Sevilla, según una corriente de opinión que mueve los hilos antes de que se firmen los acuerdos.

      Voces, muchas, se escuchan reclamando que esa nueva entidad no se mueva de Málaga a la que le corresponde seguir siendo su sede en pro del dinamismo económico de la ciudad y su provincia. El periodismo, ni siquiera el de opinión, está para lanzar adivinaciones, pero el río de las Cajas andaluzas suena a tromba agitada e incontenible, que se dirige hacia Sevilla. En lugar de sumar restamos. No son estos tiempos para la enconada disputa territorial. Para la maniobra del húndete tú, para que flote yo. Pero parece faltar un grado de educación democrática, un espíritu de Estado, una mirada hacia la Europa de las ciudades, donde se asienta el verdadero desarrollo del sentido de la democracia en sus niveles fundamentales, en donde vive y padece el ciudadano común y corriente, el que paga sus impuestos aunque le bajen el sueldo o esté en el desempleo o bajo la protección, cada vez más evanescente, de una pensión.

      Hoy es la Caja, ayer el Puerto con valla, hoy otra vez el Puerto con la misma valla, pasado mañana el Hospital que nos falta, mañana el Auditorio, el Bulevar, la otra Ronda, el Metro que avanza y retrocede; el chiringuito dentro de la arena o fuera de ella. No, esta no es una ‘ciudad infinita’, sino interminable, inacabada. Hasta los antiguos romanos se ríen, con su teatro, que ellos tardaron menos años en construir que nosotros en reconstruirlo. Una eterna discusión sobre si Málaga es o no es, mientras la ciudad nos aplasta con su implacable realidad.

      Todo se hace muy difícil para esta Málaga que sufre y padece. No es cuestión de llorar, ni de atrincherarse en localismos catetos, sino de reclamar lo justo. Es cierto, que ha llegado el tren de alta velocidad, llamado por nosotros AVE (faltaría agregarle, Caesar, morituri te salutant); que se ha ampliado el Aeropuerto y que el Puerto, pese a su vallada administración, ha fortalecido su atraque como destino de referencia de cruceros y contenedores. Pero, ¿no es eso progreso para toda la región? Lo que es bueno para Málaga es bueno para Andalucía y para España, es una obviedad, pero parece olvidarse cuando los que mandan se sientan en la mesa de negociación de un nuevo plan, de la distribución de las ayudas de la UE. Llegar a acuerdos es tan complicado, tan imposible que el Plan General de Ordenación Urbana –PGOU– de la ciudad se eterniza en cambios, recambios, recontracambios y retruécanos hasta el infinito, una y otra vez. Hoy, más que nunca, la ciudad necesita de ese PGOU aprobado y en marcha. Marca su futuro desarrollo, dentro de unas coordenadas sostenibles, y abre las puertas al trabajo del sector más deprimido de nuestra economía.

      Aquí lo que parece privar es la renta permanente del voto. Es cierto que los partidos se mueven únicamente sobre esos ejes. Son velociraptores voraces de la voluntad popular del ciudadano. Si apruebo esto me votarán, entonces lo apruebo; si tengo dudas, lo aparco, lo dilato, lo eternizo; ya vendrá otro plan, otro escenario más propicio donde mi voto no peligre. Una decisión siempre arriesga; el que no se mueve sale en la foto, pero no pasa a la historia. Es este un juego político del Monopoly, te cambio esta parcela por aquel lindero; te dejo construir aquí si me das el Norte; te doy el Sur, si me das la playa; el Hospital, macro o micro en el Este; no, en el Oeste. Y así hasta el infinito y más allá. Mientras tanto, Málaga espera, ¿hasta cuándo? Se cansa uno.