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Foto: Albiñana

Presunción de decencia

9 Feb

Huele a elecciones municipales. A asfalto recién echado y acusaciones. Huele a navajeo y patadas. A zancadillas y agobios. A último tren y primer salto. Y con esas nuevas elecciones nos encontramos con estampas notables en el ámbito de la vergüenza ajena.

Y uno de esos casos es el de Villas del Arenal; el de las injerencias políticas y los dedos acusadores. La política es compleja. Pero los que la ejercen deberían comenzar a plantearse de una vez por todas que, al menos una parte de la población, no es tonta. Que tiene un mínimo de capacidad intelectual como para darse cuenta de que aquello de lo que presumes o acusas lo tienes a la vuelta de la esquina. Y eso, lo único que consigue, es generar mayor rechazo de todos hacia los que nos gobiernan gracias a nuestro voto de confianza.

Hoy se está celebrando en Madrid una manifestación para pedir elecciones y protestar. La derecha llamar a Pedro Sánchez “El okupa” y de Andalucía se contabilizan un buen número de autobuses que acudirán a la mani por el Partido Popular de Andalucía. Ojo al dato. El PP andaluz pide elecciones y echar a Sánchez porque “el okupa” no lo hace bien y debe convocar elecciones porque ha pactado con gente rara para conseguir el poder. Y eso lo dice el que acaba de hacer exactamente lo mismo en San Telmo aliándose con extremistas. ¿Estamos locos? ¿Locos de remate? ¿Muy muy locos? ¿Por qué exigen dimisiones por lo que ellos mismos hacen? No tiene sentido alguno. Y desde fuera la percepción del ciudadano medio es la misma. Si tú te das la mano con uno que pide independencia y el otro se da la mano con uno que tiene planteamientos trasnochados, para el gran público ambos están calcando comportamientos. Por tanto, resulta del todo ridículo hacer este tipo de shows.

Y en Málaga, con el caso de Villas, nos estamos comenzando a percatar que, un problema global de la ciudad de Málaga como es la gestión urbanística, se está convirtiendo en una barra libre para ser aprovechada por todos según sus intereses: Desde PSOE se quiere alzar la voz denunciando corrupción, desde Ciudadanos se eleva el discurso haciéndose los escrupulosos y amenazando con cerrar el grifo del gobierno si no echan a unos cuantos y desde el PP, habrá más de uno y de dos que se frota las manos porque ve cerca la caída de alguna que hace sombra y anhela su sillón desde hace tiempo.

¿Eso es política? Bien entendida no. Pues se parece más bien a una cochiquera donde los guarrillos buscan el bocado fácil para saciar su sed de poder y continuar de porquería hasta arriba.

Hace unas horas, Ciudadanos y PP mandaban un comunicado diciendo que no aceptaban y rechazaban la participación de grupos radicales y antidemocráticos en la manifestación de Madrid. Je. Primero creas el escenario adecuado. Promueves que gente extraña se alíe contigo para coger impulso y atrapar lo que no te mereces ¿pero después reniegas? Póngale nombre. Porque tanto PSOE como PP lo acaban de hacer. Y resulta del todo patético.

Pero volvamos a Málaga. Porque con este caso urbanístico estamos presenciando nuevamente un esperpento ridículo por parte de Ciudadanos que, oh sorpresa, dice que si el Alcalde no echa a Teresa Porras, Pomares y el superpoderoso de Urbanismo, corta relaciones y pide el divorcio. Menudo sorpresón. Y es que este nuevo partido nos está acostumbrando a esa trampa tan cutre con el único objetivo de seguir ganando poder.

¿Quién se cree que ahora Ciudadanos se haga el exquisito si hace poco tiempo, por exactamente lo mismo, se abstuvo para que no cesaran al Concejal Pomares? NADIE. ¿Quién se cree que en Andalucía Ciudadanos ahora diga que la Comunidad está fatal y con Susana Díaz todo era una basura si cinco minutos antes le estaba bailando la conga marismeña y la admiraban? NADIE. Y lo peor de todo es que lo que llevan en su nombres es lo que menos les importa: Los ciudadanos.

Pero hay algo más. Y es la falta de cordura y coherencia para tratar este tipo de asuntos ya que todos –PP y PSOE- tienen en su haber situaciones comprometidas similares. Por tanto, y analizando con cierta sensatez el asunto, podemos tener claro que no es oro todo lo que reluce pero que, hasta que no exista una prueba, nadie debería mover un dedo, ni para cesar ni para exigirlo.

Pero claro, aliñar la política actual con sensatez es igual de improbable que ver a una vieja con una mochila –cosa rarísima de ver-.

“Injerencias políticas”. La palabra de moda para acusar y esconder rápidamente la mano. Porque el deseo de solucionar los problemas reales en el fondo da un poco igual. Lo importante es hacer daño al contrincante, rascarle votos y que te enfoquen. Por eso resulta extraño que, teniendo la Gerencia de Urbanismo en una situación tan mejorable, haya que centrarse en el nombre que todos buscan y quieren oír: el de Teresa Porras. Seguramente porque sin ella muchos ganen. En el PP para hacer sitio. En el PSOE para evitar un rival duro en el cara a cara y en Ciudadanos porque todo les sería más fácil sin una pepera de hormigón con la que tratar.

Pero no debemos olvidar que aquí aún no ha pasado nada. Que todo es normal y que una investigación, una petición de la Fiscalía para que miren si hay cosas no quiere decir absolutamente nada. Y casos como éste hay cientos y de todos los partidos y colores. Y muchos de ellos llevan a nada. No acuses de contrabando al viajero porque en la bolsa se intuyen que van fardos de droga. Espera a abrir la bolsa, analizar todo y comprobar. Y cuando ese trabajo esté hecho y se comunique lo que llevaba, entonces hablamos. Y seremos todos los que exijamos justicia. Hasta entonces el debate real, útil y válido no existe. Aunque los partidos lo quieran montar para juguetear antes de las elecciones. Pero por el camino puede quedar la decencia de personas que, habiendo pasado ya por estos asuntos, han salido sin mancha de los mismos -Porras en Limasa-.

Cautela. Que la decencia de algunos está en juego. Tanto la de los investigados como las de los que acusan. Y es que hay algo meridianamente claro en este tipo de casos; el que acusa, como no gane, se llevará un rapapolvo que valdrá doble. Así que cuidado con juguetear con estas historias. Al final, el ciudadano de verdad, valorará mucho más al político que pide cautela –sea para quien sea- que el que salta a la mínima a morder.

Quedémonos con la sensatez. Quedémonos con lo que pediríamos para nosotros mismos. De lo contrario podremos ser víctimas de eso mismo. De la falta de presunción de decencia.

Viva Málaga.

One thought on “Presunción de decencia

  1. “Entre todas la mafaron y ella sola se murió”, y eso está ocurriendo con España. Dicen que no, que Caín nunca estuvo por estos lares, pero yo no estoy tan seguro. Seguimos viendo “la paja -con perdón- en el ojo ajeno y no la viga en el prooio”. Pero no les hables de “descrédito político”…

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