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El secuestro taxista

9 Sep

Nuevamente observamos y padecemos en Málaga un problema que se ha vuelto habitual en las grandes capitales del país. Dicha cuestión resulta de un combo de problemas injustos a la par que incomprensibles pues son el pan nuestro de cada día en esta sociedad capitalista que nos ha tocado vivir.

Los taxistas. El Taxi. Y los nuevos taxis. Ahí todo el problema. ¿Y qué son los nuevos taxis? Algo llamado VTC o vehículos turismos con conductor. Que se contrata a través de una aplicación en el móvil y que, de manera muy sencilla, te soluciona la papeleta de trasponerte allí donde lo desees por poco dinero.

¿Cuál es la cuestión? Pues una muy sencilla. Resulta que Mercadona y/o Carrefour han aniquilado a la tienda de ultramarinos de toda la vida. Resulta que Inditex y/o Mango han reventado las hermosísimas boutiques de ropa donde un buen señor te atendía y comprabas una camisa con un trato exquisito. Resulta que los chinos han hundido a los entrañables quiosqueros que te servían tus chucherías, el tabaco y los periódicos a la vez que te preguntaban por tu abuela, que había escuchado que andaba mala. Periódicos…je. ¿Qué ha pasado con ellos? Que todo cambia y llegó la red de redes. Y las sociales. Y Twitter. Y la gente haciendo paginitas web. Y antes sucedía algo y esperabas a leerlo en el periódico al día siguiente y ahora lo cuenta una señorita cualquiera a través de su arroba y te acabas enterando de lo básico sin soltar el eurito. Y así con todo. Así con La Campana, Pérez Cea, Candilejas, Zulaica, Confecciones Navarro o Casa Flores.

Es una pena horrible. Un dolor absoluto. Un lamento constante por la vida y formas que se fueron para no volver. ¿Pero qué le hacemos? ¿Podemos hacer algo por evitarlo? Hagámoslo. Pero en el segmento del taxi parece ser que no dan con la tecla. Tecla que en otros muchos sectores como Limasa parece haberse conseguido.

¿Y cuál es la realidad? Una muy sencilla. Que el mundo avanza y las generaciones se van actualizando. Resulta que los que nacieron en el año dos mil. Repito. Dos mil. Ya tienen dieciocho años y son mayores de edad. Y consumen lo mejor, más fácil y cercano para ellos. ¿Y qué se asemeja más a un milenials? ¿Y a alguien que quiere pocas sorpresas? Busquen, comparen y encuentren la mejor opción.

Tenemos un servicio clásico que no rompe a actualizarse. Al que le ha costado la vida ofrecer datafono para pagar con tarjeta y que sigue poniendo problemas en muchos casos para pagar de tal manera-. Un servicio con automóviles que son fiel reflejo del propietario o conductor o dueño. Si eres un poquito espeso, así estará tu taxi. Si eres escamondado, así tendrás tu automóvil. Pero también tenemos un servicio donde nunca sabes qué puede suceder. ¿Un atasco? Ruina. ¿Tirar por una ruta paralela? Ruina. ¿Ciudad que no conoces? Posible ruina. Y aún así tenemos que depender de una línea telefónica. Y pueden pasar muchos minutos si necesitas un taxi en momentos difíciles. Y puede suceder que esperes en una calle y nunca pasan. Y puede suceder que aparezca el taxi pedido y que ya lleve buenos euros en el contador.

¿Es un servicio moderno? No lo es. ¿Es útil y necesario? Muchísimo. ¿Debe actualizarse? Sin duda. Por dos razones. En primer lugar porque son un servicio público y como tal debe avanzar a igual velocidad y en segundo lugar porque de lo contrario seguirán en caída libre tras la llegada de los nuevos taxis. Los coches oscuros que pululan por las ciudades y les están ganando terreno aunque aún no la partida.

Pero da coraje. Y mucho. Que el sector del taxi no dé apenas muestras de mejora. Resulta muy penoso que cueste horrores encontrar motivos para defender a estos profesionales que tan buen servicio prestan a la sociedad. Pero es una realidad que necesitan auto corregirse y actualizarse para que pueda haber motivos suficientes de defensa.

Y sobre todo para que no veamos en sus manifestaciones verdaderos atracos al bienestar del ciudadano con actitudes que rozan en algunos casos lo mafioso.

¿Acaso no sabemos todos que dentro del taxi existe un mercado negro de venta de licencias? ¿Acaso no hemos conocido todos que hay profesionales con muchas licencias creando pequeñas flotas de coches con bandera? ¿Eso es un mercado sano y saludable? ¿Los de Cabify o Uber son malísimos y vosotros no?

No cabe duda que existe una falsa moneda y un doble rasero enorme a la hora de tratar estos asuntos. Pero el resultado es el que es. Y a día de hoy Málaga se desayuna cada dos por tres un barullo y un gran atasco porque protestan con el bloqueo de la ciudad unos ciudadanos que buscan el “pan de sus hijos” de la misma forma que lo hacía la tendera, el tabernero o la costurera.

¿Injusto? A morir. ¿Mejor empresas de aquí que aquellas que tributan en Sebastopol? Siempre. Pero no se puede vivir en la mentira, la irrealidad y lo incrédulo. Málaga es una gran capital europea. Y aunque no nos guste a los poco movilistas, el sistema nos come antes de que nos demos cuenta. No vale por tanto usar la pena y la injusticia puesto que el resto de la ciudad vive en ella desde hace tiempo.

Basta de aprovecharse de Málaga para protestar por la injusticia del sistema –que lo es-. Basta del lamento, la queja y la amenaza velada de los taxistas y sus represalias. Ojalá pronto el taxi se actualice a los nuevos tiempos, se regenere y deje de despertar sospechas por muchos de sus rincones. Será ahí cuando Málaga entera los defienda, acoja y ampare. Y seguro que todos cogeremos antes el taxi de Pepe que el coche con conductor propiedad de un fondo de inversión con capital alemán. O sí. Porque la gente hace y hará lo que quiera. Y si algo deja de funcionar nunca será culpa del que lo deja de consumir. Sino de aquél que no ha sabido seguir vendiéndolo o actualizando su producto para mantener el interés.

Dejen de secuestrar la ciudad cada vez que les venga en gana. De esa forma seguirá la separación entre el ciudadano y el taxi. Y seguirá la caída. Y se perderá lo entrañable en favor de lo efectivo.

Que se sigan bajando banderas. Que se mantengan las paradas de taxi. Que sigamos teniendo en ellos un aliado. Que vuelva el taxi. Y que se marchen los trileros.

Viva Málaga.

 

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