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La Cabalgata publicitaria

12 Ene

Ya ha pasado la Navidad, a Dios gracias, y no se vuelve a hablar del asunto de las luces y los Reyes Magos hasta que queden diez días para volver a comenzar. En este caso, sería interesante pararse un instante en el asunto de la Cabalgata de los Reyes Magos pues, por su situación de calendario, suele ser el coletazo final de una fiesta eterna que ya comienza en noviembre y que consigue en el común de los mortales un empacho insoportable que hace que nadie quiera mirar hacia atrás ni aunque sea para recoger dinero.

Huimos de la Navidad como locos y por eso no tenemos oportunidad alguna de analizar cómo ha ido la cosa y de qué manera mejorar. Y al año siguiente, con todo olvidado, salvo que algún raro del Ayuntamiento quiera dar el espectáculo para querer hacer ver que es moderno, nadie va a venir a querer modificar nada por apatía, flojera y pocas ganas de meterse en líos.

A mi entender, la Cabalgata de los Reyes Magos es uno de los eventos grandes de una ciudad y dice mucho de ella. En el caso de Sevilla, capital hermana y espejo en el que mirarse para infinidad de cosas –para lo bueno y lo malo- cuidan y mucho esta cita con grandes despliegues humanos.

Málaga, para el asunto de las tradiciones suele ir un poco con el paso cambiado en todo momento y prefiere sacrificar la historia a cambio de la paz mental que te da que un tercero te despache el asunto de manera profesional, inocua y vacua.

A día de hoy y tras observar el desfile mágico-monárquico de dos mil dieciocho en Málaga, queda claro que la cabalgata adolece de personalidad alguna. Hay carrozas paupérrimas, gente sin ganas sobre ellas, niños apáticos que tendrían que estar en el suelo y no divisando a otros chiquillos creando una confusión extraña.

La Cabalgata no es cosa de niños. Es cosa de mayores para niños. Y ahí hay que comenzar el que debería ser el nuevo proyecto para mejorar un día grande para toda la ciudad.

Solamente al ver un plano general del cortejo, uno se da cuenta de que ni calidad ni cantidad destacan en dicho acto. Todo brilla en la tarde del cinco de enero en Málaga. Pero por su ausencia. Pues nos encontramos con una cabalgata sin personalidad alguna, fuera de todo contexto local, con un tufo a subcontratación que echa para atrás y con un mínimo halo de luz que sale de un punto concreto: María Auxiliadora.

La de los hermanos de Capuchinos es, en todos los sentidos, el mejor ejemplo de lo que debe ser la Cabalgata de los Reyes Magos: Gente con criterio, profesionales de los cortejos, caramelos sin medida, alegría, elegancia, colorido y sobre todo y más importante, TRABAJO.

No queda más remedio que asumir que, para que la Cabalgata sea digna, hay que trabajar para conseguirlo.

Y ahí, en gran parte, el futuro pasa única y exclusivamente por las Cofradías. Son ellas las únicas capaces de hacer algo digno y con un sello propio de la ciudad. Solamente pensar en una Carroza de ilusión de la Cofradía de Estudiantes con su gentío o el Rocío con su alegría, nos hacen pensar que sería un gran éxito. Y que vuelvan las masas a los cortejos. Y que participen en grupo las personas para crear grandes masas de beduinos alegres que acompañen a los Sus Majestades. Que habrá quien diga que es copiar –sin conocer antes nuestra historia local- pero da igual, pues prefiero mil veces copiar las tradiciones andaluzas que no implantar una cabalgata mal hecha al modo madrileño.

Queda un año para pensar en ello y atribuir responsabilidades a esa nueva era que se atisba en los responsables de fiestas del Ayuntamiento de Málaga. Y todo apunta a que será Ana González quien coja las riendas tras su asentamiento para revitalizar algo muerto y paupérrimo.

Pero no acaba aquí la cosa. Porque ahora empieza lo raro. Lo sospechoso. Lo duro de roer. Y es que la Cabalgata de Málaga está subcontratada a empresas que la montan. Quitando a los buenos de María Auxiliadora, el resto del cortejo para por una empresa privada que monta el asunto. Y claro… eso da que pensar pues si tenemos ejemplos de quien lo hace sin ese dinero… ¿Por qué mantenerlo? Pues no lo sé. Quizá haya que echarle valor y recuperar las riendas de la Cabalgata y preocuparse de ella.

Y quizá haya que levantar el tapete y ver qué sucede ahí y sobre todo y especialmente conocer por qué razón hay publicidad en las carrozas. Sí. Publicidad. De empresas privadas. En la cabalgata de los Reyes. Copicentro, La Canasta o una comitiva de motos de reparto de Burger King son algunos de los impactos publicitarios que pudimos ver el pasado día cinco y no era el primer año que sucede.

¿A qué se debe esa publicidad? ¿La cobra el Ayuntamiento porque así ahorra costes? ¿La cobra el que explota la cabalgata para sacarle perras al asunto más allá de lo que le pagan desde el Ayuntamiento por montarla? ¿Es una mezcla de ambos? ¿Y cuáles son las tarifas? ¿Cómo se opta a salir con tu marca impresa entre caramelos y muñecos? ¿Y vale cualquier empresa? ¿O hay límites según el tipo de empresa?

Es raro. Mucho. Y espantoso. Porque todo no puede ser vendido. Y los Reyes Magos deberían estar protegidos para que no acaben llevando en su túnica parches de conciertos venideros. Pero tengo la sospecha de que jamás sabremos nada. Que ningún grupo municipal alzará la voz para preguntar. ¿Por qué? Pues porque llevamos tiempo observándolo. Y creo que ellos también tienen ojos para verlo. Y no dicen ni mu. Por algo será.

¿Dónde va a parar el dinero de la publicidad de la cabalgata?

Contadlo hombre. No tengáis miedo. Que no os vamos a hacer nada. Si total…

Viva Málaga.

 

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