75 primaveras

21 Dic

Ayer cumplía años el munícipe por antonomasia de la ciudad: El Ilustrísimo Señor Don Francisco de la Torre llegaba a las setenta y cinco primaveras de vida y recibía por parte del Grupo Municipal Socialista un dulce detalle para que soplara las velas entre aplausos y felicitaciones.

Con este gesto, el equipo liderado por el joven, fresco y prometedor Daniel Pérez, regalaba al público en general una demostración de categoría, elegancia y saber estar ante una persona que, con todo su bagaje, merece el tratamiento de ilustre sin necesidad de acudir al protocolo. Difícil sería encontrar este tipo de gestos en según qué personajes, que también calientan silla en los plenos, pero que se dedican en, según qué ocasiones, a hacer paripés con camisetas con mensaje o descalificaciones propias de personas que jamás debieran ocupar cargos públicos por desprestigiar con su talante dichas entidades.

El detalle socialista deja claro que, al margen de la dureza necesaria en el debate político, es propio de personas dignas, tener reconocimiento ante aquél que lo merece.

Don Francisco lleva en el puesto de mando de la ciudad diecisiete años. Y suena a muchísimo, pues es uno de los regidores con más años al frente de la ciudad, sin ir más lejos, el brillante Señor Aparicio lo hice durante dieciseis años.

En cualquier caso, la figura de “Paco de la Torre” se ha convertido en un elemento clásico y perpetuo de la impronta de la ciudad en innumerables ocasiones. Por su educación, modales, respeto y –sobre todo- su capacidad brillante de saber separar las ideologías cuando de representar a la ciudad se trata, el alcalde de Málaga actual ha hecho que, para todos, sea un verdadero placer sentirse encarnados en alguien como él.

Dejando a un lado el plano actual, -cosa difícil cuando se habla de un alcalde-, De la Torre es un señor que ha pasado por todos los estamentos posibles –de su cuerda- dentro de la industria política municipal y provincial así como a nivel nacional. Durante estas etapas, ha ido conviviendo con Málaga dentro de una relación similar a la de cualquier pareja de novios antigua de esas que se “hablaban” durante muchos años antes de dar el paso. Y este paso, en su historia de amor, sucedió en el año 2010 cuando la Ministra del puchero sin hueso picaba billete para Madrid. En ese momento, para muchos, Francisco de la Torre era ese hombre alto, distinguido y sencillo pero del que pocos tenían constancia real. Con el paso del tiempo se ha visto y demostrado que se trata de alguien formal, dispuesto y con una austeridad digna de mención.

 

No es De la Torre hombre de reservados de grandes restaurantes. Es difícil encontrarlo en cenas tras biombos y con esa sonrisilla que a la mayoría se les escapa al verse superiores al resto de seres de su entorno. Se prefiere mil veces su silencio sereno a la frase amistosa y falsa a partes iguales del resto de políticos. Se agradece verlo caminar solo hacia su casa a las diez u once de la noche. Se aprecia observar su atuendo perfecto, pero sin pretensiones ni vanaglorias estilísticas. Es un gusto ver sus zapatos siempre limpios –de suela blandita- pero con más kilómetros que el baúl de la Piquer.

Es un alcalde de impronta austera aunque represente al partido de la derecha española. Y eso, puntúa doble.

Y volviendo al plano profesional, De la Torre ha sido el acompañante de la puesta de largo de Málaga. Un viaje que comenzaba su impulso importante con Pedro Aparicio –con una ciudad con calles sin saneamiento- y que tras unas pinceladas de Villalobos, se convierte en potente sin duda alguna durante los años de gestión de De la Torre. Y es, de manera evidente, la adaptación de la ciudad a un modelo que dé de comer, el que graba a fuego el nombre de Don Francisco para siempre en el historial de la ciudad.

A mí no me gusta el modelo de ciudad de museos franquicia y cruceros pervirtiendo todo. A mí no me gusta que el turismo sea nuestro motor. Y como a mí, a muchos, pero igual de cierto es que no existen modelos viables a la vista para que Málaga tenga una súper regeneración industrial que haga que el modelo sea estable si no es por el camino del visitante.

Somos duros con lo nuestro porque lo queremos. Pero al conocer la opinión del forastero crítico y sobre todo al observar el lamento del superior por ciertos aspectos de Málaga, uno se da cuenta de que la labor realizada no será tan mala del todo.

Pero llegan las edades y el reloj corre en contra de Paco. Es de todos conocida su agilidad física y mental. Pero, aun así, es inevitable que la percepción y visión de una persona de esa generación tenga las mismas miras que la de otro de décadas después. En cualquier caso, nunca jamás podrá ser el mismo nivel el de alguien brillante con años que el de alguien de la medianía pero con unos lustros menos.

Es por eso que resulta difícil desprenderse de su figura pues difícilmente sea equiparable. Parece que se acerca la hora y suenan clarines –incluso familiares- para Don Francisco. Su esposa ha dado el segundo aviso… y al tercero tendrá que retirarse a los corrales.

Y es una pena pues, en los últimos años, nadie de la oposición ha planteado un proyecto y figura consistente como para cambiar de compañía. Pero ahora todo se empieza a cuadrar… Y en el PSOE Daniel apunta maneras propias de una izquierda sana, buena y sin dobleces. Y en el PP está Bendodo haciéndose un portfolio bueno para entregar el curriculum cuando se quede vacante el puesto de trabajo.

Se acerca el Don Francisco que se aleja. Y eso, para todos, es motivo de tristeza rodeado de entereza por un ciclo que se cierra sin saber bien qué nos aguarda.

Pegan mucho los renglones de Barbeito en su pregón sevillano: “Parece que es la hora,/ y no es la hora./ Parece que está todo…/ y algo falta./ Parece que la alcanzo/ y es más alta./ Parece que se acerca,/ y se evapora./ Parece que amanece,/ y es la aurora./ Parece que es su voz, me sobresalta,/ y siento que algo huye, algo salta/ como una luz esquiva y brincadora.”

Aún no se habrá ido Don Francisco y ya lo estaremos echando de menos. Y si no… Al tiempo.

Feliz cumpleaños, Señor.

Viva Málaga.

 

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