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LOS ASESINOS DE CAPARRÓS

26 Oct

El 4 de diciembre se cumplen cuarenta años del asesinato de Manuel José García Caparrós durante la manifestación que se celebró en Málaga, como en el resto de Andalucía, para reivindicar una autonomía digna en nuestra comunidad autónoma.

Hace pocos días, eran muchos los que hablaban de Caparrós a colación de lo que estaba sucediendo en Cataluña. El día del famoso referéndum absurdo del uno de octubre, éramos muchos los ciudadanos que temíamos que alguien acabara muriendo dentro de esos tumultos violentos que se produjeron.

Las diferencias entre lo sucedido hace cuarenta años y ahora son extremas. Lo de Málaga tenía sentido, lógica y era arropado por todos. Lo de Cataluña roza el esperpento. Pero el resultado podía ser similar. De hecho, raro es, que para muchos no hubiera venido genial que alguien hubiera dejado su vida en el suelo de cualquier ciudad catalana para convertirlo de manera automática en un falso mártir del que poder tirar en caso de debate, lucha o acuerdo.

Gracias a Dios no fue así. Pero qué curioso que lo de Caparrós pasaba la Tana, Despeñaperros e incluso Madrid en las conversaciones de estas semanas pues todos identificaban lo sucedido en la Alameda de Colón como un hecho doloroso, injusto y negativo del que nadie se olvida aún.

Pero el tiempo pasa. La sociedad andaluza ha avanzado sobremanera y a día de hoy nos encontramos con un pueblo maduro, sensato y honesto con la capacidad suficiente para administrar y digerir las penurias del pasado.

La Ley de la memoria histórica, que para el Partido Popular es papel higiénico, es de aplicación fundamental para –además de hacer justicia- convertirse en un elemento de cohesión y declaración pública de la capacidad de los ciudadanos para superar enfrentamientos pasados.

Los que se enfadan y con el paso de los años extienden y agravan su odio son verdaderos idiotas. Sin embargo, aquellos que saben disolver los problemas caducados destacan por su inteligencia ejemplarizante.

Es curioso cómo, a pocas semanas del aniversario del asesinato del sencillo y simple trabajador de Victoria, hasta el presidente norteamericano Donald Trump ha desclasificado el caso del asesinato de JFK. Ojo. Que comparado con Caparrós eso es calderilla. Pues hasta esa historia, con el tiempo suficiente de reposo, ha sido abierta al público para que el personal pueda estudiar el asunto.

Pero aquí no pasa. Aquí es distinto. Hay problemas, trampas y zancadillas para que se pueda al menos leer en su totalidad todo lo escrito, analizado e investigado en su momento sobre el asesinato del Hijo Predilecto de Málaga, su Provincia y Andalucía.

¿Por qué? Pues no lo sé. Nadie lo sabe. Pocos lo entienden. Pero es curioso que los problemas y negaciones siempre vengan del mismo sitio. De idéntico rincón. Y eso nos empobrece como Estado. Y aparece siempre de la mano de los fachillas pestilentes que si no vivieran de no soltar la barandilla de la pobreza intelectual que les sostuvo, ya habrían caído del balcón que los sigue manteniendo arriba. A ver si al final a Caparrós lo mató uno pero fueron muchos los que participaron encubriendo. Entonces no hablaríamos en singular y sí de los asesinos de Caparrós.

No es la primera vez que la Junta, dentro de su plan de desarrollo de esa estupenda Ley de de la memoria democrática de Andalucía, trabaja y pide al Estado el envío y apertura de todo lo concerniente a la muerte de Caparrós.

Hace relativamente poco la mesa del Congreso abría la mano y soltaba 675 folios sobre el asunto. Nada nuevo. O casi nada. Porque todo lo que ahí aparecía se sabe y sabía pero qué curioso que en todo lo entregado se presentan tachaduras y cortes para que no se revele dicha información. Y qué curioso, que dentro de lo solicitado, se desmarcan detalles clave como parte de las investigaciones policiales o el propio expediente abierto a parte de la Policía Armada que ese día pululaba por allí.

¿Por qué? ¿Qué no quieren enseñar? ¿Acaso es malo que se sepa quién o quiénes dispararon sin sentido? Lo bueno es que ya se sabe. Pero no se publica aún. Pero se sabe. Y se supo desde el principio. Por eso hay grandes relatos como el de Ketty Castillo o el reportaje maravilloso en el que Canal Sur trabajó. Por eso se habla de su complexión física, dónde se situaba, quiénes lo vieron, hacia dónde marchó y todo lo concerniente sobre el que disparó la bala que reventó al muchacho.

Parece ser que son muchos los intereses por no sacarlo todo pero la batalla ya está perdida. Nos vamos a enterar con nombres y apellidos de quiénes la liaron y dónde acabaron. Que no están vivos es seguro. Que sus familias no tienen la culpa también. Pero no pasa nada porque se sepa. No es delito. Y estamos preparados para ello.

Andalucía en general y Málaga en particular no se merecen tener a día de hoy ese tipo de dictaduras del conocimiento en casos tan exagerados como el de Caparrós. No pasa nada por leer lo que se escribió –que todo no tiene que ser cierto y seguro hay manipulación- pero siempre es bueno recordar para conocer y aprender. Y saldrán nombres de personajes políticos que a día de hoy siguen en activo y que pasaron por allí. Y no pasa absolutamente nada. Ejemplo perfecto es el de nuestro Alcalde quien participó en diversas comisiones creadas a tal efecto que, aún sin exigencias de investigación policial, sí pusieron testimonio certero sobre mucho de lo sucedido.

Y es el ejemplo del Señor De la Torre la perfección sobre cómo hablar claro y nítido. Hay que hablar. Hay que contar y jamás esconder. Él cuenta siempre a los medios todo lo que recuerda sobre el tema. Y queda claro que es así. Pero faltan los papeles. Faltan los nombres y la verdad. Por la memoria del muchacho y por la madurez de Andalucía.

Se acerca el 4 de diciembre y con él, también, la caterva de arrimados que –al olor de la más brisa de rojerío- se apuntan a la batalla del megáfono sin hacer nada útil ni productivo al respecto. No pasa nada. Está en el guión de Málaga tener a los de siempre –de ambos colores- poniéndose lazos pero sin hacer nada de provecho para conseguir eso que secundan.

Pronto se sabrá. Y podremos descansar. Primero lo hará la familia, después la memoria de quienes lo vivieron y por último lo hará Andalucía. Desde el más alto cargo de San Telmo hasta la escritora que se ha dejado las manos rebuscando donde no había para intentar poner luz en este caso de asesinato por parte de la escoria resultante de tantas décadas de incultura.

Andalucía por sí, para España, la Humanidad y Manuel José García Caparrós.

Viva Málaga.

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