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El mejor hogar; la cárcel

18 Ene

Después de buscar por toda la casa el móvil que no para de sonar, lo rescato como un náufrago abatido  bajo una de las pilas de libros que se desperdigan entre el sofá y los sillones.

Por supuesto, la que llama es Pitita:

—¿Te pillo en mal momento?

—Últimamente, lo difícil es que me pilles en uno bueno…

—Ay, chica, pero qué exagerada eres, no es posible que estés peor de lo que sueles estar siempre.

—Un poco peor,  sí, me he roto el brazo izquierdo.

—¿El izquierdo? Pues ya ves tú, eso es nada de nada. Con la derecha se escribe mucho mejor.

—¿Lo dices con intención?

—Jajaja, qué va, figúrate que Cervantes y Valle-Inclán, cuando se accidentaron del brazo izquierdo, escribieron lo mejor de su obra.

—Me sorprendes, Pitita.

— ¿Y por qué? A mí me gustaba mucho la literatura cuando estábamos en el colegio ¿te acuerdas?

—¿Cómo no voy a acordarme, Pitita?

—Pues no lo parece, se diría que a veces te olvidas de tus orígenes…Y te digo una cosa, no es motivo ninguno para avergonzarse ser de buena familia e ir a un colegio de pago. La literatura no es sólo cosa de rojos. Mira, si no, lo que ha citado Juanma en su discurso de investidura a Antonio Machado, García Lorca y Rafael Alberti.

—Ah, por eso me has llamado ¿lo quieres celebrar?

—Pues no te creas, a mí lo de Juanma me preocupa, porque, chica, ha prometido muchas cosas bonitas y a ver cómo las va a cumplir ahora. Como yo lo veo, se está mejor en la oposición. Ahí puedes criticar, cómodamente, lo mal que lo hacen los otros, eso siempre queda bien, pero si gobiernas todos los palos se te vienen encima…Por el momento, tiene el boicot de las mujeres feministas y hasta de los hombres feministas, que se supone que son todos de izquierdas, porque se han inventado ellos llamarse así para conseguir, bueno, lo que quieran. En fin, una tontería muy grande, porque, de corazón, ¿tú de verdad dirías que el coletas es feminista? ¿Y eso de que como es feminista lo hace mejor? Ya me entiendes…

—Pues…

—Si hay hombres feministas, no van por ahí diciéndolo, nena;  eso consiste sólo en portarse bien con las mujeres, no es de izquierdas ni de derechas, y los que lo hacen no se ponen ninguna etiqueta, les sale de natural. Mira, por ejemplo, Iñaki.

—¿Iñaki?

—Iñaki ha elegido ir a la cárcel de mujeres. Así, sin prejuicios ni nada, eso sí que es ser feminista, pero no presume de ello y cómo funcionar, funciona fantástico,  ya ves la pila de hijos que tiene.

—Le va bien allí ¿no?

—Divino. Cristina, al principio, estaba preocupada, imagínate, han sido las peores Navidades de su vida, pero ahora que sabe lo bien que lo tratan, está más tranquila. Oye, que en Nochebuena le pusieron de cenar langostinos, entremeses, cordero y, de postre, turrón y desayunó al día siguiente chocolate con churros. Y yo le dije; Cristina, guapa, si tu marido es capaz de cenar eso y luego a la mañana desayunar chocolate con churros tiene que tener un estómago de acero o estar de muy buen humor.

Claro, claro, Pitita, el problema es que todo eso pone en entredicho la honestidad. Semejante cena y desayuno no se lo pudieron permitir mucha gente honrada en tan señaladas fechas; igual, como mucho, se le quedó el asunto en unos macarrones con tomate y eso da que pensar. Por este camino, el honesto empezará a envidiar la fortuna del delincuente, que tiene un techo caldeado bajo el que cobijarse y una comida fetén y llegará a la conclusión de que su honestidad no sirve sino para pasar necesidades y, en lo mismo, los delincuentes, si están tan a gusto en la cárcel, no quieren salir y cuando lo hacen, sólo piensan en cometer otro delito para volver a ella. Por lo que cuentan, el asesino de Laura Luelmo, antes de que lo pusieran en libertad y cometer el crimen, dijo que no estaba capacitado para llevar una vida normal y que si lo echaban, volvería a cometer un delito para regresar. Y lo hizo.

Hace unos años escribí un relato «El vecino tranquilo», que se recoge en mi libro «Masculino Singular», donde se hablaba de un albañil, que después de dos años de paro, enloqueció y mató a su mujer y a su hija, yendo a parar a la cárcel, donde vivió tan buena experiencia que no quería ya salir de allí. Luego comprobé que lo que relaté no era nada exagerado, pues en un cuento de Ignacio Aldecoa, el Chejov español, hallé personajes marginales que en anteriores tiempos de carestía  transgredían la ley por encontrar cobijo y comida en prisión.

No es probable que, según dice el determinismo biológico,  el crimen sea una actividad a la que se entregue por natura canalla la pobre gente, pues si ésta tuviese trabajo, casa , comida y estufa, lo más probable es que observase la ley. En cambio, en cuanto a que los ricos cometan actos delictivos, no se puede explicar sino por un vicio perverso.

La solución, sin embargo, parece sencilla. Si ese dinero que sin necesidad roban potentados y poderosos  se invirtiese en crear empresas para ocupar a los pobres, el delito casi desaparecería de la faz de la tierra.

Cuando el mejor destino para una persona es la cárcel, hay que plantearse que algo se está haciendo mal. Muy mal.

3 thoughts on “El mejor hogar; la cárcel

  1. Habrá quién esté en la cárcel
    considerando, el tunante,
    que es manera sensata
    de liberación del alma,
    remedando de algún modo
    la Teoría de las Ideas
    con la sola diferencia
    que no te mueres del todo
    para tal magnificencia.
    De un tiempo a esta parte,
    si quieres ver igualdad
    sin la mera libertad
    bastará con adentrarse
    hasta ese patio serrano
    rememorando aquel tango
    con que lampaba el Piyayo:
    “Adiós patio de la cárcel
    rincón de la barbería
    que al que no tiene dinero
    lo afeitan con agua fría…”
    Hoy se afeitan por igual
    y se dan los buenos días;
    tras la ducha calentita,
    a formación profesional,
    las tres comidas diarias,
    paseo, charla ocasional…
    El patio peripatético,
    ágora y red viaria,
    ya desplaza la balanza
    hacia lo aristotélico…
    ya nadie se muestra esquivo
    ni muestra aversión alguna
    a este plan educativo
    sin cosecha de aceituna…

    • Vivo sin vivir en mí
      por hacerme prisionero
      como Iñaki Urdangarín,
      que a este mundo puñetero
      lo arruinaron los banqueros
      y por ellos me vendí
      a un producto financiero
      y hacienda y casa perdí,
      que me quedé sin dineros
      y en la calle me pusieron
      -no es asunto baladí-
      una mañana de enero…
      que hubo recorte en la empresa
      y como me despidieron,
      yo me puse a delinquir
      y dejé la vida honesta
      o ella me dejó a mí.
      Sin lugar a donde ir ,
      sin nicho donde morir
      por no pagar a Cerbero,
      no me queda que plañir,
      carcelero,
      no te tardes, que me muero…

      • Desde luego, desde luego
        muy mal tenemos que andar
        si debemos declamar
        por fuera de la prisión
        romance del prisionero
        que siempre fue desde dentro
        y una avecilla, al albor,
        mitigaba lo funesto…
        Son espaciosas las cárceles,
        de confines ilimitados,
        tantas como ciudadanos
        viven dentro de sus márgenes
        la realidad virtual,
        que choca con lo real,
        cuando te enfrentas al banco,
        a una agencia estatal…
        Y requieres la prisión
        que deviene lago mágico.

        (Son motivos más trágicos
        los de Manolo Caracol)

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