Dibujo de Alejandro Villén sobre la rendición de la ciudad al turismo sin control.

Más respeto para los vecinos del Centro

18 Abr

El caudal de dinero invertido por la UE para renovar el Centro de Málaga no ha cumplido su objetivo principal: aumentar el número de vecinos. Los pocos que quedan reclaman ahora medidas a los partidos.

Málaga ha tenido dos importantes éxodos, el primero, en los años 60 y 70, de los pueblos a la capital, y en nuestros días continúa, con un goteo imparable, el segundo gran éxodo: el de los vecinos del Centro a otros barrios de la ciudad, hartos de que el uso residencial previsto en el PGOU para el sitio el que viven esté tan condicionado por el parque temático del turismo.

El caso es que, los muchos millones de euros invertidos desde hace décadas por la Unión Europea en la peatonalización del Centro y en la recuperación de enclaves perdidos no han servido para el objetivo principal, que aunque muchos no lo sepan era aumentar la población del casco antiguo.

Los que han aumentado y de forma exponencial son los turistas y en los últimos tiempos, los usuarios de apartamentos turísticos, además de los bares y los restaurantes. Eso sí, en las últimas décadas hemos pasado de 20.000 a menos de 5.000 vecinos viviendo en el Centro Histórico.

Lo cuenta en un completo (y a ratos desgarrador) estudio, Pedro Marín Cots, responsable del Observatorio del Medio Ambiente Urbano en su último libro, Renovación urbana y turismo en la ciudad antigua, sobre lo que está ocurriendo en el casco antiguo de Málaga.

Coincide la publicación de esta obra, que tiene el acierto de proponer un buen número de soluciones, con el envío por la Asociación de Vecinos Centro Antiguo de un amplio cuestionario a los partidos políticos con vistas a las elecciones municipales.

Los ocho folios de cuestiones y planteamientos de los problemas podrían resumirse en una inquietante pregunta existencial:¿Importamos a alguien? Bastantes vecinos tienen la sensación de que importan bastante poco, pese a que, en principio, el casco antiguo de Málaga está, principalmente, para que en él vivan residentes fijos.

Por desgracia, en la práctica no es así en muchos rincones del Centro, por eso quieren hacerse notar, no vayamos a tener dentro de diez o veinte años una suerte de reserva sioux con un par de miles de vecinos y el resto, un parque temático de cartón piedra, vacío de vida y lleno hasta la bandera de terrazas, que recuerden a esa caricatura de ciudad en que se ha convertido Venecia.

En las manos de nuestros políticos está la clave: deben recordar que en el casco histórico viven vecinos y que, para empezar, simplemente hay que hacer cumplir la normativa sobre ocupación de vía pública, ruidos, accesibilidad y tratar de evitar que algunas calles sean desfiladeros para peatones entre grandes concentraciones de jaimas que ni siquiera permiten admirar las calles, los edificios ni las plazas.

El turismo y los negocios deben seguir en el Centro, por supuesto, pero además tiene que haber medidas valientes que se resuman en más respeto para los que viven en este barrio de Málaga o el éxodo continuará.

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