Calle Ferrería de Heredia y los corazones congelados

1 Ago

Este antiguo rincón de El Bulto prosigue en la inopia burocrática, ahora con riesgo de incendio en un aparcamiento, por los matojos que asoman a la calle Orfila.

La calle Ferrería de Heredia sería la ideal, por ejemplo, para pasear por ella a Vladimir Putin y a lo mejor se le quitaban las ganas de invadir países vecinos. La combinación de polvo, tierra y sol es la perfecta para derretir corazones de hielo.

Cosa distinta es conmover los de nuestros cargos públicos, algunos de ellos invadidos de cuajo burocrático y por tanto, al igual que el famoso escribiente Bartleby, ante este problema que padecen los vecinos prefieren no hacer nada; ni siquiera en periodo preelectoral, lo que ya dice mucho de su sangre horchatada.

Pero como el problema persiste y nadie hace nada, esta sección volvió a darse una vuelta por tan veterano descampado, que tiene detrás 30 años de abandono. En su suelo, a la espalda del Cottolengo, todavía se aprecian las huellas de las antiguas casas del Bulto, de las que sólo quedan ya en pie unas pocas.

En su día, el Ayuntamiento ya informó de que el descampado es una parcela privada que perteneció a una aristócrata ya fallecida, de la que no se han localizado herederos.
Situada por tanto en el limbo urbanístico, el Consistorio no lo asfalta porque las ordenanzas no indican que tenga que estarlo y tampoco lo valla, porque entonces los vecinos perderían el aparcamiento.

La solución intermedia es tenerlo hecho unos zorros y soportar, para quien viva cerca, de uno a dos incendios al año de vehículos abandonados.

Claro que contar con un aparcamiento tan maltrecho tiene sus riesgos. Los conoce bien Jorge, el encargado del parking desde hace unos ocho años, que trabaja para una asociación. Jorge hace lo que puede y en una demostración de civismo que va más allá de sus atribuciones laborales, se encarga de mantenerlo en la medida de lo posible en buen estado, lo que implica bregar con kilos diarios de basura de todo tipo (mientras ayer hablaba con el firmante, recogió una botella de agua de un litro y un desodorante de espray).

Lo que ya no puede es aminorar el riesgo de incendio porque tampoco es plan de ponerse a desbrozar matojos secos. Estos se encuentran pegados a los coches, junto a la acera de la calle Orfila.

Tanto Jorge como Lola Lozano, una vecina, mostraban ayer su preocupación por este nuevo plus de decadencia en un terrizo en la inopia burocrática.

Sensibilidad

En el futuro derribo del edificio de Eduardo Strachan en Hoyo de Esparteros para que quepa un hotel de desmesuradas proporciones no hay que pedir peras al olmo a la Gerencia de Urbanismo, que da de sí lo que da, sino, más bien, recordar que la operación será posible gracias a la sensibilidad histórico-artística demostrada por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. Ya saben, la que vela por el Patrimonio andaluz.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.