La esperanza de una pronta desinfección

21 Jun

La parcela de la trasera de los servicios operativos del Ayuntamiento y de la sede de la EMT es un catálogo de desechos e inmundicias; una tierra de nadie en la que lo más aséptico que localizas son unos neumáticos viejo.

Como saben, ¡Oh, vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza!, no es sólo el lema comercial de la actual Casa Blanca sino también la famosa frase de entrada al Infierno; al menos cuando lo frecuentaban los amigos y paisanos de Dante.

Tan conocido lema puede servir para otro rincón de nuestra ciudad en el que también se podría aplicar, como hace un par de crónicas, el símil del Paralelo 38 que separa el paraíso de los campos de trabajo (Corea del Norte) del infierno capitalista (Corea del Sur).

El lector con ganas de visitar esta zona, en la que la literatura y la geopolítica se dan la mano, sólo deberá plantar sus reales delante de la moderna estación de cercanías Victoria Kent, al lado de Nuevo San Andrés y El Duende.

Enfrente de este edificio de líneas modernas y claras, rodeado de jardincitos, una vez pasada la glorieta que une el bulevar dedicado a Adolfo Suárez con la calle Mahler comienzan las estridencias, de la mano de un depauperado terrizo por el que vagan las almas de los bípedos descarriados.

A esta conclusión se llega al contemplar el exceso de basura operativos del Ayuntamiento y la sede de la EMT. Junto a estas tapias municipales, escoltadas por altas hierbas, el pasado lunes un hombre se acercó y se agachó de forma súbita; permaneció en esa postura un largo tiempo hasta que emergió, probablemente más aliviado de sus pesares. Mejor no indagar más.

Al comienzo de la semana un hermoso cerro de escombros blancos funcionaba como hito de este espacio degradado y utilizado de aparcamiento, en el que las pocas hierbas que crecen llevan prendidas plásticos y papeles varios, soberbio ejemplo de lo que significa la palabra basuraleza.

La asociación de vecinos del Duende ya ha deplorado en más de una ocasión la situación de abandono de esta gran parcela, que si bien se encuentra limpia y con la hierba cortada en la zona más pegada a los servicios operativos -la que da de lleno a la calle Mahler-la parte que se asoma al bulevar y a la estación Victoria Kent- es la que no se recomienda que visite ninguna autoridad extranjera.

Porque por allí se topará el embajador plenipotenciario o el alcalde de ciudad japonesa, alemana o portuguesa con un amplio catálogo de desechos que incluye neumáticos viejos, carritos de la compra, muebles desarmados bastante peor que en Ikea, topes de plástico como los de las eternas obras del metro y por supuesto, colchones y prendas descoloridas de ignota procedencia.

El PGOU actual proyecta en esta parcela y en las sedes colindantes una avenida, viviendas y equipamientos.

Mientras todo esto llega el terrizo dantesco se cuece en su propia salsa. ¿Abandonamos toda esperanza de desinfección?