La algarabía del grafiti de la barriada Ruiz de Alda

17 May

La barriada Ruiz de Alda es una de las más castigadas por el grafiti asilvestrado que se adentra como un huracán por algunas de sus calles.

Hace 12 años, en la primavera de 2004, el firmante recogía las preocupaciones de los vecinos de la barriada de Ruiz de Alda, levantada en 1955 en la Carretera de Cádiz, muy cerca de la gasolinera de Alaska y los famosos terrenos de Repsol. Entonces, una de las quejas más extendidas era el preocupante número de pintadas que asolaban las calles, y eso que la Junta de Andalucía había rehabilitado las viviendas pocos años antes, en 1999.

Cuando la barriada ha superado ya la sexta década de vida las pintadas siguen siendo uno de los problemas más acuciantes, hasta el punto de que muchas de las paredes antes impolutas parecen homenajear el mural de Pollock que estos días puede verse en el Museo Picasso, con la diferencia de que detrás de ellas no hay genios incomprendidos sino cabestros del «contri peor mejor».Lo triste es que esta sección ha ido denunciado en los últimos años esta situación de emporcamiento intenso y las quejas se han volatilizado en el aire.

Haría bien el Ayuntamiento en poner en marcha cualquier iniciativa del programa Málaga cómo te quiero para convertir esta ensalada de pintarrajeos en murales artísticos, por si la iniciativa frenara a los que entienden el arte como una burricie perpetua.

Otra iniciativa igualmente aplaudible por los vecinos y amantes de las paredes impolutas sería aplicar una manita de cal hasta el próximo chaparrón de cabestros, porque pocas paredes hay tan mancilladas y sucias como las de este barrio entre la barriada de Girón y 25 años de Paz.

Y resulta una paradoja que uno de los frontales más sucios sea una hilera de casas mata en la calle dedicada a Federico García Lorca. El poeta de Fuente Vaqueros difícilmente puede considerarse homenajeado por el callejero de Málaga si luce esta pesadilla cromática adobada con inscripciones mucho menos ingeniosas que las muescas en la piedra de un neandertal.

El chorro de pintadas, como una epidemia al pie de la calle, se cuela por el blanco de las paredes de Ruiz de Alda e invade algunas de sus vías, que exhiben una indigesta sopa de letras, una algarabía de grafitis a mayor gloria de la memez.

Todo quedaría en un huero desperdicio de neuronas si no fuera porque una de las pintadas, un churrigueresco falo, adorna la fachada de la Federación Provincial de Asociaciones de Mujeres Ágora, en la calle dedicada a Lorca. Y la verdad, no estaría nada mal eliminarla cuanto antes.

Por lo demás, el comienzo de las calles dedicadas a Lucía van Dulken y Alfonso Peña Beeuf, ya que mencionamos a Lorca, son un poema, un gazpacho con tintes ególatras en el que un conjunto de personajes ha plasmado sus nombres y apodos con resultados letales para cualquier currículum.

El Museo Ruso queda muy cerca de este peculiar núcleo pictórico aunque si hablamos de calidad, la antigua Tabacalera se encuentra a miles de años luz de este entorno degradado.

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