Medida higiénica para el Málaga Valley

29 Oct

El Ayuntamiento destierra este año la escalera galdosiana para la foto de familia y decide airear a los emprendedores para tener a raya a los gérmenes. Felicidades.

Durante buena parte del XIX, expertos malagueños se devanaron los sesos para conseguir un urbanismo que se fuera despidiendo de las callejuelas árabes y trajera avenidas amplias y sobre todo rectas, en comunicación directa con el mar. De este modo, se trataba de frenar las epidemias que, sobre todo en el arranque del siglo de Isabel II, se había llevado por delante tantas vidas.

Las miasmas, parapetadas en un laberinto de casas muchas de ellas sin ventilación, cumplían su función mortífera con una facilidad pasmosa.

Más de una vez muchos malagueños se preguntan cómo es que esta ciudad no fue capaz de sacar adelante, ella solita, su papel de potencia industrial y tuvieron que venir de fuera, desde La Rioja hasta Nueva Inglaterra, para levantar fábricas y crear riqueza. Puede haber varias explicaciones, pero la verdad es que más de una vez esta ciudad estuvo al pique de un repique por epidemias furibundas que de ninguna manera fomentaban el emprendimiento.

Esta reflexión viene al hilo del encuentro anual del Málaga Valley, del que siempre nos ocupamos en esta crónica desde un aspecto puramente antropológico, con la fascinación de quien contempla un grupo humano enchaquetado y en completo estado de revista. Desde ese punto de vista, la cita tecnológica en la que más palabras se sueltan en inglés, las entienda o no el receptor, ha dado muchos bandazos.

El problema mayor era cómo simbolizar este encuentro puntero que nos arrima un poco más a esos garajes norteamericanos en los que nacieron las empresas tecnológicas que hoy dominan el mundo y en suma, al origen del éxito en el siglo XXI. Porque en un entorno en el que ya nadie llama empresario a quien tiene una empresa (emprendedor suena menos explotador, más beatífico) es muy importante ofrecer una imagen moderna y actualizada, por eso la foto de familia en la escalera galdosiana del Ayuntamiento, la interior, era como si Steve Jobs, que en gloria esté, impartiera un máster en el Corral de la Pacheca.

Recuerden las apreturas, los leones del arranque de la escalinata, la vidriera del fondo, esos cuerpos en busca de su espacio vital como si viajaran en el autobús de la Feria. Este año, como en alguna otra añorada edición, el Consistorio decidió en un ataque de cordura airear el emprendimiento tecnológico y sacarlo fuera, pese a que hizo un día revuelto –mayor mérito tiene–.

A los integrantes del Málaga Valley se les vio así más sueltos y oxigenados en la foto de familia. Parecían felices, más gordos y sanos mientras absorbían sin apreturas grandes bocanadas de aire.

Yo no sé por qué el Consistorio no los airea todos los años. Con la de miasmas del XIX que aguardan un descuido de las autoridades para volver a las andadas. Hasta en la startups más puntera hay ácaros.

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