Me duele la cabeza

21 Nov

Los periodistas deberíamos llevar un termostato para cuando desprendemos demasiado calor en los debates

Tengo la impresión de que, entre tantas novedades tecnológicas debería presentarse ya un ‘periodista Siglo XXI – década 3ª’ dotado de una especie de termostato. El artilugio nos avisaría cuando superamos dos límites: el de excesivas bondades de las propuestas que defendemos y el de exceso de críticas a las propuestas ajenas. (más…)

Cuento de Navidad

31 Oct

Programa catalán sin intervalos hasta enero de 2018. Incluye un cuento de Navidad o uno de pitufos

Para los que seguimos estando aburridos nos han preparado un programa con Cataluña de desayuno, almuerzo, merienda, cena y un postre y un gran puro estilo Rajoy, día tras día hasta finales de enero del 18. (más…)

Magia: 155 en vez de 135

23 Oct

A fuerza de hacer saltar los números nos meten el 155 para hacernos olvidar el 135. O lo que es lo mismo: Cataluña para hacernos olvidar del sometimiento a la Unión Europea.

Si la cuestión de Cataluña fuera un huracán al estilo Caribe, como algunos lo presentan, y no una llovizna persistente, como es, no daría tiempo a marcar el paso con el pelotón. Pero sí que lo vamos marcando aunque no siempre llevando bien el ritmo. Por ejemplo, cuando se consideró el momento propicio una bandada de colegas, incluyendo editorialistas (siempre han sido la voz de las empresas y siguen siéndolo, aunque con diseños más modernos) se deslizó con gracia propia de una ‘exclusiva’ sobre un cieno desparramado que sirvió como pista de aterrizaje de la repetida consigna. Parece que ahora estamos en otro momento porque se ha cambiado en parte el discurso, sobre todo el estribillo. Ni siquiera se mantiene el final con ese estrambote agotador: hay que parar el ‘golpe de Estado’.

Estoy seguro de que más de uno, en nuestro propio gremio, se habrá preguntado cuál era el famoso golpe. Esa cantinela seguramente resultó demasiado porque la suprimieron muchos de los integrantes del coro peiodístico. Algunos lo habían engalanado con comparaciones con el 23-F. !ahí es ná! Un avance de proclamas en vez de un desfile de metralletas. Un feroz Puigdemont casi de circo. Un señor muy grande -de circunferencia- llamado Junqueras. Un cinco por ciento de ciudadanos presentados como vanguardia agresiva. Y poco más. Ese conglomerado equivalía a Tejero dando tiros y a tanques de Miláns del Bosch en la calle, con el Rey por momentos vacilante. En fin: ni tuvo ni tiene color. Una reivindicación, incluso separatista pero pacífica, es eso, que existe y está clasificado y estudiado como fenómeno político, social y económico.

¿De dónde salió entonces lo de golpe de Estado? De las fábricas de esloganes, lemas, banderas, birretes, banderines, etc. Todo lo que no puede faltar en una manifestación o en una ‘contramanifestación, incluso las de categoría B, con 30 o 50 contertulios (llamarlos manifestantes es incluso una exageración).

O sea, que llamar a esto ‘golpe de estado’ es un recurso dialéctico. ¿Para qué? Simplemente para darle un nivel que justifique desenterrar la Constitución, sacudir el polvo al articulo 155 y tapar el recuerdo del 135, que ese sí, fue un manejo ilegal torciendo las normas que la propia Constitución fija para reformarla y poniendo por delante una deuda exterior que cualquier necesidad de España. Si se creara una república catalana y en ella se adoptara una norma así, en detrimento del pueblo catalán, se la consideraría un ataque directo contra ese pueblo y en España se ha hecho en complicidad entre PP y PSOE, complicidad que quedó después en entredicho pero que hoy (también en base al conflicto con Cataluña) vuelve a ponerse de manifiesto.

Quizás el protagonismo del articulo 155 viene a contribuir sobre todo al135, verdadera lápida para nuestra precaria democracia, a la que quieren vestir cada dia con nuevos adornos pero que está en trance de hundimiento. La exhibición del trío (la ‘brigada de auxilio europeo’) convocado por el rey Felipe VI, no lo olvidemos, es un plantel de altos burócratas de dudoso curriculum.

(no se olvide la vinculacion de Juncker con el paraíso fiscal de Andorra). En fin, vaya lo uno por lo otro: un 155 trampeado que trata de hace olvidar al 135, más tramposo todavía.

Dicho esto, es importante para mi, personalmente, acotar que considero una verdadera tontería (peor que un crimen: un error, que diría, Clemenceau) separar a Cataluña de España. Ya se ha visto que torpeza es, en estos tiempo, el separatismo al estilo vasco y ellos si parecen haber aprendido la lección.

Negociar… o quizás negociar

17 Oct

Se habla de negociar mientras se afilan los ‘cuchillos’ de la represión. Y sin embargo no queda otra salida que negociar, por más que solo decirlo ya resulte aburrido

Como persona siempre vinculada al mundo de la política pero nunca político, me resulta extraño declarar que estoy aburrido de un tema porque habitualmente todas las cuestiones políticas me interesan. Se trata, como adivinarán, de las cuestión de la independencia de Cataluña, Me he llegado a aburrir a fuerza de declarar la independencia sin declararla, de hacer referendums sin urnas ni censos, de la uniformidad con que se trata el tema tanto de un lado como del otro…. Y ahí es donde aparecemos particularmente involucrados los periodistas.

Quizás incluso pueda pensarse que alrededor de todos esto lo más importante no es la independencia si o la independencia no, sino esa misma uniformidad. Como aquel cateto al que un guardia de fronteras veía pasar todos los días con una carretilla vacía y se la hacía dar vuelta y hasta quitar y poner las patas en angustiosa búsqueda del contrabando, porque estaba seguro de que el cateto pasaba contrabando por delante de sus narices; finalmente, pactó con el de la carretilla que no le molestaría para nada ni le impediría seguir con su tráfico fronterizo con tal de que le dijera, de verdad, lo que estaba contrabandeando. El hombre respondió la verdad: carretillas.

En este caso lo que se está contrabandeando es pura y simplemente la verdad. Cada bando se va envolviendo en sus propias mentiras y ya es tarde para zafarse de ellas. Podrá decirse que independencia si, independencia no, son algo muy concreto: se consigue o no se consigue. Pero no es exactamente así. De esto que está ocurriendo no sale una conclusión clara y definitiva. Todos la quieren (independencia si, independencia no) pero nadie la consigue porque cada uno vive atrincherado en sus medias verdades y necesita de ellas. El ‘president’ es rehén de sus apoyos y Rajoy vive haciendo equilibrios, arrinconado por sus propios votantes y por sus opositores que ven la que quizás por ahora sea la única brecha para intentar desalojarlo.

Los independentistas se basan en algo absolutamente irreal: que van a independizarse mediante una negociación razonable. España no puede permitirse que Cataluña se desgaje. Así de sencillo. De aceptar la segregación España perdería considerable parte de su peso en Europa y su ya débil influencia caería en picado.

Por otra parte, el gobierno y los llamados españolistas no pueden aspirar a contener la agitación independentista sin renegar de la democracia puesto que en Cataluña una mitad de los ciudadanos desea la independencia, de modo que superarlo supone vencerlos en buena lid democrática. Hay que tomar en cuenta que cuando se produce una división tan tajante en una sociedad que queda prácticamente escindida en dos mitades ya no tiene mucho sentido contar votos. Hay que buscar una fórmula de convivencia que debe apoyarse en un reparto de poder.

Nada de esto se ha hecho hasta ahora. Vale decir que las propuestas de debate solo han sido ‘para la galería’.

Estando los ánimos tan enconados parece tarde para sentarse a negociar. Y sin embargo sigue siendo la única alternativa realista.

Existiendo un único camino y una cerrada negativa a emprenderlo es cuando empiezan las repeticiones y se desemboca en el aburrimiento. O, lo que es mucho peor, en las actitudes maximalistas que muy rápidamente desembocan en ‘pedir sangre’, mertafóricamente… pero a veces no solo metafóricamente. Se cae en el “que se vayan’ o en el ‘no son españoles’, o bien en el ‘fascistas’ o neofranquistas que , en la simplificación tipo red social, se confunde muy pronto; muchísima gente cree sinceramente que ambos términos significan lo mismo. Es una técnica que anula cualquier polémica; al modo de las simplificaciones matemáticas, derecha igual PP,igual neofranquismo,igual fascismo, etc; y del otro lado, república igual comunismo o anarquismo, igual Podemos o socialistas, igual ateísmo, etc.

Tales simplificaciones ayudan mucho a quienes creen analizar la realidad cuando solo la están disolviendo para no verla.

Así se llega al aburrimiento y por el mismo camino, felizmente muuuuuuuucho más lejos, a la Guerra Civil.