Me duele la cabeza

21 Nov

Los periodistas deberíamos llevar un termostato para cuando desprendemos demasiado calor en los debates

Tengo la impresión de que, entre tantas novedades tecnológicas debería presentarse ya un ‘periodista Siglo XXI – década 3ª’ dotado de una especie de termostato. El artilugio nos avisaría cuando superamos dos límites: el de excesivas bondades de las propuestas que defendemos y el de exceso de críticas a las propuestas ajenas. (más…)

El mismo patrón para todos

13 Nov

La deriva que ha tomado el periodismo nos lleva a una sociedad que impone en todos lados el mismo ‘patrón’

El periodismo ha devenido en un oficio con dos funciones que parecen darle una nueva forma y precisar más sus derroteros como actividad social. Los ‘grandes’ (léase los asociados directamente al poder) se dedican más que nada a crear revistas y todos, en general, a hacer reverencias al mundo del dinero, como lo han hecho casi siempre pero con más intensidad y probando todos los modos de la seducción. La actividad principal es esta, junto a otra que parece totalmente distinta y sin embargo puede resultar la más importante… una y otra son complementarias en realidad.

Como siempre, todo se ‘ve’ mejor si bajamos de lo abstracto a lo concreto. Uno de los periódicos líderes no deja de editar nuevas publicaciones dedicadas a la ‘buena’ mesa, la moda, la riqueza (en todas sus formas), los coches de alta gama (también los ‘medianos’ venidos a más), las joyas, los relojes ‘’enjoyecidos’, etc, etc. Cada uno de esos ‘ítems’ tiene variados compartimientos.

Para los que tenemos el hábito de la pobreza (no la extrema, que es la real y verdaderamente temible, claro) ver desfilar 4 o 5 páginas enteras, cada una con propaganda de un reloj distinto, resulta asombroso… ¿Cómo un simple reloj, después de abaratarse hasta valer unos pocos euros, se ha revalorizado hasta cientos de euros en un santiamén?

Hay otros misterios similares. ¿Cómo un actor/actriz de prestigio o un deportista consagrado pueden degradarse hasta anunciar una marca de ropa en medio de una entrevista que supuestamente obedece a sus méritos profesionales?

Cuando se leen polémicas sobre la supervivencia de la sociedad capitalista me da la sensación de que no son las masas las que no han ‘entendido’ el proceso, sino los expertos, los que dan cátedra… siempre atentos a los esquemas teóricos y alejados de los hechos cotidianos. La sociedad capitalista es nuestro modo de vida y nunca ha dejado de serlo, ni siquiera en plena revolución rusa o en la China de Mao. Todos eran ‘preparativos’, procesos adaptativos, movimientos históricos de acomodación a una nueva realidad que nunca llegó.

Ahora vivimos cómo las ‘masas’ (a las que pertenecemos incluso los que creemos ser ‘elites’) se adaptan a las formas que el capitalismo les impone. Están previstos incluso los escapes de tensión, como lo son estas mismas líneas o un artículo publicado en estos días sobre Primark, que se ha ganado un lugar en las guías turísticas, al punto que el periodista concluye que Madrid no tiene un Primark sino que Primark es la que tiene «un Madrid».

Visto desde otro ángulo: el capitalismo no está en trance de desaparición sino que se expande dentro de nuestra sociedad metiéndose en las mismas tripas.

En algunos sitios ha penetrado más rápida y en otros más ampliamente pero en ningún lugar aparece ‘en retirada’.

La cobertura de este crecimiento avasallante es hábil: se presenta casi siempre como una cuestión ‘cultural’ o bien deportiva. De ahí que las modas nazcan a veces junto al deporte de elite y las fiestas de ‘sociedad’, que parecían cuestión del pasado, han reverdecido.

Ahora quien no se apunta a un torneo deportivo o no lo sigue con sumo interés es un ‘retrógrado’ o simplemente una persona de otra generación, que no puede entender los ‘nuevos tiempos’. Después de todo las nuevas tecnologías no están al alcance de todos y quienes las dominan disponen de cierta ventaja.

El periodista Rubén Amón ha recordado en estos días que para Humberto Eco el «sueño del capitalismo perverso es el de personas consumiendo y controlados a la vez». Quizás el punto está en que no es un sueño perverso sino simplemente un sueño del capitalismo. Hace ya tiempo decíamos que el capitalismo salvaje es el único que hay. Y es probable que tampoco haya otro que éste, perverso.

Dice Amón: «no hay mayor arrogancia que creerse uno ajeno e inmune» a este funcionamiento que es el patrón que rige toda la sociedad.

Cuento de Navidad

31 Oct

Programa catalán sin intervalos hasta enero de 2018. Incluye un cuento de Navidad o uno de pitufos

Para los que seguimos estando aburridos nos han preparado un programa con Cataluña de desayuno, almuerzo, merienda, cena y un postre y un gran puro estilo Rajoy, día tras día hasta finales de enero del 18. (más…)

Magia: 155 en vez de 135

23 Oct

A fuerza de hacer saltar los números nos meten el 155 para hacernos olvidar el 135. O lo que es lo mismo: Cataluña para hacernos olvidar del sometimiento a la Unión Europea.

Si la cuestión de Cataluña fuera un huracán al estilo Caribe, como algunos lo presentan, y no una llovizna persistente, como es, no daría tiempo a marcar el paso con el pelotón. Pero sí que lo vamos marcando aunque no siempre llevando bien el ritmo. Por ejemplo, cuando se consideró el momento propicio una bandada de colegas, incluyendo editorialistas (siempre han sido la voz de las empresas y siguen siéndolo, aunque con diseños más modernos) se deslizó con gracia propia de una ‘exclusiva’ sobre un cieno desparramado que sirvió como pista de aterrizaje de la repetida consigna. Parece que ahora estamos en otro momento porque se ha cambiado en parte el discurso, sobre todo el estribillo. Ni siquiera se mantiene el final con ese estrambote agotador: hay que parar el ‘golpe de Estado’.

Estoy seguro de que más de uno, en nuestro propio gremio, se habrá preguntado cuál era el famoso golpe. Esa cantinela seguramente resultó demasiado porque la suprimieron muchos de los integrantes del coro peiodístico. Algunos lo habían engalanado con comparaciones con el 23-F. !ahí es ná! Un avance de proclamas en vez de un desfile de metralletas. Un feroz Puigdemont casi de circo. Un señor muy grande -de circunferencia- llamado Junqueras. Un cinco por ciento de ciudadanos presentados como vanguardia agresiva. Y poco más. Ese conglomerado equivalía a Tejero dando tiros y a tanques de Miláns del Bosch en la calle, con el Rey por momentos vacilante. En fin: ni tuvo ni tiene color. Una reivindicación, incluso separatista pero pacífica, es eso, que existe y está clasificado y estudiado como fenómeno político, social y económico.

¿De dónde salió entonces lo de golpe de Estado? De las fábricas de esloganes, lemas, banderas, birretes, banderines, etc. Todo lo que no puede faltar en una manifestación o en una ‘contramanifestación, incluso las de categoría B, con 30 o 50 contertulios (llamarlos manifestantes es incluso una exageración).

O sea, que llamar a esto ‘golpe de estado’ es un recurso dialéctico. ¿Para qué? Simplemente para darle un nivel que justifique desenterrar la Constitución, sacudir el polvo al articulo 155 y tapar el recuerdo del 135, que ese sí, fue un manejo ilegal torciendo las normas que la propia Constitución fija para reformarla y poniendo por delante una deuda exterior que cualquier necesidad de España. Si se creara una república catalana y en ella se adoptara una norma así, en detrimento del pueblo catalán, se la consideraría un ataque directo contra ese pueblo y en España se ha hecho en complicidad entre PP y PSOE, complicidad que quedó después en entredicho pero que hoy (también en base al conflicto con Cataluña) vuelve a ponerse de manifiesto.

Quizás el protagonismo del articulo 155 viene a contribuir sobre todo al135, verdadera lápida para nuestra precaria democracia, a la que quieren vestir cada dia con nuevos adornos pero que está en trance de hundimiento. La exhibición del trío (la ‘brigada de auxilio europeo’) convocado por el rey Felipe VI, no lo olvidemos, es un plantel de altos burócratas de dudoso curriculum.

(no se olvide la vinculacion de Juncker con el paraíso fiscal de Andorra). En fin, vaya lo uno por lo otro: un 155 trampeado que trata de hace olvidar al 135, más tramposo todavía.

Dicho esto, es importante para mi, personalmente, acotar que considero una verdadera tontería (peor que un crimen: un error, que diría, Clemenceau) separar a Cataluña de España. Ya se ha visto que torpeza es, en estos tiempo, el separatismo al estilo vasco y ellos si parecen haber aprendido la lección.