El boom literario (II)

31 Mar

Los avatares de la llamada ‘novela explosiva’, que, efectivamente, estalla en las manos del lector cuando este llega a la página 52, se han convertido en la que quizás pueda considerarse como la primera noticia literaria global, ya que su repercusión no solamente ha llegado a los países más primitivos (como Cabo Verde, Vaniatu, Israel o Bangla Desh) sino que también es motivo de comentario en vastos sectores sociales de medios rurales en los que es ampliamente mayoritario el analfabetismo.

Los directivos de la Unesco (organización de las Naciones Unidas para la difusión de la cultura) han elogiado la enorme difusión lograda por este estallido literario, aunque, naturalmente, lamentando la muerte del anónimo lector y limitando estrictamente su entusiasmo al hecho de que una cuestión así supere barreras culturales y otorgue a una noticia literaria la misma o mayor difusión que la de las mayores novedades deportivas.

Esta buena disposición hallada en la Unesco y en otras entidades vinculadas al mundo de la cultura contrasta con la actitud de la mayoría de los críticos literarios, que están en paradero desconocido, haciendo llegar a través de terceros sus negativas a tratar este tema. El crítico literario norteamericano Haroldo Boom, que pudo ser localizado, tampoco quiso opinar por ahora: “Ya tengo bastante con mi apellido como para ocuparme también de libros explosivos”, dijo.

En España, unos de los escritores y críticos más representativo de las nuevas corrientes, Enrique Matavillas, aseguró que quería tomar “toda clase de precauciones” antes de abrir juicio sobre esta novedad editorial. “Un final tan abrupto –explicó- no tiene porqué suponer un valor añadido. Es cierto que los críticos habitualmente vamos por delante pero en este caso quizás lo más prudente es esperar a que sean los lectores los que vayan por delante”.

Un portavoz de la editorial quiso subrayar el éxito de la operación de marketing que han diseñado, siguiendo, por supuesto, los deseos del propio escritor. Llama poderosamente la atención –indicó el representante de los editores- que una situación tan dramática como la que ha dado popularidad al libro (cuyo título ha quedado eclipsado por el publicitario apodo de ‘la novela explosiva’) sea, sin embargo, el origen de una curiosidad tan inmensa que tengamos listas de miles de interesados en comprar y leer el libro, aunque la mayoría de ellos ha preguntado por la posibilidad de reintegrar el ejemplar a la editorial una vez que lo hayan (casi) finalizado.

Al señalársele a este portavoz que se habían divulgado informaciones asegurando que no se había podido conseguir un nuevo lector, tras el primero y único que el libro tuvo hasta ahora –‘lector y mártir’, le llaman los editores con respeto casi religioso- desmintió rotundamente esa versión: “Hay muchísimos voluntarios, al menos en teoría; sólo que nosotros no queremos iniciar la confección y distribución de nuevos ejemplares hasta tanto hayamos podido asegurarnos de las posibles responsabilidades penales”.

En la empresa editorial nadie ha querido confirmar alguna de las dos versiones antitéticas que están circulando: una oficial e inicialmente tomada como rigurosa, que asegura que el explosivo utilizado en el libro es Goma 2, y otra que afirma, al parecer con pruebas fehacientes, que se trata de Tytadine. En cualquier caso, ante la posibilidad de que proliferen los libros con ‘carga explosiva real’ –como les llaman- se vuelve a plantear el problema de siempre: las grandes casas editoriales están en condiciones de utilizar los explosivos más modernos, y de comprar cantidades importantes a precios más bajos, en tanto que los editores de pequeña envergadura tendrían que emplear explosivos de tipo casero. “Si los explosivos fallan o provocan daños ridículos –ha dicho el responsable de una editorial modesta- eso no contribuirá al prestigio de nuestro sello en este nuevo y prometedor sector de los libros detonantes”.

¡Ahí viene la ONU!

30 Mar

Hasta no hace mucho se hablaba de los organismos internacionales como una garantía de que algo estaba bien hecho o al menos cumplía con unos requisitos mínimos de legitimidad. Incluso con la espantosas guerras imperiales del siglo XXI (Irak y Afganistán ampliada a Pakistán), protagonizadas por Estados Unidos, invadiendo y bombardeando a países pobrísimos con excusas aún más pobres, todavía se acostumbra invocar a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como si eso diera a tales masacres algún viso de ‘legalidad’.

No está de más recordar una y otra vez que no existe ninguna ‘legalidad internacional’, trasunto del igualmente inexistente ‘derecho internacional’. (Alguna vez festejó la broma Rodríguez Carrión, fallecido profesor de nuestra Universidad de Málaga, gran especialista en esa materia, cuando se le preguntaba –como chiste, pero con un trasfondo demasiado serio- cómo podía ser experto en algo que no existía). Uno de los juegos más frecuentes de nuestros políticos es hablar respetuosamente de principios que nadie respeta. La designación del nuevo secretario general de la ONU, el coreano Ban-Ki-Moon vino a demostrar que ya no puede formarse, ni siquiera fugazmente, un frente de países que pueda oponerse a los tejemanejes norteamericanos. Históricamente, la asamblea de la ONU no tiene poder real (el poder está en el antidemocrático Consejo de Seguridad, reino del derecho de veto) pero allí al menos eran mayoría –y abrumadora- los países dominados, y nos los dominantes, lo que les permitía unas pequeñas alegrías, como lo era, por ejemplo, perturbar a veces las intenciones de consenso de Washington, como cuando era el momento de designar al secretario general. Pero en esta ocasión no fue posible, por la ausencia  de una estrategia común: Venezuela o Brasil tiran en una dirección, Irán o Libia van por otra, Rusia y China, cada uno por la suya… y así sucesivamente. El resultado fue el nombramiento de un coreano que sigue a pie juntillas los deseos norteamericanos. La actuación de la ONU es hoy tan poco transparente que no se sabe siquiera cuantas de sus supuestas misiones ‘de paz’ están ejecutándose en este momento.

Esto trae a la memoria el trágico traspié de 1950, que tanto desacreditó a la ONU: la ausencia de la URSS del Consejo de Seguridad propició que las tropas norteamericanas acudieran a luchar en la Guerra de Corea con la bandera de las Naciones Unidas. La utilización de los organismos internacionales para encubrir a los grandes intereses del poder mundial está llegando a un extremo nunca visto desde aquel sonado caso de 1950, que viene a tener hoy una continuidad simbólica en el papel que está jugando un coreano al frente del organismo. La crisis económica ha puesto en evidencia el descarado uso que los países poderosos han hecho –y siguen haciendo- del Banco Mundial y del FMI, algo sabido o sospechado por todos. Pero resultó más novedoso que la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) tenga que ser investigada bajo la fundada sospecha de que sus alarmas frente a la gripe A fueron un ‘favor’ que hizo a varias multinacionales de medicamentos. A mediados del presente mes una conferencia sobre biotecnología, celebrada en México y auspiciada por la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), organizó un debate en el que ni siquiera se discutía el papel de otras grandes multinacionales: las que propician los cultivos transgénicos y crean monopolios sobre las ‘nuevas’ semillas que están hundiendo a la agricultura tradicional. Ya va siendo hora de que la cercanía de los grandes organismos internacionales –‘socios’ de las multinacionales- nos lleve a tentarnos la cartera… y a desconfiar de todo: desde un préstamo a una vacuna, pasando por un pesticida.

El Papa bajo arresto domiciliario

30 Mar

El Papa Benedicto XVI. REUTERS

Tras la condena por encubrimiento en los numeroso casos de pederastia del clero de varios países, el jefe de la iglesia católica ha sido juzgado por el Tribunal Internacional de Derechos Humanos y condenado a la pena de diez años de reclusión por los delitos de encubrimiento y denegación de auxilio, aunque, debido a su avanzada edad, cumplirá la condena en su domicilio habitual del palacio del Vaticano.

Un gran revuelo se ha levantado en todo el mundo, ya que es el primer mandatario de la secta más antigua del orbe que es juzgado y condenado, aunque muchos predecesores suyos delinquieron, incluso con delitos más evidentes.

Desde que el juez Garzón comenzó a instruir el sumario a petición de los miles de afectados y de organizaciones defensoras de los derechos humanos, y a pesar de la fuerte oposición de sectores ultraconservadores por todos conocidos, la gravedad de las acusaciones y la evidente fuerza de las pruebas y testimonios aportados, hicieron que el caso llegara al tribunal Internacional de La Haya, donde, recogiendo la totalidad del sumario instruido por Baltasar Garzón, ha tenido lugar el juicio, seguido son sumo intererés por el mundo entero, y que ha desembocado en la condena de diez años de reclusión.

El cardenal primado de España, arzobispo Rouco Varela, acompañado de la casi totalidad del episcopado español, han emprendido vuelo a Roma para acompañar y confortar al Papa. En el aeropuerto de Barajas nuestro reportero más dicharachero oyó frases como “Ha sido una interpretación laxa de la cita evangélica Dejad que los niños se acerquen a mí que algunos miembros del clero han tomado con celo excesivo”.

Por otra parte, organismo internacionales como Naciones Unidas, UNICEF, etc., han declarado: “Qué lástima no poder expulsarlos, pero esta gente no pertenece a ninguna organización”.

Apo Kripho

¡Que viene la ONU!

30 Mar

Hasta no hace mucho se hablaba de los organismos internacionales como una garantía de que algo estaba bien hecho o al menos cumplía con unos requisitos mínimos de legitimidad. Incluso con la espantosas guerras imperiales del siglo XXI (Irak y Afganistán ampliada a Pakistán), protagonizadas por Estados Unidos, invadiendo y bombardeando a países pobrísimos con excusas aún más pobres, todavía se acostumbra invocar a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como si eso diera a tales masacres algún viso de ‘legalidad’.

No está de más recordar una y otra vez que no existe ninguna ‘legalidad internacional’, trasunto del igualmente inexistente ‘derecho internacional’. (Alguna vez festejó la broma Rodríguez Carrión, fallecido profesor de nuestra Universidad de Málaga, gran especialista en esa materia, cuando se le preguntaba –como chiste, pero con un trasfondo demasiado serio- cómo podía ser experto en algo que no existía). Uno de los juegos más frecuentes de nuestros políticos es hablar respetuosamente de principios que nadie respeta. La designación del nuevo secretario general de la ONU, el coreano Ban-Ki-Moon vino a demostrar que ya no puede formarse, ni siquiera fugazmente, un frente de países que pueda oponerse a los tejemanejes norteamericanos. Históricamente, la asamblea de la ONU no tiene poder real (el poder está en el antidemocrático Consejo de Seguridad, reino del derecho de veto) pero allí al menos eran mayoría –y abrumadora- los países dominados, y nos los dominantes, lo que les permitía unas pequeñas alegrías, como lo era, por ejemplo, perturbar a veces las intenciones de consenso de Washington, como cuando era el momento de designar al secretario general. Pero en esta ocasión no fue posible, por la ausencia  de una estrategia común: Venezuela o Brasil tiran en una dirección, Irán o Libia van por otra, Rusia y China, cada uno por la suya… y así sucesivamente. El resultado fue el nombramiento de un coreano que sigue a pie juntillas los deseos norteamericanos. La actuación de la ONU es hoy tan poco transparente que no se sabe siquiera cuantas de sus supuestas misiones ‘de paz’ están ejecutándose en este momento.

Esto trae a la memoria el trágico traspié de 1950, que tanto desacreditó a la ONU: la ausencia de la URSS del Consejo de Seguridad propició que las tropas norteamericanas acudieran a luchar en la Guerra de Corea con la bandera de las Naciones Unidas. La utilización de los organismos internacionales para encubrir a los grandes intereses del poder mundial está llegando a un extremo nunca visto desde aquel sonado caso de 1950, que viene a tener hoy una continuidad simbólica en el papel que está jugando un coreano al frente del organismo. La crisis económica ha puesto en evidencia el descarado uso que los países poderosos han hecho –y siguen haciendo- del Banco Mundial y del FMI, algo sabido o sospechado por todos. Pero resultó más novedoso que la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) tenga que ser investigada bajo la fundada sospecha de que sus alarmas frente a la gripe A fueron un ‘favor’ que hizo a varias multinacionales de medicamentos. A mediados del presente mes una conferencia sobre biotecnología, celebrada en México y auspiciada por la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), organizó un debate en el que ni siquiera se discutía el papel de otras grandes multinacionales: las que propician los cultivos transgénicos y crean monopolios sobre las ‘nuevas’ semillas que están hundiendo a la agricultura tradicional. Ya va siendo hora de que la cercanía de los grandes organismos internacionales –‘socios’ de las multinacionales- nos lleve a tentarnos la cartera… y a desconfiar de todo: desde un préstamo a una vacuna, pasando por un pesticida.

Más ERE’s

28 Mar

Queja formal, con toque de furia, contra los adoradores de las estadísticas. Vemos con estupor que la misma técnica que utilizan las empresas para quejarse de que sus beneficios han mermado (siguen ganando dinero pero menos que antes) se está empleando ahora para afirmar que el paro ‘amaina’. El pasado mes de enero España siguió “destruyendo empleo”, pero… pero los ERE (Expedientes de Regulación de Empleo)… bueno, los ERE tampoco se redujeron, pero… pero se redujeron los ERE que ‘destruyen’ empleo, aunque aumentaron los que representan ‘suspensión temporal’ o bien ‘reducción de la jornada de trabajo’. Hay que ser un optimista tirando a enfermo para aplaudir esa ‘desaceleración’. Como si fuéramos a embestir un muro a 200 kilómetros por hora y nos alegráramos porque bajamos la velocidad a 180. El que gana dinero, gana dinero; y el que va al paro (temporal o no) va al paro.