Reír y llorar

17 Jul

Con los años uno comprende que la vida iba en serio y que todo nuestro paso por este mundo se resume en la canción de Kiko Veneno que da nombre a este texto. Joaquín Marín, el primer director de La Opinión, murió la semana pasada pocas horas después de que yo recibiera en mi móvil la noticia de que Fernando Sánchez, escritor también de este periódico en la etapa de Joaquín, había presentado un nuevo libro suyo sobre el gastrónomo vasco Juan José Lapitz, y en San Sebastián. Varios sueños cumplidos de una sola vez. Fernando, malagueño, quería ser escritor y periodista, además le encanta la gastronomía y lleva trabajando en ese campo un montón de años y, encima, adora Euskadi y, por supuesto, los fogones de aquella tierra donde aprendió a cocinar. La presentación de un libro en aquellos altares de las ollas y las salseras colma las expectativas de cualquier autor especializado en tales materias. Málaga debe sentirse orgullosa de que uno de los nuestros haya realizado tal conquista, uno de los muchos a quienes Joaquín Marín nos dio la oportunidad de saltar al cuadrilátero del papel para noquear la actualidad de cada jornada. Recuerdo que estábamos en el Mariano cuando, o Álvaro García o yo, le presentamos Fernando a Joaquín. Fernando le dijo a Joaquín que escribía todos los días en los principales periódicos de España. Ante el gesto de extrañeza de nuestro director, Fernando le explicó que cada mañana cogía un lápiz y sobre la cabecera de los periódicos escribía el nombre de quien lo hubiera reservado. Su familia tenía un quiosco. Joaquín se rio y le concedió la primera oportunidad para que Fernando demostrase lo que le gustaba hacer, escribir dentro de los límites de estas columnas en las que diseccionamos, sazonamos y limpiamos aquello que el lector quiere saber, si me permiten que use la metáfora culinaria. Al fin y al cabo, quienes redactan la prosa matutina, toman un producto al natural y lo sirven procesado sobre una mesa, si puede ser, junto a un sombra doble con pitufo y que ustedes lo disfruten, y mira que es difícil a veces no cerrar ojos y oídos ante lo que sucede.

Joaquín tenía las ideas claras acerca de lo que debía ser un periódico. Lo recuerdo en varias charlas. De no muchas páginas, rentable y con trabajadores bien pagados. Quizás el signo de los tiempos le ha ido dando la razón en varios de aquellos asertos. A muchos de nosotros, además, nos incidía en que el periódico era de Málaga y tenía que tener la mayoría de los focos sobre Málaga. Los columnistas que llegamos al periódico por su generosidad, fuimos muy pronto conscientes de que él nos quería para que sirviéramos a la ciudadanía que tiene la bondad de pagar por situarse frente a lo que la rodea, esto es, aquello de Juan de Mairena de lo que pasa en la calle. Joaquín no quería lucimientos de estilo, ni alardes de ventoleras en prosa, quería denuncia y calle, mucha calle, así nos lo dijo con su gin-cola de Larios en la mano, porque era malagueño hasta para las marcas de consumo. Fernando Sánchez había querido ser periodista desde niño; por diversos motivos tuvo que estudiar Filología Hispánica. Tras su paso por La Opinión, cuando ya comprobó que aquel trabajo le gustaba, cursó sus estudios de Ciencias de la Comunicación en Euskadi, donde también se sumergió en las artes culinarias y se doctoró mediante un magnífico trabajo sobre el artículo periodístico gastronómico, que tuve el honor de conocer en mecanoescrito. Y creo que eso es lo que a Joaquín le gustaba de Fernando, que veía en él un luchador, por más que algunas veces le regañara porque había asumido entre sus líneas más riesgos de los prudentes. Fernando es así y nunca le importó usar una actitud y prosa de choque contra lo que él considerase una situación injusta. Ahora va recogiendo los postres del triunfo y del reconocimiento en otras tierras donde ya lo consideran profeta. Y así es la vida, como aquella frase final de El gran Lebowski: unas veces cazas al oso, otras el oso te caza a ti. En fin, reír y llorar. Descansa en paz, Joaquín. Muchas felicidades Fernando, aurrera.

Orgullo

3 Jul

Para comprobar el complejo devenir de la sociedad española sólo hay que alzar el peso de los tomos que describen esos senderos trazados desde los Reyes Católicos hasta nuestros días. Un empeño de titanes si nos decidiéramos a cargar también con los ejemplares que husmean entre los pueblos prerromanos de la península Ibérica, o los que deambulan entre Roma y el Reino de Granada. Hoy está de moda entre algunos círculos el denostar los avances socio económicos que La Transición, así en mayúsculas, permitió y promovió desde un reino casi uniformado en gris, hasta la sociedad tolerante y de mentalidad abierta en que hoy, con gran orgullo, podemos decir que nos hemos transformado. Las conquistas colectivas son como las coplas sin autor, una vez que las canta el pueblo ya no pertenecen a nadie, y padecemos políticos que si no son protagonistas meten una patada a la mesa mientras los demás comen. Madrid, de nuevo en la historia, ofreció el pasado sábado un ejemplo de dignidad y libertad como capital de España, no como capital de Madrid. Quedarán estratos de cerrilismo pero ya anecdóticos. Hace poco más de un siglo que un cura vasco al frente de un grupo de cejijuntos con escopetas quemaba la correspondencia en la frontera francesa porque no era sino un instrumento del diablo. Hace décadas aún no era permitida ni siquiera la diversidad de pensamiento en una España propiedad espiritual e intelectual de la iglesia católica y del Movimiento. El concepto de tolerancia sólo existiría en el diccionario y ni de eso estoy seguro. La homosexualidad era considerada una aberración penada con cárcel, además de un motivo para abrir la puerta a todo tipo de humillaciones y vejaciones contra los más elementales derechos humanos. Un país transformado en cuartel no pretendía albergar más personas que a sus propios monaguillos, el resto era basura humana que había que condenar a un exilio interior o exterior, a un destierro de invisibilidad en aquella España que era cosa de hombres, como los brandis de Jerez.

En Málaga el régimen franquista tuvo que transigir con la burbuja de Torremolinos. Sus noches y fiestas fueron protegidas por la necesidad estatal de dólares y marcos, junto con el deseo del régimen de proyectar hacia el exterior una apariencia de progreso, al menos en una delgada franja de cuatro kilómetros de libertad y leves dosis de permiso de las autoridades para poderse desenmascarar en los locales señalados. Los de la brigadilla político social descubrieron en alguna redada al hijo díscolo de algún cabezón del régimen y disminuyeron los acosos, pero eso son historias de Torremolinos. Como todos los españoles nacidos en los sesenta, yo nunca fui educado en conceptos como el del respeto hacia la diferencia ni, mucho menos, en el de la diversidad sexual y de género. Varias generaciones de españoles han reciclado su modo de ver el mundo y sus enfoques morales hasta llegar a la celebración de este hito histórico, tan cargado de simbología, que ha sido la manifestación por los derechos del colectivo LGTBI de este sábado. Los pueblos necesitan esas marcas en el recuerdo que demuestren que arraigaron las semillas plantadas por muchas y muchos heteros, lesbis, gays, trans, bi e ínter, para que consiguiéramos una sociedad donde cada quien sea cada cual, en efecto, y baje las escaleras como le venga en gana, tarareando aquella canción de Serrat. Ha sido un día de orgullo por esa capacidad de reflexión y adaptación que la sociedad española demuestra en su devenir histórico, a pesar de quienes han intentado anclarla bajo las aguas muertas del odio y el miedo a que los seres humanos tomen sus propios caminos protegidos y aceptados por el resto de sus conciudadanos. El arco iris inició su tímido brillo en España desde hace tiempo, por más que algunos estratos de irracionalidad hayan afeado los márgenes de un río común ya incontenible. Hoy sólo cabe sentirse orgulloso de tanta civilidad española.

Estudiar historia

22 Feb

Mañana se cumple el 35 aniversario del golpe de estado fallido que amenazó con descambiar, así en malagueño, la democracia española. Un aviso de que los raíles de la historia en España transitaban hacia adelante y hacia atrás. Las vías de ferrocarril disponían de un ancho especial incompatible con el del resto de Europa. Los generales filonazis de Franco habían conseguido adelantar el reloj nacional para que el huso horario coincidiera con el de Berlín en lugar de con el de Londres. Franco no se metía en política. Sólo oía al pueblo español cuando se concentraba en la Plaza de Oriente para vitorearlo como al alcalde en la película de Berlanga. España era diferente. Recuerdo que aquel 23 mi amigo Enrique, algo mayor que nosotros, llegó a la puerta de nuestro instituto, Nuestra Señora de la Victoria. Atardecía un día primaveral y cálido de febrerillo el loco. Nos dijo lo que había oído en la radio. Estábamos en 3º de bachillerato. Nuestro profesor, Don Jesús Cuesta, había programado un control de historia para el 24. (más…)

Alfredo Taján

4 Ene

Igual que la sentencia inexorable de las horas, el alcalde firmó el último día del año la destitución del director del Instituto Municipal del Libro, Alfredo Taján. Según ha sostenido siempre el alcalde, la causa última de este corte de cabeza a lo San Juan Bautista fue el baile de Salomé que de la Torre tuvo que ejecutar ante Ciudadanos para que estos firmasen un pacto de legislatura. Esto es, Juan Cassà protagoniza el papel de Herodes en esta farsa. Como en toda comedieta de sabor palaciego no faltaron las intrigas. De este modo, durante cenas y barras de bar en esos mentideros urbanos que pueblan el Centro de nuestra reducida Málaga cultureta se afirmaba (así, en impersonal), una y otra vez, que nuestro Herodes -Cassá- nunca pidió la cabeza de San Taján, sino la reducción de cargos municipales. De cualquier cargo puesto a dedo de los muchos que pueblan el Consistorio malagueño. Tal vez, la intervención de alguna Herodías, madre de Salomé en la historia bíblica, susurró a De la Torre el nombre de Alfredo y, es por ello por lo que, quien mismo realizó el baile que cautivó a Cassá firmó la sentencia de Alfredo Taján y del Instituto Municipal del Libro. (más…)

Piedra a piedra

6 Jul

El Ayuntamiento de Antequera ha lanzado una campaña para que ese conjunto de maravillas compuesto por el Torcal, la Peña de los Enamorados y los dólmenes sea nombrado patrimonio de la humanidad. La extrañeza nace para el lector porque esta solicitud sea cursada ahora y no hace décadas. Como antequerano guardo en mí una Antequera sentimental y privada que me conduce por el tiempo, guiado por la mano de mi abuelo entre los recovecos del Torcal, donde el visitante no puede evitar que la imaginación sitúe sobre los tórculos, hombres primitivos, lobos feroces que aúllan a la luna, o exóticos reyes llegados de otras galaxias. Incluso indios en lucha con el séptimo de caballería o así. Los años destierran al niño. La felicidad que ahora me infunde aquella gama de grises culmina en el descubrimiento de una planta humilde que arraiga entre la grieta mínima, o de esa cabra salvaje que se encontró conmigo en mitad de una niebla que dibujaba con nuevos perfiles la orografía mágica de aquel mundo limitado y frágil. (más…)