En vías de solución

13 Dic

La “crisis del ruido” está en vías de solucionarse, según De La Torre. Leí ayer este titular en La Opinión de Málaga y supuse a los vecinos del Centro tan incrédulos como yo. De todas maneras, esta crisis del ruido no tiene nada que ver con el estruendo insoportable que produce la apisonadora municipal con su charanga fiestera fija discontinua dentro de su almendrita dorada, no se crean, a eso no se le pondrá coto por ahora, más bien al contrario, continuará exigiéndosele paciencia infinita al ciudadano agredido en su derecho al descanso, declarado culpable de residir en un sitio inviable según la planificación cartonpiedrista del equipo de gobierno, que persiste en proteger el éxito a corto plazo de la burbuja turística pseudocultural de libro -de Adorno y Horkheimer-, pues cuanto más les aguante sin estallarnos encima, mejor para todos, madrecita mía.

La crisis a la que se refería el titular son las del escandaloso ruido multable que producen los niños jugando al baloncesto. Al tratarse de una problemática tan absurda, confiaba en su fácil reparación. Tontamente. Ahora que D. Francisco De La Torre se ha puesto manos a la obra, me persigno. No es la crisis del ruido la que está en vías de solucionarse, es Málaga entera la que está en vías de solución, según De La Torre, pero sine die. Si esperan que su hijo vuelva a poder entrenarse en Málaga sin que se le considere casi un delincuente juvenil, escríbanle una carta a los reyes magos por si logran que el alcalde se aparte del asunto. Espero que se hayan portado bien durante el año. Hasta la noche del 5 al 6 de enero, el ayuntamiento no se planteará medidas previas, ni lógicas ni, por supuesto, sencillas, como rogar silencio prudente a los involucrados, para empezar, a la federación, o a los clubs, o a los responsables de los colegios donde entrenan, o a los entrenadores, o a los malvados chillones que celebran sus triples sin mesura; ni convenir reuniones entre afectados, con propuesta de horarios, de encontrar lugares alternativos, de tiros y aflojas; ni invertir en pantallas acústicas, insonorizaciones, faltas o tapones… Se multa y se para todo en vías de solución, como habitualmente, según De La Torre.

El Ayuntamiento de las fanfarrias lo es hasta la puntita y llegado el conflicto, se paraliza, sosaina. El toque de queda deportivo puede pasar de las 8 de la noche a las 10. Y durante la siesta, todos descontentos. Mejor todos descontentos, según De La Torre y su parálisis, que algunos encestando con volumen y otros quejándose del ruido, palabra prohibida para el Consistorio porque conlleva acordarse de los tambores de Semana Santa o los desmanes de la feria permitidos por fuerza mayor ruidosa de temporada, según De La Torre también. Yo de él -dios me libre-, hacía como en los bares del siglo pasado por culpa del vino flamenco: prohibía el cante. Se prohíbe jugar al baloncesto de poquito a poco. Mejor todos a la vez, cortando las calles al tráfico, como una actividad turística de telediario, que cada uno por su cuenta. Entrenamientos en la Alameda una vez al mes, bajo lucecitas Ximénez. Pero fuera del horario común, prohibido el canasteo. Esta es una ciudad decente. Chisporroteante pero seria. Con Barra libre para las terrazas de los bares pero estudiando durante años recortarlas, con afán de que se llenen de turistas pero meditando dejar de conceder nuevas licencias. Libre albedrío turístico pero hasta la punta de la lengua, donde todo se olvida.

La semana pasada el caos de tráfico en la ciudad fue histórico. Tiemblo al recordarme cruzando el puente. En el bar de abajo había quien aseguraba que no caber en calle Larios o quedarse atrapado en el coche de camino al maravilloso espectáculo de luces culturales era bueno para la ciudad. Incluso que añadirle cuatro procesiones y dos carreras urbanas, era buena idea -¿estarán echándonos algo en el agua?-. Y digo yo que, para eso, ¿no sería mejor hacer todo el centro, además de cartón precioso como está, peatonal? ¡Que no Gaby!, ¡que no me entero! Sólo la puntita, hasta que pase algo y entonces se haga cargo el alcalde personalmente, y lo deje en vías de solución.

El día de la Consti

6 Dic

Hoy se cumplen 39 años del referéndum por el cual los españoles de hace 39 años dotaron de legitimidad a nuestra Constitución actual. Aquellos españoles llamados a las urnas habían convivido durante 42 años con el franquismo. Los que podían votar se enfrentaban a la incertidumbre sobre lo que acarrearía un resultado positivo, pues en su inmensa mayoría no habían conocido otra cosa gobernándoles que al dictador autoproclamado caudillo de España por la gracia de dios, que aún en sus últimos coletazos -un mes y cinco días antes de su fallecimiento- seguía fusilando a los malvados.

Que la Constitución fuese aprobada por la inmensa mayoría de los españoles de entonces, sin embargo, no se debió a un acto de valentía ciudadana, ni mucho menos a una actitud revolucionaria del ochenta y muchos por ciento de los votantes que se decidieron a apoyarla, sino a que no había ningún posicionamiento claramente contrario por parte de nadie con intereses políticos a que se bendijera con un baño de masas. Ya se había aprobado la Ley para la Reforma Política que acababa con el régimen desde dentro. Los elegidos por él para autodestruirse con cuidado salían de entre los altos cargos de su propia administración con la misión de pasar página evitando y evitándose altercados. Además, ya se habían producido las primeras elecciones democráticas, las del 15 de junio de 1977. El rey jovencísimo y campechano, el guapísimo Adolfo Suárez y casi todos los partidos mayoritarios (UCD, PCE, PSOE…), pedían a los españoles un compromiso democrático por el sí. Hasta la junta nacional de Alianza Popular, con matices, muchos, recomendó unos meses después, el voto favorable a la Constitución, “como acatamiento a una norma fundamental que promueve la convivencia entre todos los españoles”. Claro que sólo 8 de los 16 diputados de Alianza Popular aceptaron esta recomendación durante la votación en el Congreso de los Diputados del 31 de octubre de 1978 (5 votaron en contra y 3 se abstuvieron).

Ir a votar era ir a votar sí, sin contrincantes ni miedo a equivocarse, ni tampoco a sufrir represalias, con canciones de moda sobre la libertad que se entonaban hasta en los santos y cumpleaños familiares y que, promocionadas por la única televisión a blanco y negro que conocíamos, te llevaban hacia las urnas en volandas. Si alguien seguía con dudas sobre si lanzarse al estado democrático de derecho, al mirar la cartelera del destape, se le disipaban. Aquella permisividad era una prueba de fe democrática, avivada por las exigencias del guion y las burbujas del champán.

Ya estábamos acostumbrados a votar reformas políticas, congresos y senados con un añito de vida en libertades, así que una constitución nueva podían considerarla tarea fácil. ¿Sabrían aquellos españolitos ilusionados con su dulce porvenir que a los españolitos de 40 años después, que no conocieron represión ni franquistas con privilegios ni poder, les iba a costar tanto esfuerzo pretender corregir su Constitución, reformarla, modernizarla?

El mundo español había cambiado ya mucho cuando nos preguntaron si la aceptábamos. Bueno, cuando les preguntaron. Sólo los que hoy sobrepasan los 58 años pudieron votar en aquella ocasión. Pero hoy lo celebramos todos y, lo que son las cosas, a quien más le costó superar el atragantamiento por el exceso de derechos a repartir, son los que hoy la blanden como su biblia de cabecera, inamovible. Bueno, con excepciones. Les recuerdo un artículo, el 43.3, dice: “los poderes públicos fomentarán la educación sanitaria, la educación física y el deporte…”. Si son niños malagueños jugando al baloncesto, no sé yo si una biblia inamovible es la definición perfecta…

Hasta luego, Lucas

15 Nov

Estamos como en 2008, jarl. El PIB de Málaga ha recuperado lo perdido durante la crisis, cuando se cruzó en las profundidades del océano con un torpedo del año 4, ¡no puedo, no puedo!, y en 2016 alcanzó, de nuevo, su mejor nivel, ¡al ataque! Además de este índice esperanzador, la venta de viviendas sigue al alza, como siete caballos que vienen de Bonanzarl, creciendo un 12,5% en septiembre, ¿te das cuen?, y el desempleo ha descendido en el 90% de los municipios diodenales de la provincia en los últimos doce meses. Un segundito, que dé un paseíto por el salón rotándome suavemente la pelvis y regrese, a can demor e narl. Fijaos si parece que la cosa vaginal (¿bajinal?) se está enderezando, fistros de la pradera, que hasta la Federación Empresarial de Asociaciones Territoriales de Agencias de Viajes de España, ¿cómor?, ponen a nuestra ciudad de ejemplo de éxito turístico rotundo, por la gloria de mi madre.

Pero habría que contar hasta tres, a güan, a peich, a gromenáuer, antes de echar las campanas al vuelo pues, aunque la recuperación económica nos envíe más señales que Jordi Pujol jugando al mus, cobarde, que tienes más tonteridas que la bolsa de aseo de la abuela de McGuiver, analizando con frialdad estos mismos datos, podrían surgirnos mas dudas que a Hamlet rellenando la bonoloto de persona humana: no te digo trigo por no llamarte Rodrigo. Nos queda más trabajo por hacer que al abdomineiser del muñeco de Michelin. Te lo digo con una mano en las lumbares y otra en la cabeza. Relájate físicamente, moralmente, pecador.

El PIB está como en 2008, sí, lo que quiere decir que restándole la inflación, los 31.270 millones de euros se nos quedan más cortos que las mangas de un chaleco. ¡Se mueve usté mas que los preciorls, cuidadín! O sea, borrándole el cerito sexuarl, producimos por igual valor ocho años después, contado en dos líneas macroeconómicas, como si lo pasado en penurias y deudas contraídas y escasez de caiditas de roma por encontrarnos más incómodos que Jack el Destripador en una comuna hippy, no hipotecasen, cuanto menos, nuestro futuro para los próximos ocho por venir, más tristes que Naranjito en una licuadora. El aumento de venta de pisos se corresponden a los de segunda mano, y al leerlo se me ha quedado la cara de Junqueras comiendo limones. Por eso será que a igual PIB y a pesar de que empiezan a venderse viviendas con más pintura encima que las que lleva Isabel Preysler en su neceser, actualmente Málaga tiene 153.764 parados más que en ese 2008 que marcó la decadencia, ¡para cortarse el duodeno de abajo!, cobardes, por más medallas que pretendiera colgarse el mes pasado la ministra Fátima Báñez, de la que me fío menoss que del ángel de la guarda de los Kennedy, más peligrosa que un tiroteo sin la meretérita en un ascensor del barco de piolín.

Pero hay que reconocer que nos va mejor que hace un tiempo, con la crisis arreciando y nosotros más tensos que Rodolfo Langostino en un cóctel. Nos va mejor gracias a los bares de turismo cultural. Por el cartón piedra del centro que atrae turistas y los lleva a nuestros bares desde el sol y la playa del Pompidou provisional. Porque al centro de la almendrita, sin las ratas de los barrios, vamos los malagueños felices a tomarnos las cañas que nos faltan y a hacer guarreridas españolas si nos dejan. Pero ahora va alguien del ayuntamiento y se le ocurre una moratoria de un año para conceder nuevas licencias a bares, alguno que en vez del graduado escolar tendrá una etiqueta de Anís del Mono, cobarde, más basto que un petisuí de morcilla, más tonto que abrir un paquete de tabaco delante de un aparcacoches. ¿Será contra el ruido? ¡Jarl! La Semana Santa a La Paz, la Feria de la mañana a Pedregalejo, el Carnaval a Miraflores de los Ángeles, y verán qué contentos firmaban los maltratados vecinos del Centro Histórico el indulto a la gallina de los jánders de oro. Málaga sin bares nuevos sería más raro que el final de twin peaks, ¿no se dan cuen?: una estúpida ruina.

 

Viva el CIS

8 Nov

Salió ayer el avance de resultados del barómetro del CIS de octubre y le eché un vistazo. Qué entretenido. Me gustó tanto que me lo descargué de internet y he dejado una copia en el cuarto de baño, junto a los champús, para repasarlo en mis ratos necesarios entre etiqueta y etiqueta. Desde luego, no hay color, prefiero los secretos de alcoba de los españoles, desvelados por el Centro de Investigaciones Sociológicas, como lectura de bolsillo, antes que los aromas de coco o el ph neutro que hasta ayer acompañaban mis soledades mayores y que, sin esfuerzo, podría recitar de carrerilla en caso de apuro, como ya me ocurrió en alguna de las extrañas fiestas intelectualoides que se celebran en casa de mis amigos artistas cuando se inaugura exposición en el CAC. Si culto resultó en aquella ocasión declamar “hidratante piel seca/ con extractos de oliva y leche/ dermatológicamente testado”, mejor aún, supongo, quedaré narrando lo de “polietápico, estratificado por conglomerados, con selección de las unidades primarias de muestreo”, que ya me he aprendido en el primer asalto de sosiego. Con parecida cara de chinos constructivistas me mirarán los pintores de las performance de realidad virtual, llegado el turno de mirar al techo.

Pero más que para demostrarme perdido en la luna de Valencia, atender al CIS me ha servido para darme cuenta de que somos muy diferentes a como las noticias nos cuentan. Mucho más interesantes. De hecho creo que hablaré con mi hermana para que se dé de baja de las suscripciones de prensa rosa en su peluquería y le voy a llevar varias copias de estas para hacer feliz a su clientela.

Por ejemplo, ¿sabían que el 67,6% de los encuestados se declara católico y solo el 27% no creyente o ateo? Yo no lo sabía. Somos como Junqueras cuando se abría el corazón en la Sexta: buenas personas y católicos, por más laicos de pacotilla que nos consideremos. Mirándome al ombligo del CIS, se me esfuma, agradable, un buen porcentaje de miedo a nosotros mismos. A la extrema derecha, a que el rayo del nacionalismo nos parta, a que superemos todos los umbrales de la pauperrimidad, a que el centro democrático nos confunda… Léanselo. Lo de las noticias de la tele son apreciaciones. A pocos iracundos del patrioterismo hispánico les preocupa que se vea azul o morada la camiseta. Hasta ahí no hemos llegado. Lo susurra mi CIS sagrado mientras lo beso constitucionalmente. La realidad tiene curvas y colesterol, y estadísticas que nos demuestran científicamente más listos y mejores de lo que nos creíamos. Datos: El 91,5% de los españoles investigados consideran la situación económica actual como regular, mala o muy mala. El 74,3%, cree que igual o peor que el año pasado y el 59,6%, que el año próximo continuará, asimismo, igual o peor. ¿Y la situación política? Mala o muy mala para el 76,9%, qué desastre. Claro, por lo de Cataluña, pensarán. ¡Pues no! Cuándo se pregunta por la situación política del año pasado, el 91,8% considera que estábamos igual o peor. ¿Confiamos en Rajoy? No (78,6%). Y en Pedro Sánchez? No (83%). ¿Es el PP un partido de centro? No, es de extrema derecha (8,22 sobre 10). ¿Y el PSOE, de izquierdas? No, es de Centro, (4,55 sobre 10). ¿Se creían que nos engañaban? Yo sí. Pero no, qué audaces somos, no se nos escapa una…

Nos preocupa la situación en Cataluña, claro. Lo mencionan un 29% de encuestados como uno de sus principales problemas. Aunque al paro, el 66%. Ahora bien, cuando se pregunta sobre problemas que realmente afecten personalmente a cada uno, el paro lo señalan el 35% y la “independencia” de Cataluña, el 8,8%. ¿Lo sabrán en los programas de debate político, los tertulianos o los directores de informativos? En fin, el mal ambiente de mi telediario me hacía pensar que la mayoría de los españoles prefería un nuevo Estado más centralizado, sobre todo ahora. Pues fíjense en la realidad: los que apuestan por una menor autonomía de las Comunidades Autónomas o un Estado directamente sin ellas son sólo el 28,2% y los que apoyan nuestro actual modelo, o incluso dotarlo de mayor autonomía suponen el 62,8% de los entrevistados. ¿Cuántos se sienten más españoles que de su comunidad autónoma?, el 23,6%; ¿Cuántos tan españoles como de su Comunidad, o incluso más de su Autonomía que españoles?, el 70,1%. Dulce CIS, dame otro poco, que te lea.

Halloween es belga

1 Nov

No me acordaba de mi payasada de anoche y esta mañana me he sobresaltado ante el espejo, al observarme de fantasma. A mi edad, poniéndome en ridículo así, ¿quién me mandaría tomarme la penúltima cerveza? Entiendo perfectamente lo que debe sentir a estas horas el señor Puigdemont, en ese charco inmenso en el que se ha metido, absolutamente desorientado. Supongo que debió de jugarle una mala pasada el idioma, como maneja tantos, y confundiría bruja con su esdrújula, subiéndose a una escoba sin norte. Puedo imaginarlo aterrizando donde no esperaba, en mitad del océano, remangándose la sábana y oteando, con intriga, su horizonte. ¿No es muy profundo este charco?, reflexionaría con el agua al cuello el ex president; esos extraños entes que dan vueltas a mi alrededor como si fueran sioux, no serán tiburones, ¿verdad?

Volviendo a mi ombligo, si yo no creo en jalogüin, ¿cómo me dejaría engañar anoche? Jalogüin son los padres. Los padres de mi edad que veíamos películas americanas hace más de 30 años sin entender que las calabazas diesen miedo, sin un amor platónico al que achacárselo. ¿Que es de origen celta? Pues yo seré de la otra rama hispánica, de la íbera, porque a mí, eso de disfrazarme un día que nunca averigüé si se trataba del dedicado a los santos, a los difuntos, o era el sábado anterior, jamás me atrajo. Claro está que, como malagueño ibérico de cepa impura prefiloxérica que soy, me encanta el jamón. Y la fiesta. Tal vez sea almohade por lo que me entretengo consultándole cosas por la noche. Y una cosa lleva a la otra. Y un chupito a un gorro de capitán de barco pirata de Carrasquilla. Y con polvos de talco ingleses y ojeras de pega, cualquiera sucumbe a convertirse en el holandés errante, de madrugada. Que nadie sabe lo que es el holandés errante en este siglo, me dicen. Estos niños, ¿qué harán tan tarde por las calles de jalogüin?. ¿De qué van disfrazados, si no de personajes de las Joyas Literarias Juveniles? ¿Piratas del caribe, yo? Pero, ¿qué dicen, qué horterada es esa?

Al menos, Puigdemont sí es de mi quinta. Irá disfrazado del belga errante. O con parecido camisón. Bueno, ahora que lo pienso, el último en abandonar el barco, me parece que no sería. Capitán de barco entonces, descartado. Por muy pirata que fuera, que no lo pongo en duda. Aunque atendiendo a sus actos, más que marinero, debiera considerársele farolero, que es lo mismo que un farero, pero que se la juega al póquer. A Puigdemont parecía que se le daban bien las cartas al principio. Hasta que le entró un tic delator. Fue encontrarse el as y los dos cincos y atragantarse sistemáticamente con el ojo derecho. Empezó a salirle mal la jugada y a recorrerle el sudor frío delator hacia las piernas. ¿Truco o trato? ¿Ni truco ni trato? ¿Seguro? Rajoy, que nanay. Así que Carles decidió irse a por tabaco. Y en esas anda. En Bélgica. Proclamando que mejor disfrazarse de caganer en diciembre a que le monten un belén los antidemócratas. Que España no sólo le roba, sino que también le pega y lo encausa. Pero saben, creo que no saber de qué va este señor, no debería ser nuestro problema. Lo que nos incumbe, a la fuerza, es que lleve tanto tiempo siendo un fantasma.

¿Pero cómo me habré dejado yo que me pintaran la cara así? ¿Cuántas cervezas belgas me tomaría ayer? Ni Hércules Poirot podría desentrañarnos ni a él ni a mí.