Gestos

22 Dic

Leo en el periódico que los empleados de la filial malagueña de una gran empresa han decidido sacrificar la comida de Navidad y gastar el dinero en comprar víveres para familias en apuros. Han calculado un presupuesto de 40 euros por empleado y el consabido menú de fiesta se ha invertido en 20 kilos de alimentos básicos por barba: legumbres, azúcar, leche, aceite, que escasean en más casas de las que nos atrevemos a imaginar. La humilde aportación de estos trabajadores no va a resolver los problemas generados por una economía enferma, pero tiene el valor de un gesto de compromiso.

 

Hoy se votan en pleno los presupuestos de la Diputación para 2010, y en el mismo periódico, a toda página y en grandes titulares, se anuncia una rebaja en los sueldos de diputados, altos funcionarios y cargos de confianza que, según las cuentas del equipo de gobierno, se traducirá en un ahorro de 242.000 euros para la institución provincial. El portavoz del PP, Francisco Salado, ha criticado la medida, que considera un “gesto de cara a la galería vendido como si fuera la solución de los presupuestos” y, de paso, expresa su malestar porque la rebaja, que afecta al grupo de oposición tanto o más que al equipo de gobierno, no le haya sido consultada. No es lo mismo tener que rascarse el bolsillo por voluntad que por decreto.

 

Sin embargo, tal vez sea por la costumbre de desconfiar de los políticos, a mí también me escama algo en el publicitado sacrificio de un porcentaje de entre el 5% y el 10% en los sueldos de los responsables de la política provincial. Otro gran ahorro que avanza el equipo de gobierno es el referido a la reducción en los gastos de publicidad y protocolo, pero (¡Alehop!) se anuncia la creación de una nueva oficina dependiente de Presidencia para “autorizar estos gastos y unificar criterios”. La pregunta es si la nueva oficina requerirá la contratación de nuevo personal y la adquisición de medios, lo que haría que el ahorro no fuera tanto.

 

Yo creo que mi duda estriba en que, estando de acuerdo con el presidente de la Diputación en que el auto recorte salarial representa un sacrificio personal para los afectados, y por tanto supone, igual que en el caso de los empleados de la empresa que citaba al principio, un gesto de compromiso con los ciudadanos gobernados, no hay que olvidar que la Diputación es una entidad de servicio para los ayuntamientos menores de 20.000 habitantes, muchos de los cuales no tienen dinero ni para bombillas. Sólo faltaría que el sacrificio se les exigiera a los ayuntamientos, digo yo.

 

Tal vez en estos tiempos en que la crisis nos hace distinguir con claridad entre lo necesario y lo superfluo, la reflexión en las instituciones debería ser más profunda. Casi todas ellas, y los propios partidos nos lo recuerdan cuando pasan del gobierno a la oposición, están sobredimensionadas, particularmente en aspectos como contratación de cargos de confianza y gastos en imagen, prensa y protocolo. La reflexión en el caso de la Diputación podría llegar a ser peliaguda: De aprobarse una ley de financiación local que garantice a los ayuntamientos la percepción directa de los fondos que necesitan para prestar los servicios que prestan, ¿Seguirían teniendo sentido las diputaciones? Tal vez lo de bajarse el sueldo sea sólo un mal menor, por mucho que un gesto no pase de ser un gesto.

En la Axarquía

22 Dic

Se habla de 10.000 construcciones ilegales en la Axarquía –los ecologistas, de 22.000- y a mi raciocinio, no le caben. Si no conociera la zona, me imaginaría Australia, por lo menos. Como puede haber tanto delincuente junto en un sitio tan chiquito. Quizá habría que preguntárselo a los parlamentarios andaluces que hace siete años aprobaron la LOUA sin tener en cuenta las peculiaridades de la zona y que ahora se quitan del medio cuando los jueces, haciendo su trabajo, la interpretan.

El problema de la Axarquía son los minifundios. Esa palabra que aprendí en la Educación General Básica y que nunca pensé que pudiera llegar a utilizar es la clave del asunto. Porque Andalucía es tierra de señoritos, desgraciadamente, pero la Axarquía, no –o no tanto-. En la Axarquía, cada campesino tenía su terrenito y por eso hay más de 30.000 pequeños propietarios con tierras. Ahora, muchos de ellos, vicisitudes del destino, sospechosos de delito urbanístico. Pero la cosa no queda ahí. Porque además de los sospechosos, están los señalados y culpables, o sea, sus alcaldes. Porque todo alcalde que haya consentido o le haya dado la licencia a alguno de su pueblo para que donde guardaba los aperos de labranza su abuelo, se haga un retrete, está cometiendo un delito. No una falta administrativa, un delito. El mismo que hayan podido cometer los condenados en la operación malaya. Aunque pobre y tonto, y hasta puede que buena persona, ese alcalde es un delincuente por obra y gracia de tenerla pequeña, con perdón, me refiero a sus parcelas. El tamaño sí importa. Nuestros parlamentarios andaluces han aprobado una ley de suelo que sólo permite recalificaciones urbanísticas en quienes la tengan enorme. Y ajo y agua a la Axarquía.

Muchos piensan –yo también-, que lo que ha ocurrido en el campo de La Axarquía es una salvajada. 20.000 viviendas diseminadas en suelo rústico, así lo determinan. A veces hay que cuestionarse los supuestos beneficios del progreso. No sé que pensaría mi bisabuelo si viera en qué se ha convertido Málaga en cien años.

Lo que sí tengo claro es que la gran mayoría de esas miles de construcciones ilegales que actualmente se encuentran en entredicho en aquella comarca abandonada, son la única vivienda de sus propietarios. Desde la primera viga que pudo poner su bisabuelo hasta el chalet con piscina en el que haya podido acomodarse hoy su descendencia, han pasado muchos años de esfuerzo y de trabajo. Y lo que hace veinte años era la casa familiar, hoy puede llegar a ser un bien inmueble en espera de ejecución de sentencia y derribo. Porque en un Estado de Derecho como el nuestro, la ley hay que cumplirla y es para todos.

Y, ¿qué dicen los que han aprobado esa ley sin tener en cuenta las peculiaridades de zonas como la Axarquía? Muy poco. Algunos, que ya se desarrollará algún reglamento. Mientras, los alcaldes de aquellos pueblos, seguirán siendo imputados en cientos o miles de delitos urbanísticos, con el menoscabo social que eso conlleva actualmente.

Dice el presidente de la Diputación de Málaga, Salvador Pendón -posiblemente el único cargo público que da la cara por los que padecen esta situación- que “en muchos casos” el motivo por el que alcaldes y concejales de la provincia están inmersos en procesos judiciales por asuntos urbanísticos no se debe a “su mala fe”. Y si se saltara algún tecnicismo y se lo explicara con claridad a la ciudadanía, su pertinacia, al menos en este caso, sería encomiable.

Desconocimientos

8 Dic

Ha dimitido el señor Marmolejo. Como concejal. Pero algo debe de haber hecho, tan bien, que para el Presidente del Partido Popular en Málaga, Elías Bendodo, “no cuenta con el mismo apoyo y confianza, sino con más”. A mí, que soy torpe, me gustaría entender algunas afirmaciones de la política de la ciudad. Algo se me debe de escapar porque, por más que me esfuerzo en encontrar la lógica a dichas manifestaciones, siempre me tropiezo con su cuñado.

Me cuestiono, como digo, qué es lo que ha podido hacer Don Manuel para que a Don Elías le dé mayor confianza y lo único que presumo es que pueda deberse a que ha reconocido su “error”. Si este fuera el caso, muy mal parados dejaría al resto de concejales, al menos en cuanto a confianza, porque si da mérito a que uno confiese algún “desliz” es porque no las tiene todas consigo en cuanto a que los demás hicieran lo mismo. O al menos, eso parece.

Yo creo que no se debe de hacer leña del árbol caído. Pero tampoco considero que se haga un gran favor a la democracia consintiendo las canitas al aire a la ética de un concejal que no sabía que estaba mal, ni prohibido darle trabajillos –o no abstenerse de hacerlo- a una persona de su ámbito cercano. Y ha dimitido porque se ha enterado de que es ilegal, o sea, por lo prohibido del asunto, qué duro el devenir del destino, porque mal, lo que se dice mal de andar por casa, no debe de verlo mucho. Él asegura que no sabía que contravenía la ley pero yo no he escuchado aún que reconozca que éticamente su posición haya sido poco plausible.

Yo no conozco de nada al señor Marmolejo. Lo he visto por primera vez en las fotos con cara tristona que lo asoman a la opinión pública a través de la prensa. No se le ve arrogante, ni vanidoso, puede que por la piedad del fotógrafo. De propiciarlo sus amigos, su caso pasaría a mejor vida en pocas semanas. Sería un concejal más que se iría de la política con las orejas gachas por haber metido la pata, con dos botellas de chivas regalo del partido, una cesta de Navidad y un traje gris, sin que fuera señalado por la memoria ciudadana como aquel que dio un pelotazo urbanístico y se fue con los bolsillos llenos. Y a otra cosa. A pedirle trabajo a su cuñado o a convertirse en el cuñado de otro, que produce menos estrés.

Pero, no. Dice Elías Bendodo que no. Que no lo apartan para que se nos olvide sino que va a seguir siendo la mano derecha de no sé qué cuerpo. Y yo no sé si será una pose de palmadita política y si te he visto no me acuerdo, pero si no es así, si de verdad va a seguir formando parte de la cúpula del partido popular malagueño o del rarísimo entramado municipal, flaco favor se le estará haciendo tanto a este “pobre” señor, que no lo dejan ni que se vaya a expiar sus culpas en las distracciones del olvido, como a la credibilidad del partido, que demostraría su (in)capacidad para hacer borrón y cuenta de renovada confianza con las personas menos indicadas. Simplemente, con escribir cincuenta veces en la pizarra “no volveré a favorecer desde mi cargo público a amigos o familiares”, en algún cursillo para concejales, nos liberaría de excusas de que no se sabía que no podía hacerse. Pero, si no hay más remedio, si el Partido Popular se empeña, habrá que seguir acordándose del asunto pues, por más que se empeñen, ya nadie podrá descolgarle a Don Manuel, la foto de su cuñado de la frente.

Café de Chinitas

8 Dic

No será éste el mejor año para la industria turística malagueña. Los datos señalan un descenso en los diez primeros meses de casi seiscientos mil visitantes respecto al 2008. Sin embargo, el vértigo de los datos debería de atenuarse en cuanto se tuviera en cuenta la crisis mundial que padecemos y, sobre todo, que el curso anterior fue históricamente el mejor a este respecto. Así las cosas, la curva negativa se ha situado a niveles de 2007, con lo que no ha llegado aún el momento de echarse las manos a la cabeza. Lo preocupante sería encomendarse a los caprichos de la fortuna o excusarse en los imponderables de la crisis para aplacar el desánimo sin tomar medidas que no pasasen por ponerle unas velitas a la Virgen del Carmen, pero no parece el caso. Lo mejor de este aviso de los números es que se aproveche la coyuntura para mejorarnos, a la espera de que los vericuetos económicos nos devuelvan al estado de bienestar que nos saque tanto miedo del cuerpo. Y eso parece que sí –me persigno-, que está ocurriendo, con un plan de nombre horroroso –Qualifica- que aboga por modernizar las maduras –viejas- instalaciones turísticas landistas. Además, el Consejero de Turismo de la Junta, Luciano Alonso, considera fundamental aumentar la oferta de ocio y de tanto empeño que pone en cada una de las manifestaciones públicas que viene realizando en los últimos tiempos, va a acabar convenciéndonos de que su idea de que es necesario implantar el flamenco en la oferta turística tiene razón y sentido. Ojalá.

El año pasado visité la ciudad de Buenos Aires por razones laborales íntimamente relacionadas con el tango. Allí descubrí, para mi sorpresa, el hecho paradójico de que a los porteños de mediana edad, la música que los identifica mundialmente no les interesaba lo más mínimo. La consideraban una atracción turística necesaria para su economía pero ni lo escuchaban, ni lo bailaban, ni lo apreciaban en su inmensa mayoría. Sin embargo, nadie cuestionaba la grandeza de Gardel. No era el tango sino Gardel quien los identificaba. En cada tanguería, en las confiterías, en cualquier lugar relacionado con el tango, lo que se podía ver era una placa en la que se explicaba que un día había estado allí, puede que comiendo macarrones.

Supongo que a nosotros, los malagueños, lo que nos falta es ese icono incuestionable al que endiosar para que el flamenco, aunque no nos interese lo más mínimo, ni lo escuchemos, ni lo bailemos, nos lleve a asumirlo como propio o a considerarlo al menos, como una factible fuente de ingresos turísticos. Ese adalid que incluso a los que se tapan los oídos y salen corriendo cuando oyen un “quejío”, les hiciera sentirse orgulloso del terruño compartido.

Pues bien, yo creo que sí existe. A los flamencos y a los no flamencos oír hablar del “café de chinitas” les llena de orgullo. Esos mismos que se tapan los oídos y que jamás han leído un poema de Lorca, Prados o Altolaguirre, si hay que hablar de un tablao –o de un café cantante-, defenderán como el mejor del mundo ese nuestro mitológico. Incluso a los que no soporten el flamenco hasta la tumba, reivindicarían como propia, esa sí que sí, su historia. ¿A alguien le importaría un café de chinitas falso haciéndose pasar por el verdadero en la misma ubicación o con parecidos decorados? Una plaquita con aquí estuvo ubicado el viejo café de chinitas en el interior de un local con afanes flamencos y todos en devota peregrinación a consagrarlo, ¿o no?