Montse y Chicharita

3 Dic

He aquí dos historias de superación. Dos casos gemelos de coraje. Trayectorias admirables de dos heroínas que han  sabido sufrir para superar la adversidad. En tiempos de molicie, de flojera y de comodidad, es bueno traer a consideración estas dos vivencias paralelas de fortaleza, de perseverancia y de lucha contra el destino.

”En su rehabilitación veo la mía. El proceso ha sido exactamente igual. Y casi a la misma edad en que me sucedió a mí".

Cuando la primera página de los periódicos y las primeras noticias de las radios y las televisiones nos ofrecen casos de corrupción, de perversión, de brutalidad…, creo que es necesario contraponer el ejemplo de personas (en este caso, de una persona y un animal) que tienen un comportamiento admirable, no de forma momentánea sino persistente y tenaz. Ellas no han protagonizado un gesto heroico sino una vida heroica. Debería ser obligatorio abrir los telediarios, los boletines de radio y los periódicos con noticias de este tipo. Porque las hay.

Este es un artículo en el que te gustaría desaparecer, si esto fuera posible, incluso como autor. Porque los protagonistas son otros. En este caso, una querida amiga y su perrita casi resucitada. Nunca había conocido dos casos tan espectaculares, tan emocionantes, tan simétricos. Montse se mira en el espejo de su perrita y ve su propia historia reflejada. Este es un artículo de Montse. Es un artículo para Montse.

Mi adorable amiga es veterinaria de profesión y Chicharita es, en sus palabras, “una perrita pincher de culo inquieto, un manojo de nervios, buscadora, escapista, independiente, alegre, saltarina, juguetona, activa, siempre dispuesta a salir a la calle, correr detrás delos caballos y feliz”.  La definición que hace de su perrita vale perfectamente para ella.

Cuando Montse tenía treinta años, todo le sonreía en la vida. Pero el destino le puso una terrible zancadilla que la estrelló contra la desgracia. Otros no se hubieran levantado nunca. Recuerdo muy bien aquella terrible noticia. Montse había sufrido un accidente de moto que la había dejado tetrapléjica. Recuerdo mi visita al Hospital para verla, aquella sábana blanca que tapaba el frágil cuerpo roto. Y aquella sonrisa que no podían tapar veinte sábanas extendidas.

En un paseo imprevisto, cuando viajaba en el asiento trasero de una moto, en un segundo fatídico, el bordillo de una rotonda la hizo saltar por los aires y estrellarse contra el suelo. Stop a la vida. Quedó condenada a no moverse, a no caminar, a  no correr, a no montar a caballo.

Solo un coraje, una fortaleza, un empeño como el suyo, la han hecho caminar, concebir tres preciosos hijos, dedicarse a su profesión y tener una vida independiente y autónoma. Cuántas lágrimas, cuántas horas de recuperación por medio mundo, cuántos esfuerzos, cuántos sacrificios. Qué fe en si misma y en la vida. Ella se dijo: ninguna herida es un destino.

Montse merece el homenaje emocionado de todos los suyos, de todos quienes la queremos. Porque ha sabido luchar contra la adversidad con una fortaleza inusitada. Admirable. Emocionante. Increíble.

Hoy, a través de un largo mensaje, acabo de conocer la historia de Chicharita, su perra,  que contaré utilizando las palabras de Montse.

“Después de comerse un animal muerto del campo se empezó a debilitar. Ese animal muerto estaba contaminado por el clostridium, que produce la toxina botulínica que hizo que se paralizaran  todos sus músculos de manera progresiva hasta quedar tetrapléjica. La toxina botulínica es un neurotóxico y por eso tiene afinidad con los nervios. Cada vez tenía más afectada la coordinación y estaba más débil. Su ladrido se silenció debido a que sus cuerdas  vocales también se vieron afectadas y no podía deglutir ni hacer sus necesidades fisiológicas. Todo su cuerpo dejó de responder a las órdenes de su cerebro.

Había poco que hacer por ella, pues no existe antídoto y solo cabía esperar que su organismo eliminara  poco a poco la toxina de su cuerpo. Lo peor era que si se paralizaba su sistema respiratorio nada podríamos hacer por ella. El diafragma también es un músculo.

Comenzamos con cuidados intensivos, necesitó alimentación parenteral y vigilancia sobre su respiración. Había que evacuar su vejiga varias veces al día y sacar el contenido intestinal, lavarla y cambiarla de posición. Más de dos meses cambiándole de postura y  masajeando su cuerpo para evitar úlceras de presión. Al mes, había perdido toda la masa muscular y era un saco  de huesos y pellejo sin nada de carne.

A los tres meses comenzó la rehabilitación en el agua. Cada día, Macarena, la peluquera, preparaba la bañera de la peluquería con agua calentita y hacía su sesión de rehabilitación. Poco a poco iba fortaleciendo sus músculos, al principio sin coordinación, pero cada vez con más fuerza.

Poco a poco se podía mover más y mantener su cabeza erguida. Siempre estaba en la recepción de la clínica veterinaria a nuestros pies y a veces en la falda de Gema, la otra veterinaria. (Montse piensa que esta historia es el triunfo del trabajo en equipo de su clínica veterinaria: Gema, Melania, Macarena…).

A los cuatro meses  la perrita conseguía ponerse a cuatro patas con ayuda, a los seis consiguió deambular sola en un suelo no resbaladizo. Casi un año para poder subir un escalón. Saltar y subir al coche le costó casi dos años”.

Lo más hermoso del artículo de esta semana nos lo brinda Montse cuando dice: ”En su rehabilitación veo la mía. El proceso ha sido exactamente igual. Y casi a la misma edad en que me sucedió a mí (ella hace la pertinente traslación  de la edad canina a la humana).  Chicharita tardó seis meses en caminar, pero seis meses para ella son como tres o cuatro años para mí. El agua, para ella como para mí, fue el mejor medio para la recuperación y la acción de los rehabilitadores experimentados, resultó tan decisiva para ella como para mí”.

Añade Montse: “Lo que ahora más me llama la atención, cuando veo los vídeos que tengo de ella, son esas ganas de vivir que tenía y la alegría con la que nos recibía por las mañanas. Sin poder mover ni un músculo, ni su rabo, ni las orejas, ella comía e intentaba moverse, intentaba ladrar, sacudir el rabo y mover las orejas. Era pura expresión de vida.

Cuando empezó a mover el rabo y nos veía, lo sacudía con fuerza  y lo golpeaba contra el suelo. Recuerdo el primer día que volvió a ladrar. Fue un ladrido más parecido al gemido de un gato que a un ladrido de perro. Nos quedamos con los ojos como platos.

Al principio pensé que lo mejor sería dormirla- Me recordó lo que era ser dependiente, necesitar ayuda de una tercera persona, dedicar horas y horas a la rehabilitación

Me recordó que vivir con esa alegría formaba parte de la recuperación. Me recordó que no hay nada imposible, que con tesón y fuerza de voluntad se van alcanzando pequeñas metas que te llevan más cerca de la meta final. Vino a decirme que salir de ese agujero negro en el que estaba metida, solo dependía de mí”.

Este artículo es un homenaje a estas dos heroínas. En especial a Montse, que salió de un pozo profundo a base de coraje y que repitió su historia en la de su perra Chicharita. No se le agotó su corazón en el esfuerzo de su rehabilitación. Le sobró mucho amor para sacar de otro pozo no menos profundo a un animal por el que otras personas no hubiesen dado ni un minuto de tiempo, ni un gramo de ilusión, ni un ápice de amor. Va por ti, querida Montse. Va por las dos.

Si la envidia fuera tiña

5 Nov

Me pide Horacio Muros,  Director de una escuela argentina, magnífico profesional y excelente amigo, que escriba algo sobre la envidia en las organizaciones escolares. Cuando un amigo te pide algo, lo tiene concedido antes de terminar la petición. Los amigos son como la sangre, que acuden a la herida sin necesidad de llamarla. En el correo que me escribe deja constancia de las desastrosas consecuencias que tiene la envidia para quien la vive en sus carnes y para quienes son objetivo y causa de esa pasión envenenada. Dice mi amigo: “Estoy convencido de que si se eliminara de las instituciones esta toxina se recrearía el clima institucional y se viviría siempre en primavera… Caín mato a Abel por envidia….y muchas veces en las instituciones hay víctimas a las que los envidiosos verdugos quieren matar…”.

Ojalá caigamos todos y todas en la cuenta de aquel sabio pensamiento de Séneca: “Nunca será feliz aquel al que atormenta la felicidad del otro”.

Eliminar la envidia supondría erradicar del corazón del envidioso el veneno que le atormenta y de la vida de los envidiados las críticas dañinas y las asechanzas perniciosas que se urden en la sombra y que acaban con la paz de la institución. Por otra parte, los testigos de tanta maldad y de tanta desventura dejarían de contemplar ejemplos nocivos de convivencia e invitaciones a convertirse en verdugos. Eliminar la envidia, estoy de acuerdo con mi amigo, mejoraría el clima institucional.

La envidia es la imagen especular invertida de la misericordia. Si la envidia es la tristeza por el bien ajeno, la misericordia es la tristeza por el mal ajeno. El envidioso sufre con la alegría de los demás. No soporta su éxito. Le tortura su felicidad. El envidioso vive atormentado por el bien del prójimo. Se hace mucho daño a sí mismo y piensa que, si destruye al otro, acabará su mal.

Carlos Castilla del Pino, en su introducción al volumen monográfico sobre la envidia (La envidia. Alianza Editorial), dice que  esta es una pasión sobredeterminada. Una pasión que puede ser analizada desde múltiples perspectivas: la del envidioso, la del objeto que se envidia, la de la función psicológica y social de la envidia, la del costo de la envidia en  la economía mental del sujeto que la vive y del que la padece…

El órgano de la envidia son los ojos. Porque el envidioso no mira de frente, mira de reojo. Envidia procede del latín invideo, que significa mirar con recelo. A diferencia de la mirada de la interacción humana normal que es frontal (video).

Cuando un profesor tiene éxito con sus alumnos y alumnas, cuando le quieren y lo expresan, cuando  lo elogian y lo aplauden, cuando los padres y  las madres dicen de él maravillas, cuando le premian por una innovación creativa, cuando el director o el inspector destacan su trabajo, el envidioso sufre y explica sus éxitos de forma tergiversada, despectiva y cruel. Trata de desprestigiarlo ante quien está dispuesto a oírlo.

El envidioso procura hacer odioso ante terceros al envidiado. Le calumnia, le denigra, trata de desprestigiarlo y de destruirlo. Le atribuye intenciones torcidas y explica sus éxitos por motivos espurios. He hablado de los cuchillos que maneja el envidioso para herir y, si puede,  matar al envidiado. He descrito 25 cuchillos diferentes. Los he visto todos entrando y saliendo de la carne del envidiado.

Tiene problemas afectivos

No tiene hijos, por eso dedica tanto tiempo a los alumnos

Se está separando, no quiere ir a casa

Es muy raro, fíjate las cosas que hace gratuitamente

Está tarado, su proceder no es normal

Es un joven iluso, cree que va a cambiar el mundo

Es un veterano tan tonto como cuando era joven

Es un adulador de su jefes

El éxito le viene de la suerte o del engaño

Lo que propone ya lo intentamos hace un año y no valió para nada

Quiere que le hagan un monumento,

Quiere hacer méritos

Pretende que le pongan su nombre a una calle

Quiere que le  den la tiza de oro

Quiere heredar la escuela

Con tal de sobresalir es capaz de trabajar más

Es de Podemos, o del PP, O DEL PSOE  (o de cualquier grupo que tenga en el contexto una connotación negativa)

Es un meapilas

Ella cree que es feminista, lo que pasa es que tiene mal carácter

Si no fuera tan guapa no tendría tanto éxito

Quiere sobresalir para que le den un cargo

Se cree mejor que los demás

Se muere por los aplausos

Todo en él (en ella) es fachada

El objetivo de la envida no es el bien que posee el envidiado sino el sujeto que los posee. Por eso es a él a quien quiere aniquilar con comentarios mordaces o con acciones destructivas. Si destruye a quien envidia, termina la causa que le  hace sufrir.

Los envidiosos y envidiosas son muy desgraciados porque no solo viven sus propios males sino que ven como desgracias suyas los éxitos del prójimo. ¿No tienen bastante con su propio caudal de desgracia? Parece que no. Tienen en su actitud un componente masoquista, que les lleva a sufrir y otro sádico que les lleva a buscar el daño ajeno. Un tormento que no cesa.

El envidioso odia al envidiado por no poder ser como él pero también se odia a sí mismo por ser como es. Y, desde luego, jamás reconocerá que es envidioso. Para Spinoza la envidia está teñida de odio porque la sola presencia o incluso el recuerdo del envidiado trae a la memoria del  envidioso cuánto le falta.

Quevedo recuerda que “la envidia está flaca porque muerde y no come”. Las imágenes de la envidia se centran en la corrosión: la envida  roe al otro y corroe al envidioso Y también en la consumición: le reconcome la envidia, se consume en la envidia, se muere de envidia, le come la envida. Su color representativo es el amarillo: “El envidioso ve con una mirada obscena y oblicua, siente y se resiente, su mente está teñida no con el rojo de la ira, ni el verde de los celos, sino con el amarillo de los venenos: la envidia es amarilla”, dice  Jorge Vigil Rubio en su libro “Diccionario razonado de vicios, pecados y enfermedades morales”.

En la dialéctica de la envidia hay una base de admiración. En el fondo, el envidioso admira al envidiado como Caín admiraba a Abel porque los frutos que cosechaba subían al cielo y los suyos no.

Quién no recuerda aquel viejo refrán de la lengua castellana: Si la envida fuera tiña, cuántos tiñosos habría. Hace referencia explícita por una parte a la extensa presencia de esta pasión (cuántos tiñosos habría) y por otra, implícita, a su carácter contagioso, ya que la tiña es una enfermedad de fácil propagación. Los hongos dermatofitos se contagian con rapidez y facilidad por el contacto directo con la piel enferma o a través de mascotas.

Todo se intensifica o se envenena más cuando el envidioso o el envidiado es el líder e la institución. Se complica porque si el líder es envidioso genera un clima tóxico  de persecución  y descalificación de los envidiados desde el poder y si es el envidiado se produce una estrategia de acoso y derribo.

Ojalá caigamos todos y todas en la cuenta de aquel sabio pensamiento de Séneca: “Nunca será feliz aquel al que atormenta la felicidad del otro”. Que hermoso sería vivir como propios los éxitos de los colegas y celebrar su logro en la comunidad de pensamientos, intereses y emociones que es una escuela. Porque todos tenemos derecho a la felicidad. No solo el derecho: el derecho y la obligación.

Doce rosas para los docentes

8 Oct

El pasado día 5 de octubre se celebró el Día Mundial del Docente. Quiero sumarme al homenaje que el alumnado, las familias y la sociedad en general han tributado a quienes dedican su vida a la tarea más compleja, más delicada y más importante que se le ha encomendado al ser humano en la historia: trabajar con la mente y el corazón de las personas.

Voy a preparar un ramillete de doce rosas que deseo depositar con admiración, respeto y afecto en el jarrón de sus quehaceres. Las rosas son los motivos que despiertan mi felicitación y mi gratitud.

Voy a preparar un ramillete de doce rosas que deseo   depositar con admiración, respeto y afecto  en el jarrón de sus quehaceres. Las rosas son los motivos que despiertan mi felicitación y mi gratitud. No serían en realidad solo doce. Serían miles. Seleccionaré una docena porque ese número está cargado de símbolos en la confección de los regalos florales. Algunas rosas tienen espinas pero no por eso pierden su belleza y su fragancia.

Primera rosa. En un mundo en el que todos y todas saben que quien tiene información tiene poder, los docentes dedican su tiempo y su afán a compartir el conocimiento que poseen y a procurar que sus alumnos  y alumnas busquen de forma autónoma el conocimiento en fuentes diversas. No solamente les ayudan y estimulan a buscarlo sino que les ofrecen criterios para discernir si el conocimiento hallado es riguroso o si, por el contrario, está adulterado por intereses políticos, comerciales, económicos o religiosos. Finalmente, les orientan para que esos conocimientos se pongan al servicio de una sociedad mejor y no solo de sus propios intereses.

Segunda rosa. En cualquier otra profesión el mejor profesional es quien más y mejor manipula los materiales.  En esta es quien más y mejor los libera. De ahí la complejidad de la tarea de enseñar. Los materiales que maneja un arquitecto, un químico o un biólogo  obedecen a leyes. Funcionan igual un lunes que un viernes, en Magadascar que en Londres. Pero los delicados materiales que manejan los docentes y las docentes  no obedecen a leyes. En educación no sucede que si A, entonces B. Lo que sucede es que si A, entonces B, quizás. El mismo reproche, a uno le estimula y a otro le hunde. La misma exhortación a uno de anima y a otro le deja indiferente.

Tercera rosa. En una sociedad que ofrece modelos a los niños y jóvenes por la vía de la seducción, los docentes presentan paciente y esforzadamente modelos por la vía de la argumentación. La sociedad propone el modelo de un futbolista famoso, de una actriz deslumbrante de un cantante arrollador… No muestra su esfuerzo cotidiano, ni su miedo a fracasar,  ni su  efímera gloria. Los docentes les hablan de ser personas honestas, estudiosas, solidarias y compasivas.

Cuarta rosa. Inmersos en la cultura neoliberal en la que prevalece el individualismo, la competitividad, el relativismo moral, la obsesión por la eficacia,  el olvido de los desfavorecidos, la privatización de bienes y servicios,  los docentes se dedican  a cultivar la solidaridad, el saber, el respeto, la dignidad y la compasión por los más débiles.  Saben muy bien que solo a los peces muertos los arrastra la corriente.

Quinta rosa. Los docentes y las docentes deben que enseñar a quienes no quieren aprender y se empeñan en que nadie pueda hacerlo. Tienen que despertar el deseo de saber en quienes están aturdidos por el ruido del dinero, del poder, de la fama y de todo tipo de adicciones. Y lo hacen con paciencia, con tino y con amor. Sí, con amor. Porque saben que esta profesión gana autoridad por el amor a lo que se enseña y el amor a  quienes se enseña.

Sexta rosa. Cada curso los docentes y las docentes van sumando un año mientras sus alumnos y alumnas se mantienen en la misma edad que siempre han tenido, debiendo superar desajustes generacionales cada vez más grandes. Y porque, cada año, después de aprender a querer a sus alumnos y a ser queridos por ellos, deben separarse de todos para empezar de nuevo el proceso de la conquista afectiva de otro grupo diferente.

Séptima rosa. Los docentes y las docentes tienen que soportar que quienes promulgan leyes para decirles cómo hacer mejor tu tarea tienen la osadía y el cinismo de empeorar las condiciones de su trabajo aumentado el número de los alumnos en el aula, endureciendo las condiciones de trabajo, cargando el quehacer  de estúpidas exigencias burocráticas y congelando o recortando un salario mediocre.

Octava rosa. Algunas familias entienden que el deber de los docentes y las docentes hacer toda la tarea que ellas no pueden, o no saben  o no quieren hacer en las casas. Y porque algunos padres y madres han perdido el rumbo y se han convertido en jueces, policías, espías o verdugos de quien deberían ser aliados y colaboradores estrechos. Se han olvidado de que todas las piedras que  tiran al tejado de la escuela caen sobre las cabezas de sus hijos e hijas.

Novena rosa. Los docentes y las docentes rescatan del contenedor de la basura de la sociedad palabras como dignidad, nobleza, respeto, esfuerzo, decencia y honestidad. Y tratan de vivirlas conscientes de que no hay forma más bella y más eficaz de autoridad que el ejemplo. Nunca se olvidan de que el ruido de lo que  son llega a  los oídos de los alumnos y alumnas con tanta fuerza que les impide oír lo que les dicen.

Décima rosa. Tienen que  tratar a todos por igual, aunque sean distintos y a todos de manera distinta aunque sean iguales. Saben bien que cada niño y cada niña trabajan de manera diferente como seres únicos, irrepetibles e irreemplazables que son. Sin embargo tienen que desarrollar un curriculum planteado desde la uniformidad de contenidos, métodos, evaluaciones y normativas.

Undécima rosa. Los docentes y las docentes  tienen cada día más presión social. Se exige de ellos que respondas a todas las necesidades de formación: para la paz, para el consumo, para la igualdad de los géneros, para la sexualidad, para el ocio, para la seguridad vial, para la convivencia, para la imagen, para los valores. Con  parecida formación y por el mismo sueldo.

Duodécima rosa. Nunca se acaba la formación. El conocimiento crece y se multiplica de forma exponencial, los alumnos cambian de manera acelerada, la sociedad se transforma sin cesar, el saber pedagógico se extiende y se acrisola, el  mundo digital se impone,  las instituciones se vuelven más complejas, el contexto y la historia  cargan de incertidumbres.

El homenaje debería ser universal y cotidiano.  Pero no está mal aprovechar este día como símbolo y como recordatorio. Pueden ser rosas, pueden ser libros, puede ser afecto. Cualquier cosa vale como tributo de reconocimiento.

En el Colegio de mi hija Carla, la Asociación de padres y madres ha tenido la hermosa idea de invitar a los niños y a las niñas a confeccinnnar posits de felicitación para la fecha. Mañana se producirá una lluvia multicolor que irá llenando las puertas y las paredes de sentimientos de gratitud, afecto y respeto a quienes tienen la compleja y delicada tarea de enseñar.

Debería generalizarse e intensificarse este tipo de iniciativas que hacen conscientes a los alumnos y alumnas de la importancia que tiene la tarea que desempeñan en la sociedad sus profesores y profesoras.  Por eso esta docena de rosas para los docentes.

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El whatsapp de las mamás

1 Oct

Cómo no valorar las ventajas que nos ofrecen las tecnologías, cómo no aprovecharlas, cómo no sacarles el mayor y mejor partido. Sería estúpido que los riesgos que acarrea el mal uso, nos alejase de la adecuada utilización. Sería como tirar todos los cuchillos a la basura porque nos podemos cortar con ellos.

Sin embargo, no podemos dejarnos arrastrar como papanatas por experiencias novedosas sin discernir lo que tienen de bueno y de malo. Una gallina que con su pico se conectase a internet seguiría siendo una gallina. No se haría más inteligente ni más sociable por el hecho de estar conectada.

Sin embargo, no podemos dejarnos arrastrar como papanatas  por experiencias novedosas sin discernir lo que tienen de bueno y de malo. Una gallina que con su pico se conectase a internet seguiría siendo una gallina. No se haría más inteligente ni más sociable por el hecho de estar conectada.

Está claro que los grupos de whatsapp ofrecen la ventaja de estar conectados de forma rápida y simultánea a un colectivo de personas a quienes podemos ofrecer y de quienes podemos recibir información y entretenimiento. Pero encierra peligros. Comentaré algunos  que vengo observando desde hace tiempo en los grupos de whatsapp que forman las madres de los niños  y niñas  de una clase en los colegios  (o institutos) públicos y privados. La estupidez no tiene barreras.

Lo primero que quiero hacer notar es que esos grupos suelen ser exclusivamente de madres. No sé si porque disponen de más tiempo, porque tienen más apertura a la comunicación o porque están más cercanas a todo lo relacionado con la educación de los hijos e hijas. O por todos estos motivos y algún otro que desconozco.

No pasaré de puntillas sobre esta cuestión porque considero que es importante. El que sean las madres las únicas ocupadas y preocupadas por la relación con el Colegio dice mucho y bueno a favor de las madres y mucho y malo respecto al papel de la educación. Porque parecería deducirse de este hecho que si el asunto fuese verdaderamente importante serían los padres quienes estarían pendientes.

No quiero decir con esto que debería haber grupos de whatsapp formados por padres. Digo que los grupos podrían ser mixtos y digo que los padres no deberían estar al margen de los asuntos del Colegio. Si se feminiza un fenómeno, se devalúa. Y viceversa. No porque la mujer valga menos sino porque seguimos habitando una sociedad androcéntrica, sexista y patriarcal.

Creo que hay personas que utilizan el whatsapp con una dependencia enfermiza. Tienen siempre el móvil a mano  y miran la pantalla con obsesiva frecuencia. Los mensajes  pueden ser tan persistentes que no permiten hacer otra cosa. Esa actitud genera una servidumbre nociva.

Hay una dependencia desmedida del grupo de whatsapp de clase en otro sentido. Me refiero ahora  no a la frecuencia sino al poder. Sin que el grupo de su visto bueno, algunas mamás se sienten inseguras. Una noticia es veraz cuando circula por el wathsapp de forma generalizada.  Es más importante lo que dicen los integrantes del grupo que lo que dice el profesor.

– Así me quedo más tranquila, es la exclamación que genera estar al tanto a través del whatsapp.

No hay horario para el envío de mensajes. Puede sonar el aviso a las 2 de la mañana para preguntar si alguien sabe si los niños tienen que llevar una visera o un sombrero a la excursión de mañana. Y solo cuando la respuesta es visera, se produce la tranquilidad de estar en lo cierto. Es más importante lo que transmite el mensaje que lo que el niño prefiere.  Puede llegar un mensaje a las 6.30 de la mañana para preguntar si ese día hay clase.

En relación a los profesores y profesoras hay también algunos problemas. Una madre le pide a la tutora que se incorpore al grupo. Lo docente piensa que es lo único que le faltaba: acabar a una hora su trabajo y seguir conectada durante horas incluso de la noche. Otra madre le insta a la tutora de su hijos a que mande  información para dinamizar el grupo, ya que está poco activo.

Siempre hay una gurú que presume de estar al tanto de todo. Procura enterarse la primera de todas las novedades, presume de estar al tanto de las novedades y tiene canales rápidos y fa reconocida del grupo. Se siente con la responsabilidad de ras.era de todas las novedades, presume de estar al tanto de todo y áciles con las fuentes. Es una guía reconocida del grupo. Se siente con la responsabilidad de tener respuesta para todo. Si hay alguna duda ella se encarga de hacer la consulta y de difundir la respuesta. Así va ganando autoridad informativa.

– La que tiene que saber eso es fulanita, se dicen unas a otras.

También existen las que nunca se enteran de nada. El grupo es quien en este caso actúa como secretaria particular de esas mamás despistadas. Por no saber no saben ni cuando empieza el curso ni cuando termina ni cuando dan las notas, ni qué horas tienen de tutoría, ni qué día tienen ir disfrazados. Una buena amiga llevó a su hijo disfrazado de troglodita y lo tuvo al pobre todo el día en esa situación mientras el resto vestía su habitual uniforme…

– Hay que avisar a fulanita, que nunca se entera de nada, dicen las mamás.

Otro problema que se está generando es que las madres se están convirtiendo en las secretarias de los hijos. Ellas son las que piden una foto de la tarea que hay que hacer o de las páginas que hay que leer o del trabajo que hay que entregar.

– Mamá, llama a la mamá de fulanito para que te mande los ejercicios de mates.

El niño se despreocupa porque su madre le pondrá al tanto si olvida en el Colegio la libreta de las tareas. De esta manera no se responsabiliza de sus obligaciones. Su madre le sacará las castañas del fuego.

Cito en ocasiones a Holderlin cuando dice que los educadores forman a sus educandos como los océanos forman a los continentes: retirándose. Para que el continente aparezca las aguas tienen que retroceder. Lo que nos dicen los hijos a los padres y  a las madres es: Ayúdame a hacerlo solo.

Hay mamás obsesivas con algunas cuestiones: los piojos, la comida que se sirve en el comedor, la seguridad en el patio, la salud de su hijo. Los mensajes se multiplican de manera exponencial cuando aparece una información inquietante. Si el niño de una de esas mamás tiene fiebre, lanza en el whatsapp mensajes reiterados para ver si es su hijo solo el que está enfermo  o si se trata de una epidemia.  Se quedará más tranquila si no le ha pasado a su niño solo.

Otro asunto que acapara centenares de mensajes es la organización de los cumpleaños, sobre todo cuando se generaliza la costumbre de invitar a todos los niños y niñas de la clase. Invitaciones, regalos, citaciones… Un cumpleaños se convierte en una montaña de interacciones casi tan estresante  como las de una boda.

Sé que no todos los grupos son iguales y que no todas las personas dentro del grupo  actúan y reaccionan de la misma manera. Estoy  hablando de problemas genéricos que se extienden de forma imperceptible. Hay otras peculiaridades en los grupos de whatsapp dependiendo de la edad de los hijos y de las hijas. No sucede lo mismo en un grupo de infantil que otro de Secundaria.  Y ni nos imaginamos un grupo de madres de alumnos y alumnas universitarios.

Los rumores se generan a través de los whatsapp y corren como la pólvora. Si el tutor o un profesor cualquiera ha cometido un fallo, la velocidad y la intensidad de la comunicación es extraordinaria creando un clima adverso que es difícil desmontar. Algún profesor  ha  salido hecho puré de la trituradora del whatsapp.  Ojo: existen algunos peligros. Hay que evitarlos.

Una escuela para la paz

13 Ago

Escribo desde la hermosa ciudad de Pereira (Colombia) donde participo con dos conferencias en el XVII Encuentro Nacional de Docentes Directivos de la Escuela Oficial Colombiana. Lo organiza ASODIC, una Asociación de Directivos que, atenta al momento crucial de pos-conflicto  (algunos prefieren hablar de pos-acuerdo) que vive el país, ha decidido con acierto que el tema central del evento sea “Una escuela para la paz”.

Hay que hacer un mundo en el que quepamos todos y todas, que no sea el jardín de recreo de una pocos a costa del dolor gratuito y de la muerte prematura de los demás.Éxito en este apasionante reto para Colombia. Dejemos el pesimismo para tiempos mejores.

Todo el mundo sabe que el gobierno  colombiano está inmerso en un proceso de negociación con la guerrilla que, casi con toda seguridad, acabará con acuerdos definitivos para la abolición de la violencia armada. Mi aliento y mi aplauso. Hay que acabar con el horror. Recuerdo que, hace dos años estuve en la ciudad de Florencia (estado de Caquetá) donde me hablaron, todavía conmocionados, del secuestro de dos equipos de fútbol cuyos jóvenes jugadores aparecieron luego muertos disfrazados de guerrilleros, siendo declarado el hecho como un “falso positivo”. Aterrador. Los docentes cuentan atrocidades casi increíbles. Una directora me contó anoche durante la cena que su marido fue abatido con dieciocho disparos de los paramilitares. Dos hijos pequeños sin padre para siempre. Un infierno. En esta situación, todos acaban siendo víctimas del terror: los violentos que se envilecen, las víctimas que sufren y los testigos que aprenden miedo y dolor. De hecho, la escuela ha sido un testigo mudo del terror. El miedo ha tendido un manto de silencio sobre el conflicto, que no ha podido ser objeto de análisis en el curriculum. Qué decir de los niños y las niñas, atropellados por tanto odio, con los ojos inundados de imágenes horribles y los oídos llenos de historias de muerte.

El Gobierno, decía más arriba, está empeñado en cerrar las negociaciones de paz en las mesas de dialogo que se están celebrando en La Habana. Después de que se alcancen los acuerdos, que parecen inevitables, se celebrará un plebiscito sometiendo a la población el hecho y los contenidos de los acuerdos. No quiero ni pensar en que gane el no. Hay una encarnizada y poderosa  oposición a los acuerdos de paz encabezada por el anterior presidente Álvaro Uribe.

Recuerdo que hace años, cuando el presidente Zapatero inició, previa autorización del Congreso, la negociación con ETA, escribí un artículo que alguien amablemente le entregó, titulado “Adelante, señor Presidente”. Decía allí que ojalá pudiéramos contarle a nuestros hijos y nietos que lo que no consiguieron las armas lo había logrado la palabra, que lo que no se había alcanzado en el campo de batalla se había podido conseguir en la mesa de negociaciones. Decía también que nadie tiene más respeto a la víctimas que aquel que consigue hablar con los verdugos para que no haya ni una sola víctima más. Sin embargo, todos recuerdan las terribles críticas que la oposición dedicó al proceso de negociación que fue abortado por el atentado de Barajas.

Ya sé que se trata de casos distintos. Pero en todos estos procesos de negociación para alcanzar la paz, digo con el poeta: Malditas armas si no son las palabras. Por eso me parece que el momento que vive el país colombiano es de una extraordinaria importancia. Los docentes y los directivos van a tener un protagonismo decisivo en los tiempos de gestión del pos-conflicto (o del pos-acuerdo), en los tiempos de reconstrucción de la paz.

Decía que cada conflicto es diferente. Sus causas, su desarrollo y sus consecuencias. Y sé que el colombiano, que ya lleva desangrando el país más de medio siglo, es uno de los más complejos y virulentos del mundo.  Afortunadamente las conversaciones de La Habana están dando sus frutos y este Encuentro educativo al que asisto es un indicador de la esperanza de reconstruir la paz y acabar con tanto dolor, con tanto odio, con tantos muertos. El reto es formidable.

Sé que la negociación es verdaderamente intrincada porque hay muchas cuestiones entremezcladas de extraordinaria complejidad: la desmovilización de la guerrilla, la entrega de las armas, la reinserción de los guerrilleros en la vida civil y laboral, la redención de los delitos de sangre, la seguridad ciudadana, el respeto a las víctimas, el desarrollo de los acuerdos, la superación del odio…

Uno de los problemas que existe es el relacionado con los conceptos. ¿A qué llamamos paz? Porque la paz no es la simple ausencia de conflictos. En ningún lugar hay más paz que en un cementerio. Allí todo el mundo está en su sitio y nadie molesta a nadie. Pero no tenemos mucha prisa en que instalen allí nuestra morada.

Hay una paz tramposa que es preciso denunciar. Lo decía Galtug, uno de los principales teóricos sobre el tema: “Llamar paz a una situación en que impera la pobreza, la represión o la alineación es una parodia del concepto de paz”.

En versos contundentes lo explicaba Gabriel Celaya: ”Peor que la guerra, ¿qué?/¡La paz, la paz!/ Esa paz que suena a tiro/y que mata sin alarma”.

Hay otra visión empobrecida que es la que asocia la paz a la idea de tranquilidad. Decimos habitualmente cuando alguien nos incordia: “Déjame en paz”. Y cuando alguien muere, escribimos en su lápida: “Descanse en paz”. Parece claro que esa no es verdadera paz. Hay que andar con mucho cuidado con el lenguaje.

La paz no puede consistir solamente en la ausencia de conflictos armados sino que entraña, principalmente, un proceso de progreso, de justicia, de respeto mutuo entre la personas, los grupos y los pueblos. La paz es dinámica, luchadora, inconformista. No podemos hablar de paz mientras haya masacres, genocidios, atentados, sexismo, opresión, ignorancia, hambre, desempleo, trabajo infantil, prostitución, corrupción, abuso de menores, tráfico de órganos, secuestros, discriminación, amargas procesiones de refugiados, personas sin techo, niños y niñas sin educación…

En segundo lugar existe una falsa concepción de la estrategia para alcanzar la paz: no se puede entender que la paz se construya solo en las mesas de las comisiones negociadoras. La paz es una interpelación a cada persona, a cada escuela, a cada familia, a cada grupo humano… Si no  se compromete la ciudadanía, si no participan las personas, si no se siente interpelado cada individuo, no habrá verdadera paz.

En tercer lugar, me parece estupendo que los organizadores del Encuentro hayan puesto el epicentro de las soluciones en la educación. Porque es ahí donde está la clave de la solución de la construcción de una paz justa y verdadera. En la formación de una ciudadanía que sabe de valores, que los respeta y los desarrolla en la sociedad. Una ciudadanía que convierte en su lema de vida estas ideas: justicia, libertad, armonía, equidad, igualdad, dignidad, democracia, solidaridad, compasión, derechos humanos, desarrollo sostenible…Si las guerras nacen en la mente de las personas, es en la mente y en el corazón de las personas donde hay que colocar los baluartes de la paz.

Dice Federico Mayor Zaragoza: “Ganar la paz no significa solamente evitar la confrontación armada sino elaborar, con tesón y prudencia, los instrumentos que permitan erradicar las causas de la violencia individual y colectiva: la injusticia, la opresión, la ignorancia y la miseria, la intolerancia y la discriminación. Para ganar la paz hay que esforzarse por edificar un armazón de valores y de actitudes que modifiquen, a medio y largo plazo, tanto la conducta íntima como la social. Ganar la paz quiere decir consolidar la convivencia democrática en un nuevo empeño de tolerancia y generosidad que es, en última instancia, una tarea de amor”.

Tengo delante de mi el hermoso libro “Educar para la paz” de mi entrañable y ya desaparecido amigo Jesús Jares. Un educador que dedicó la vida a reflexionar y a trabajar por la paz. Ahora leo con emoción la dedicatoria que me hizo de su puño y letra, dedicatoria que me lleva a su amplia sonrisa y a su apasionado corazón de luchador por la paz. Dice en el libro: “La búsqueda de la paz es una tarea inacabada y  seguramente inacabable. Por ello la educación para la paz no es un lujo sino una  necesidad, un derecho-deber del educador”. Y yo añadiría: es un derecho-deber de cada persona.

Creo que es imprescindible que hagamos una transición progresiva de una cultura de guerra a una cultura de paz. Hay que hacer un mundo en el que quepamos todos y todas, que no sea el jardín de recreo de una pocos a costa del dolor  gratuito y de la muerte prematura de los demás. Éxito en este apasionante reto para Colombia. Dejemos el pesimismo para tiempos mejores.