La boa te está midiendo

12 Nov

He leído la reciente e interesante novela de Rosa Montero titulada “La carne”. Suelo, cuando leo,  tener una hoja en blanco en la que anoto el comienzo de una frase, de una anécdota, de un diálogo que me han llamado especialmente la atención. Y, al lado de ese comienzo, coloco una flecha hacia arriba, hacia abajo o en horizontal, para indicar en qué parte de la página se encuentra la cita. De esa manera, cuando termino el libro o algún tiempo después de haberlo leído, y quiero localizar una cita, puedo hacerlo con suma facilidad acudiendo a mis notas. Cuando no lo hacía así, me veía obligado a recorrer el libro hacia delante y hacia atrás en busca de la referencia, con  un esfuerzo largo y, a veces, baldío.

Solo esperará a tener un tamaño suficiente para engullir a su víctima. Una gran desgracia para el cuidador, pero una enorme tragedia para quien se ha convertido en un monstruo al calor de sus cuidadores.

Pues bien, leí una historia en el libro de Rosa Montero que me estremeció. La he localizado sin pérdida de tiempo en la página 188, parte superior. Dice así.

“Recordaba ahora Soledad aquella historia que le contaron años atrás de un niño de Perú que tenía una boa como mascota. El chico había incubado el huevo él mismo, había viso salir a la serpiente de entre las cáscaras y le tenía un comprensible aprecio. El joven reptil dormía con el niño en la cama, aprovechando su calor. Pero, curiosamente,  todas las noches antes de enroscarse, la boa se estiraba todo lo larga que era y permanecía muy quieta y muy rígida durante unos segundos junto al pequeño. Nadie sabía por qué hacía eso, hasta que un día acertó a pasar por allí un zoólogo. “La boa te está midiendo –le dijo al niño-. Cuando sea más grande que tú, te comerá”.

Quiero que esta inquietante historia me sirva para plantear algunas ideas sobre la educación. Pienso en los hijos caprichosos, malcriados, consentidos, que acaban devorando a quien los crió, a quien los alimentó, a quien les dio cobijo y calor. El niño peruano habría tenido un triste final si no le hubieran advertido a tiempo del peligro que corría y hubiera hecho caso omiso de la crucial advertencia.

Me remito al libro de Javier Urra “El pequeño dictador. Cuando los padres son las víctimas”, que  tiene este preocupante subtítulo: “Del niño consentido al adolescente agresivo”. Ahora ha tenido una nueva edición con el título “El pequeño dictador crece”. En esos libros aparecen muy fundamentadas las advertencias del zoólogo.

Creo que los padres y madres que dejan a sus hijos a su completo albedrío, que los sobreprotegen, los defienden de sus tropelías y desvergüenzas, están alimentado a una boa que acabará devorándolos. En primer lugar a ellos, porque son quienes están más cerca, con quien tienen más contacto, con quien conviven cada día.

Me contaban no hace mucho tiempo el caso de un joven cuyos padres son convocados a una reunión con el tutor porque su hijo había insultado gravemente a una profesora. Cuando se sientan en el despacho del tutor y éste es informa de lo sucedido, lo primero que dicen es lo siguiente:

–    Eso es mentira. Nuestro hijo nunca nos engaña. Y él lo niega. Eso no es verdad. El problema está en que la profesora, como é dice, le tiene una manía enfermiza.

¿Puede alguien en su sano juicio,  a excepción de estos progenitores permisivos, ver las cosas de ese modo? ¿Qué interés puede tener la profesora en inventarse esos hechos? Sin embargo, es fácil suponer los intereses que esconde el chico con su negativa. Lo ve un ciego. Lo ve todo el mundo, menos el que no lo quiere ver.

En el mismo centro de Secundaria un alumno se niega a sacar el libro como ha pedido la profesora. Dice que no le da la gana. Llega la Jefa de estudios al rescate y le hace la misma petición con similar resultado. Acude el Director que formula la misma exigencia y consigue idéntica respuesta. Llaman a la madre, que se queda unos minutos a solas con el hijo en el aula. Al cabo de un rato sale diciendo que ha convencido a su hijo para que saque el libro. Cuando le preguntan cómo lo ha conseguido, les dice a los docentes:

–           Le he prometido que, si lo hacía,  le iba a dejar jugar con la Nintendo toda la tarde.

Es decir que por haber desobedecido y desafiado a la profesora, a la Jefa de estudios y al Director,  por haberla hecho venir desde la casa, por haber provocado una situación negativa ante todos los compañeros y compañeras, el “señorito” va a tener un premio: va a jugar toda la tarde con su Nintendo.

No se puede consentir todo lo que hacen, permitir todo lo que dicen, conceder todo lo que piden, comprar todo  lo que desean. Dice María Jesús Álava en su libro “El NO también ayuda a crecer”: “Es importante que, desde el principio, los acostumbremos a no darles todo aquello que nos piden, aunque económicamente no nos suponga problema. Los niños deben valorar las cosas, aprender a esperar, a soñar, a desear lo que quieren, a esforzarse por conseguir lo que anhelan y… a no frustrarse cuando no lo pueden obtener. De otro modo empiezan por no darle  valor a las personas”.

Hay muchas formas, por acción y por omisión, de hacer que la boa que está a nuestro lado vaya creciendo y preparándose para acabar con quien la protege y la cuida.

Alimentar la boa es no imponer limites, no establecer  y exigir el cumplimiento de normas, no demandar responsabilidades.

Alimentar la boa es sobreproteger  a los niños y a las niñas, hacer las cosas por ellos, pensar por ellos, decidir por ellos, responsabilizarse de ellos y por ellas.

Alimentar la boa es pasar por alto las insolencias, las malas respuestas,  los malos modos, los gestos violentos, las amenazas o las  faltas de respeto.

Alimentar la boa es disculpar su desobediencia, no corregir sus malos modos, consentir sus caprichos, sus agresiones, su pereza, sus malos comportamientos.

Alimentar la boa es reír sus gracias faltas de respeto hacia los demás, disculpar todas sus groserías y faltas de urbanidad.

Alimentar la boa es  hacerles creer que solo tienen derechos y no obligaciones, que solo pueden hacer peticiones  exigentes pero no donaciones generosas.

Alimentar la boa es aceptar su pereza para levantarse, para estudiar, para colaborar en las tareas de la casa, para ayudar a los demás.

Alimentar la boa es acceder a todos sus caprichos y exigencias, a todas sus peticiones y deseos, a todas sus  reclamaciones y súplicas.

Alimentar la boa es dar premios por toda buena acción, por cualquier buena nota, por el más pequeño esfuerzo, casi hasta por respirar.

Alimentar la boa es ir recogiendo la ropa que van tirando, ir limpiando servilmente lo que van ensuciando,  ir ordenando lo que abandonan en cualquier parte.

Alimentar la boa es convertirse en sus vasallos, en sus recaderos, en sus taxistas, en sus secretarias, en sus criadas, en sus abogados defensores.

Podría seguir, pero cada uno de mis lectores y lectoras está en condiciones de hacer una lista mucho más larga que esta. La boa, crecida y alimentada, acabará devorando con insensibilidad, egoísmo, desamor y crueldad a quien la ha alimentado, cuidado y protegido durante años. Solo esperará a tener un tamaño suficiente para engullir a su víctima. Una gran desgracia para el cuidador, pero una enorme tragedia para quien se ha convertido en un monstruo al calor de sus cuidadores.

Permitidme la osadía

24 Sep

Acaso sea un tic de profesor. La servidumbre de tener en la mano un bolígrafo que corrige las faltas y los errores en los trabajos  y tesis de sus alumnos y alumnas. Voy a tener la osadía de recordar a los lectores y lectoras algunas cuestiones de estilo que probablemente ya conocen. Perdonad el atrevimiento.

Resulta apasionante perderse en la selva del lenguaje. Por cierto, se pierde uno fácilmente. Cuántas dudas, cuántos interrogantes, cuántas sorpresas…

Estilo es precisión. Escribir o hablar bien no es solo una cuestión de elegancia lingüística sino de rigor conceptual. Expresarse correctamente, de forma hablada o escrita, es un modo de expresarse fielmente.

Me sorprende y me molesta que algunos anuncios sobre enseñanza de idiomas prometan al aprendiz dominar un idioma en 15 días. Una mentira solemne. Creo que hace falta toda una vida  (una vida larga e intensa) para asomarse a la complejidad de un idioma. Solo para asomarse, no para dominarlo.

Resulta apasionante perderse en la selva del lenguaje. Por cierto, se pierde uno fácilmente. Cuántas dudas, cuántos interrogantes, cuántas sorpresas…

Tengo unos cincuenta libros en mis estanterías relacionados con el lenguaje. Frecuentemente recurro a ellos.  Por curiosidad, por interés, por necesidad: “Libro de estilo”, de El País y del ABC; “Gramática complicada”, de Álex Grijelmo; “El dardo en la palabra”, de Lázaro Carreter; “Diccionario panhispánico de dudas” (833 páginas) de la RAE  y de la AALE; “Ortografía práctica española”, de Samuel Gili Gaya;  “La lengua viva” y  “La perversión del lenguaje”, de Amando de Miguel; “Cómo escribir bien. Ortografía y temas afines”, de Jesús Mesanza; “Dándole a la lengua”, de Julio Samoano y David Álvarez; “Escafurcios y palabros. Diccionario de abuso de la lengua española”, de Mariano de la Banda; “Compendio ilustrado y azaroso de todo lo que siempre quiso saber sobre la lengua castellana”, de la Fundación del Español Urgente; “Diccionario enciclopédico inútil” (737 páginas), de Manuel Díez de los Ríos…

No voy a seguir para que el artículo no se convierta en un catálogo de títulos. Yo mismo coordiné hace años con dos colegas de la Facultad de Ciencias de la Educación un “Libro de estilo para universitarios”, que ha tenido amplia difusión. Siempre me ha apasionado el lenguaje. Porque es el camino por el que transitamos a la mente y el corazón de los demás.

Recogeré a continuación algunos errores (y sus correspondientes formas correctas) que he visto utilizar con frecuencia en los trabajos que he corregido, en los comentarios del blog y en los textos que leo (conversaciones que oigo) cada día.

  1. Sobretodo y sobre todo. Hay muchas personas que utilizan la palabra sobretodo (junto)  en lugar de sobre todo (separado), sin caer en la cuenta de que un sobretodo es un abrigo o impermeable, cuando lo que quieren decir es  principalmente,  especialmente.
  2. Estar reunido y estar en una reunión. He oído miles de veces cuando pregunto por alguien la respuesta “está reunido o reunida”. Estar reunido es tenerlo todo unido. Quienes así contestan pretenden decir que la persona por la que se pregunta está en una reunión.
  3. Debe de y debe. Personas cultas, incluidos periodistas y profesores, utilizan de forma equivocada ambas expresiones. Daré una regla que permite utilizar siempre la forma correcta. Cuando hay obligación se utiliza debe, cuando hay duda se emplea debe de,  El tren debe pasar a las 8 (es su hora).
  4. En profundidad y con profundidad. Estudiar un tema en profundidad es estudiarlo en el metro o en un pozo. Otra cosa es estudiar un tema con profundidad o profundamente.
  5. Infinitivo viudo. Se llama así al infinito que no va acompañado del imprescindible verbo auxiliar. Por ejemplo, cuando se dice o escribe “Terminar diciendo…” debería decirse o escribirse: “Quiero terminar diciendo…” o “Deseo terminar diciendo—”.
  6. Detrás de mí, no detrás mío. Mío es un posesivo. No tiene sentido decir detrás mío. Hay que decir detrás de mí.
  7. Si no y sino. Hay que distinguir la condicional (si no te esfuerzas, no aprenderás) de la conjunción adversativa (no es osado sino cobarde). También existe el sustantivo sino como sinónimo de destino o fatalidad.
  8. Porque, por que,  por qué, porqué.  Porque es una conjunción causal siempre átona que se emplea para encabezar las respuestas. La expresión por que tiene dos formas. Una está compuesta por la preposición por y el  pronombre relativo que. Esta forma se identifica porque podemos anteponer un artículo al relativo. Otra está compuesta por la preposición por y la conjunción subordinante que. Podemos identificarla sustituyendo la frase que introduce que por el pronombre eso. Por qué es una forma compuesta por la preposición por y el interrogativo o exclamativo tónico qué. La utilizamos para introducir oraciones interrogativas o exclamativas. Porqué es un sustantivo masculino que equivale a causa, motivo, razón.  Suele estar precedido por un artículo.
  9. Imperativo e infinitivo. Se usa frecuentemente de  forma incorrecta. Se dice de forma equivocada “callaros” en lugar de “callaos”.  En el título de este artículo hubiera sido un error escribir Permitirme la osadía.
  10. Statu quo, no status quo. De la misma manera se dice modus vivendi y no modus vivendis, modus operandi y no modus operandis, stricto sensu y no strictu sensu.
  11. Grosso modo, corpore insepulto, motu proprio. No llevan nunca las preposiciones que se suelen anteponer: a o de. No es correcto decir a grosso modo, de corpore insepulto o de motu proprio.
  12. Doceavo, duodécimo. Una cosa es un número fraccionario (doceava parte) y otra un ordinal (puesto duodécimo)
  13. A nivel de. En castellano no hay más pasos a nivel que los de los ferrocarriles.
  14. En base a. La expresión  no es correcta. Los envases en castellano son los de las botellas.
  15. Ha habido y han habido. He oído muchas veces a periodistas y locutores decir: “Han habido muchas personas en el entierro..”.  Es incorrecto utilizar el plural.
  16. Dijiste y dijistes. No es correcto decir dijistes, con una ese que daña la vista o el oído.
  17. Confrontar y comparar. El verbo confrontar no significa disputar, pelear  sino comparar o cotejar.
  18. En torno y entorno. El entorno es lo que rodea, el ambiente. No se puede confundir con la expresión en torno a, que quiere decir alrededor de,  acerca de, aproximadamente.
  19. Temas a tratar. Es un galicismo. Hay que decir “temas que se van a tratar” o “temas por tratar”.
  20. Puntual y concreto. Hay quien utiliza puntual para referirse a un caso concreto, particular, único. Y no. Puntual es  el que llega a la hora.
  21. Ganar de y ganar por. Es habitual oír en las retransmisiones de baloncesto; “El Real Madrid gana de…”. La preposición correcta es por. Debe decirse: “El Real Madrid gana por…”.
  22. Tema y temática. No son lo mismo. Tema es una proposición o texto  que se toma por asunto de estudio. Temática es un conjunto de temas parciales. Lo mismo sucede con problema y problemática.
  23. Ipso facto. Significa “por el hecho mismo” y no “en el acto” o  “inmediatamente”, aunque muchas veces se use así.

Cuando llego aquí me doy cuenta de que he sobrepasado mi espacio.  Y no había empezado. Otra vez será.

Quiero cerrar el artículo diciendo que hay que distinguir lo correcto y lo adecuado. Conceptos relacionados pero que no coindicen exactamente. Hay palabras y expresiones correctas que, en ocasiones no son adecuadas. En otras circunstancias, lo adecuado es lo incorrecto. Tarea casi infinita la de dominar una lengua.

Una institución contrahegemónica

12 Mar

La compleja tarea de la escuela se  complica por la gran  influencia sobre los individuos de otros agentes, en especial los medios de comunicación y el mundo de la publicidad. Obsérvese que es más fácil filmar (y me refiero ahora exclusivamente a los aspectos técnicos) la guerra que la paz, el tener que el ser, la mentira que la verdad, la apariencia que la esencia, el éxito que el fracaso, la traición que la lealtad… El clima que se genera, la cultura que se alimenta a través de contenidos y estrategias de comunicación, desde mi perspectiva, es preocupantes desde la esfera de los valores.

Es difícil desarrollar los procesos educativos en un clima tan adverso. Creo que la escuela debe ser hoy una institución contrahegemónica.

Ya sé que los medios ofrecen a las audiencias lo que éstas quieren, esperan y desean recibir. La cultura se retroalimenta en un círculo vicioso que es difícil de romper. Los poderes políticos, económicos, publicitarios, sociales… sirven a la cultura dominante.

Desde la cultura neoliberal en que estamos inmersos, desde la filosofía que los medios airean y propugnan, se puede elaborar una jerarquía de valores que tiene los siguientes ejes:

Filosofía del éxito: El éxito se presenta como un sinónimo de la felicidad. Sólo el que triunfa, “triunfa”.  El prestigio en las diversas áreas (económica, intelectual, política, social, etc.) consiste en llegar al éxito. El nivel de aspiraciones se fija, por consiguiente, en los ganadores, los premiados, “los grandes”, triunfadores, los héroes, etc. En quienes acaparan la atención de los medios de comunicación. Los espacios deseables son los del podio.

Filosofía de la competitividad: “El ser más que…”, “tener más que…”, “ganar más que”… son claves del comportamiento humano que presentan los medios. Escalafones, concursos, oposiciones, galardones, campeonatos, competiciones… Se trata de medirse con los demás. Y de ganar. Nada se entiende sin competir y sin ganar.

Filosofía del individualismo: “Cada uno a lo suyo”, “sálvese el que pueda”, “al que Dios se la da, San Pedro se la bendice”… Estos son los lemas de la cultura en la que estamos inmersos. Cada uno ha de mirar por lo suyo, por sus intereses, por sus beneficios, por su bienestar… Cada uno tiene que hacer lo posible por su comodidad, por su enriquecimiento, por su tranquilidad… Cada uno ha de afrontar la vida luchando contra los demás. Los héroes individuales, los francotiradores, encuentran un eco fácil en los medios de comunicación social.

Filosofía del relativismo moral: Para buscar el propio interés, para ganar a los otros, para perseguir el enriquecimiento, la fama o el poder, “vale todo”…  ¿Quiere tener más dinero que nadie? Vale todo. ¿Quiere alcanzar más poder que nadie? Vale todo. ¿Quiere tener más fama que nadie? Vale todo.

Filosofía de la cuantificación: Es insistente la referencia a los aspectos cuantitativos de la realidad: la cantidad de dinero que se gana por un trabajo, el número de muertos en el fin de semana, la cantidad de petróleo importado, el número de coches vendidos, el número de viviendas desocupadas… Todo se baraja a través de las cifras. La realidad se analiza bajo el prisma del número. La persona se valora con el patrón de  de la cantidad.

Filosofía de la utilidad: Personas, actividades y cosas son interrogadas automáticamente: ¿para qué sirve? Se valoran los comportamientos, las elecciones y las propuestas desde el plano del rendimiento y la eficacia. ¿Qué ventajas tiene?, ¿cuánto produce?, ¿para qué vale?, ¿cuánto se gana?…

Filosofía del consumo: La escalada de las necesidades insatisfechas nunca llega a su techo. Alimentos, vestidos, bebidas, objetos… Se inventan necesidades que luego habrá que satisfacer para que den paso a nuevas necesidades que favorezcan el consumo. Incluso se hacen objeto de consumo las personas a través de una erotización intensa…

Filosofía de la apariencia: La apariencia es frecuentemente presentada como la realidad misma. Sin ninguna invitación a penetrar más allá de la simple fachada de las cosas, de las situaciones, de las personas. Piénsese en la “vida” que se presenta al espectador televisivo: casas perfectas, aparatos maravillosos, gentes encantadoras, bellezas sin sombras, eficacia absoluta… El diseño, las marcas, la moda, rigen muchas elecciones de las persona.

Filosofía de la prisa: Hay que hacer muchas cosas, hay que perseguir muchas metas, hay que realizar muchos encuentros, hay que hacer muchos viajes… En definitiva, hay que ir de prisa. Hay que aprovechar el tiempo: viajar, comer, leer rápidamente. Todo es urgente.

Filosofía de la provisionalidad: El presentismo es cotizado como un valor de alto grado en la jerarquía axiológica. Lo que cuenta es el momento presente. “Esto me interesa ahora”, “esto va muy bien por ahora”, “aquí se está muy bien en este momento”…

Filosofía del sentimiento: El comportamiento se apoya más en sensaciones que en razonamientos. La pregunta fundamental no es tanto qué debemos hacer, cuanto qué nos apetece hacer, qué nos gusta hacer. El área de la sensibilidad se desarrolla más que el de la razón. Tiene más fuerza lo que se siente que lo que se piensa.

Filosofía de la posesividad: “No renunciaré” se convierte en un lema,  en un estilo de vida. Incluso aquello que los imperativos naturales nos vetan es considerado por el individuo como una “castración” de aspiraciones.  No renunciar a nada es una actitud generalizada, que echa sus raíces con profundidad y esparce la fronda en extensión.

Filosofía de la violencia: Las cosas se arreglan por la fuerza, los conflictos se solucionan a través del poder  La  vida de las personas  se somete a la fuerza de quien no tiene escrúpulos. En la televisión se contemplan miles de golpes, de asesinatos, de extorsiones. Dostoievski empleó quinientas páginas para describir un crimen. En la televisión se pueden ver cientos en pocos minutos.

Los medios tienen una fuerte capacidad de persuasión. Proponen modelos seduciendo. La técnica se pone al servicio del convencimiento. Música, imagen, palabra y acción dramática son manejados por algunos expertos ante públicos analfabetos en el lenguaje icónico. La magia de la imagen en movimiento se utiliza sin contemplaciones para la captación de espectadores, para la promoción de intereses comerciales, para el adoctrinamiento utilitario.

La frontera entre lo real y lo ficticio genera unas complejas reacciones intelectuales y emocionales. Si alguien entra en la casa y encuentra el televisor encendido en el que se contemplan unos disparos, necesitará contextualizar el programa para saber si se trata de una película o de una filmación en directo.

Frente a este modo sutil y engañoso de influencia está la escuela argumentando y proponiendo modelos por la vía de la reflexión y del compromiso. Inmersa en esa cultura que he descrito, la escuela tiene, a mi juicio, el reto y la obligación de ir contracorriente.

Hoy nos invade la cultura neoliberal que gira sobre los ejes que he descrito. Es difícil desarrollar los procesos educativos en un clima tan adverso. Creo que la escuela debe ser hoy una institución contrahegemónica.

Cumplimiento

7 Nov

Uno de los profesores que más me ha influido, siendo yo alumno de la Universidad Complutense, fue el catedrático de Didáctica y Organización Escolar Miguel Fernández Pérez. Él repetía, con la sorna que el asunto requiere, que quienes alardean del mero cumplimiento de las obligaciones docentes, lo que en realidad sostienen es el siguiente lema: yo cumplo y miento.

¿Cuál es la solución? No los incrementos económicos o los descuentos por tarea bien o mal realizada. Este sería un aliciente para los más avaros, no para los más necesitados. Un sistema lleno de trampas. Me preocupa la concepción de escuela que subyace a esas propuestas que hoy están circulando por el sistema educativo como un reguero de pólvora.

Comparto su diagnóstico. Me estoy refiriendo a esos profesionales que aman la ley del mínimo esfuerzo, que miran el reloj con un alarde de precisión para entrar y para salir, que se limitan a cumplir lo establecido, más en letra que en espíritu. Se saben de memoria la ley. Y tratan de no quebrantarla. Ni un poco más, ni un poco menos. Lo estrictamente ordenado. Un cumplimiento sin alma.

No llegan nunca tarde, pero nunca prolongan ni en un segundo el trabajo reglamentado. Si un padre se acerca al Colegio sin haber pedido cita, aunque pueda atenderlo, le dirá que vuelva otro día ya que ha terminado la jornada laboral. Si un alumno formula una cuestión o plantea un problema después de tocar el timbre, prefiere aplazar la contestación al día siguiente. Si se plantea una reunión fuera del horario escolar, alegará cualquier tipo de quehaceres y obligaciones para no asistir.

– Para esto me pagan y esto hago.

Unos dicen que para lo que les pagan bastante hacen y otros que para lo que hacen bastante les pagan. Círculo perverso que hay que romper.

Los devotos del cumplimiento (instalados en la “tristeza cómoda de la mediocridad”) Imparten sus clases, examinan a sus alumnos y manejan el componente de atribución explicando el fracaso de los aprendices por causas que nunca les atañen directamente: los alumnos son torpes, son vagos, están desmotivados, no tienen técnicas de estudio, no están preparados, tienen problemas, están absorbidos por las redes sociales, viven en el seno de familias desaprensivas, están distraídos …

Los argumentos en que basan este planteamiento tan estricto es que nadie te va a pagar el trabajo extra que realices y nadie te va a agradecer el esfuerzo suplementario. También argumentan que no es bueno acostumbrar a superiores y a los súbditos a esa generosidad gratuita. Porque luego se convierte en una obligación.

– Si luego no lo haces, te lo echan en cara, dicen.

Piensan que hacer más de la cuenta se convierte en una trampa, porque luego no encuentras el límite preciso. Como si la costumbre de hacer regalos te convirtiese en un imbécil. “Era tan tonto, tan tonto, que parecía bueno”, lleva por título una obra de teatro que está en las tablas en estos días.

¿Por qué hablar de pasión, de compromiso, de entusiasmo, de generosidad, de alegría en el trabajo? Se trata de conceptos engañosos cuando se pretende cumplir con las obligaciones profesionales.

Tomarse las cosas muy a pecho, llevar trabajo para casa, convertir en preocupaciones lo que han de ser meras ocupaciones, son estrategias equivocadas que acaban llevando al profesional a tener una vida cargada de ansiedad y de estrés.

– Las cosas hay que tomarlas con calma, porque nadie te va a dar un premio por vivir ajetreado.

Esa postura se convierte en críticas irónicas respecto a aquellos profesionales que se dejan el pellejo por hacer que las cosas funciones en la institución. Y dedican dardos afilados a quien tiene otra forma de comportamiento:

– ¿Vas a heredar la escuela?, ¿te van a poner tu nombre a una calle?. ¿te van a hacer un monumento a la entrada?, ¿te van a dar la tiza de otro?…

No les gustan quienes se entregan en cuerpo y alma. Porque les dejan en evidencia. Y les achacan ambición y deseos de sobresalir. Como no ven explicaciones razonables para el esfuerzo de sus colegas, les atribuyen intenciones torcidas:

– Quiere sobresalir, quiere adular a sus jefes, quiere que le llamen para concederle un cargo…

Si la edad de la persona apasionada es corta, el amante del cumplimiento (del cumplo y miento) dirá que ese joven está muy verde, que no se ha enterado y que ya le irá abriendo los ojos la dura realidad. Si la edad es elevada, el adocenado dirá que es tan tonto como cuando era joven y qué parece mentira que, con los años que tiene, no haya aprendido a ejercer la profesión de manera inteligente.

Explica a quien quiera oírle que no hay que regalar horas a la Administración. Si quieren más horas, que las paguen. No piensa que son horas para los niños y las niñas, casi siempre para lo más necesitados de ayuda.

Los amantes del mero cumplimiento son calculadores de extraordinaria precisión. Saben las horas y minutos exactos de su dedicación, conocen al dedillo todos sus compromisos profesionales. Y los cumplen con precisión matemática, pero sin alma.

Donde creo que estos personajes son más cicateros es en la entrega de entusiasmo, de ilusión, de pasión, de afectos. Eso no está prescrito. Eso no tiene contador. Estoy describiendo a los profesores mercenarios, es decir, aquellos que ponen en una balanza las horas estrictas de dedicación y esperan que aparezca en la otra el sueldo correspondiente al final de mes. Horas por dinero, eso es todo.

Puede ser que estos docentes hayan comenzado así su trayectoria. Quizás se encontraron en la profesión por azar o por necesidad, no por decisión elaborada y querida. También puede ser que hayan comenzado de manera entusiasta y apasionada pero que la realidad les haya derribado de manera brusca o paulatina. Contextos adversos, directores tóxicos, dificultades imprevistas, fracasos dolorosos, rutinas desmotivadoras, leyes perversas, burocracia estúpida… Y, al final, el desaliento, el adocenamiento, el mercenariado.

No creo que sean muy felices. O eso supongo. Porque esa forma de vivir la profesión no es gratificante. Es una forma de ganarse la vida, no una forma de ganar la vida de los otros. Es casi imposible que esa actitud que rehúye el esfuerzo, que mata el sentimiento, que destruye la ilusión sea una fuente de alegría. Es triste, no se puede negar. Porque esa actitud cicatera no lleva al abandono de la profesión sino qye obliga a arrastrarla penosamente. Es como matar la alegría a fuerza de pasividad, destruir la ilusión a golpes de pereza, acabar con el optimismo a base de tedio. El problema es que esta profesión no se puede ejercer dignamente sin pasión, sin ese estado enardecido del ánimo que nos hace sentir y disfrutar.

Que nadie piense que estoy describiendo en estas líneas al docente común. (Estimado José Antonio, el diplodocus está muy despierto, como tú mismo reconoces en tantas experiencias de las que hablas en tu tu libro). Estoy hablando (así lo creo) de casos excepcionales. Y lo hago no para desprestigiar al gremio sino para tratar de dignificarlo. Porque esos profesionales no solo se hacen daño a si mismos y a los alumnos y alumnas, se lo hace a la profesión.

¿Cuál es la solución? No los incrementos económicos o los descuentos por tarea bien o mal realizada. Este sería un aliciente para los más avaros, no para los más necesitados. Un sistema lleno de trampas. Me preocupa la concepción de escuela que subyace a esas propuestas que hoy están circulando por el sistema educativo como un reguero de pólvora. La solución está en la buena selección, en la buena formación, en la dignificación de la profesión, en la mejora de las condiciones y (para quienes ya están) en el trabajo en equipo, en el compromiso de toda la comunidad (familias, profesorado, alumnado, directivos, sociedad…) y en una evaluación conducente a la mejora y no a la entrega de premios y castigos.

Nexos causales tramposos

1 Ago

Estar educado es desarrollar el pensamiento crítico. Estar educado, decía Paulo Freire, es pasar de una mentalidad ingenua a una mentalidad crítica. Estar educado es generar en la mente detectores de mentiras. Cuando una persona está educada es difícil darle gato por liebre. Está ojo avizor y sabe descubrir los engaños y las trampas, por muy sofisticadas que sean.  Por eso digo que educar es ayudar a que la mosca salga del cazamoscas.

Cuando a un saltamontes se le cortan las patas, no oye.

En la política se emplean muchas trampas, muchas argucias, muchas falacias, muchas mentiras para conseguir ganar el apoyo de los electores y alcanzar (o mantenerse en él si ya se tiene) el poder. Lo explican Daniel Klein y Thomas Cathcart en su excelente libro “Aristóteles y un armadillo van a la capital”, que lleva como aclaración este significativo subtítulo: “Cómo detectar las mentiras de los políticos con humor”. Ojo, no digo que todos los políticos mientan. Y que mientan siempre. No. Algunos lo hacen y otros no. Algunos lo hacen unas veces y otras no.

Estoy harto de ver cómo se manipulan en el discurso político  dos procesos complementarios de análisis, como son el de comprobación y el de atribución. En efecto, una cosa es comprobar, que no es tan fácil como parece, y otra atribuir, que es más complicado todavía. Pues bien, estoy literalmente harto de oír al señor Rajoy (lo repite sin cesar en unos foros y otros), venga o no a cuento) una argumentación interesada y tramposa acerca de la situación económica española y concretamente, acerca de la destrucción y creación de empleo. Argumentación que se recrudece en tiempos electorales.

El señor Rajoy se ha aprendido un discurso que suelta con ocasión y sin ella. Lo repetiré casi con palabras exactas. “Con políticas de ocurrencias se perdieron tres millones de empleos, pero con políticas serias se ha conseguido enderezar el rumbo y empezar a crear empleo. Hay que seguir con estas políticas y no volver  a las que nos llevaron al desastre”. Así de claro, así de sencillo… y así de falso.

Creo que piensa que, si lo repite muchas veces, los ciudadanos (adversarios, simpatizantes y fieles) acabarán por creerlo. Hasta he llegado a pensar que él mismo ha acabado creyéndoselo.

Parte la trampa de la utilización tendenciosa del nexo de causalidad. Una cosa es comprobar y otra, muy diferente, atribuir. En los dos procesos puede haber escaso rigor. Y, en algunos casos, mucha indecencia.. Pensemos en el nivel de desempleo. Hace falta rigor para comprobar cuál es la situación que vive el país. No es tan sencillo como parece.  En esta parte puede haber trampas. Se puede considerar como pleno y perfecto empleo lo que solo es empleo precario o empleo temporal o empleo  estacional o empleo amenazado, o empleo humillante…  Se puede hacer el cómputo en un momento u otro, en un lugar u otro… A nadie se le oculta que, al confeccionar una estadística de empleo se pueden utilizar criterios de muy diferente índole. Algunos de ellos, interesados.

Hay otro momento  más delicado que llamaré de atribución. Se trata de explicar por qué las cosas son así. Es decir, cuáles son las causas que han conducido a la situación actual. Y las consecuencias. Aquí también puede haber trampas. Volviendo al caso del empleo o desempleo, se trata de explicar por qué motivos, qué causas han llevado a los actuales efectos.

Para el señor Rajoy no hubo una crisis económica sin precedentes, no hubo una burbuja inmobiliaria (y, si la hubo, no hay que preguntarse quién la creó),  no hubo otros países que vivieron unas situaciones críticas, no hubo una subida escandalosa del petróleo, no hubo un dramático descenso  de la confianza… Para el señor Rajoy hubo una política de ocurrencias impulsada por un partido político que, casualmente, es su adversario político. Y ahora no hay un viento favorable que impulsa la economía, no hay bajada espectacular del precio del petróleo, no hay enriquecimiento de los más ricos y empobrecimiento de los más pobres… Ahora solo hay políticas serias.

Con lo cual se llega  a la conclusión de que quien no vote al señor Rajoy es un imbécil que quiere que se siga destruyendo empleo y no está por la labor de apoyar a políticos serios que ponen en marcha políticas inteligentes  que llevan a la salvación. ¿Cómo puede haber un solo ciudadano que no le vote? ¿Cómo puede haber una sola persona que se apunte a las políticas de ocurrencias? Quién es el tonto o el irresponsable que prefiere el desastre a la salvación?

No es tan sencillo, no es tan simple, no es tan diáfano como dice el señor Rajoy. No es que antes gobernasen los tontos y los malos y ahora los listos y los buenos. No es que antes gobernasen los irresponsables y ahora los serios, antes los torpes y ahora los listos.

Explicaré lo que hasta ahora he dicho con una pequeña historia sobre los procesos de atribución, sobre estas trampas que, como fácilmente se verá, no tienen que ver solo con el rigor sino que están penetradas de ética.

Una persona tiene un saltamontes en la mano y le dice, indicándole la otra mano:

– Saltamontes, salta.

El saltamontes salta a la otra mano ágilmente. Y, cuando se encuentra en ella, le vuelve a decir:

–       Saltamontes, salta.

En ese momento le arranca todas las patas (ojo, se trata solo de una historia)  y, cuando, ha terminado, le vuelve a ordenar al saltamontes con tono imperativo:

–       Saltamontes, salta.

Pero ahora el saltamontes se queda inmóvil y silencioso. El experimentador saca la siguiente conclusión: Cuando a un saltamontes se le cortan las patas, no oye.

Claro que se puede llegar a esta conclusión. Parece que está cargada de lógica. Como el saltamontes se queda quieto, me invento el nexo de causalidad y lo atribuyo a que el saltamontes, al cortarle las patas, pierde también el oído. Y ahora no obedece la orden, no porque no pueda saltar sino porque no ha escuchado el mandato. La aplicación de la historia que acabo de contar a los razonamientos del comienzo del articulo es, a mi juicio, muy clara.

Hay que estar prevenidos. El discurso tramposo, repetido una y otra vez, acaba calando. Se simplifica, se tergiversa, se repite,  se le reviste de un poco de seriedad y mucha gente acaba creyéndoselo.

Luego se añade un poco de adulación a la ciudadanía. Porque, después de decir que es el gobierno con sus políticas serias quien evitó el rescate, el que nos salvó del desastre, se dice que quien salvó al país del abismo fue el sacrificio de los españoles. Como si ese sacrificio hubiese sido una decisión soberana y no una imposición de la que no pudo librarse.

Este tipo de argumentación, más propio de mítines que de debates parlamentarios, de una tertulia de café que de un foro de pensamiento, debería ser desmantelado con rapidez y energía. Basta oír a  economistas de otro signo para comprobar que la trampa es elemental, es escandalosa e inmoral.

Resulta sumamente importante colocar ante los medios de comunicación espectadores inteligentes, capaces de desmontar las falacias, de descubrir las trampas, de desmontar las simplificaciones. No es deseable que nos la den con queso. Hay que avivar el espíritu crítico.