Fiesta de Curso Nuevo

3 Sep

En septiembre se abren en España las puertas de un nuevo curso escolar. Propongo en este artículo que haya una Fiesta de Curso Nuevo igual que existe la Fiesta de Año Nuevo el día uno de enero.

Propongo en este artículo que haya una Fiesta de Curso Nuevo igual que existe la Fiesta de Año Nuevo el día uno de enero.

Lamentablemente para mí ya no tengo que estar de preparativos y afanado en la renovación de ilusiones. Después de muchos años cerré mi experiencia académica en el sistema educativo.  Ya digo, una gran pena para mí.  Pero la vida sigue. Y el nuevo curso llega otra vez. Un curso peculiar regido lamentablemente por la LOMCE, que es la ley en vigor. Una ley que pocos aceptan y muchos denuestan. Una ley cuyo impulsor (el infortunado para mí y afortunado para él, señor Wert) está disfrutando del premio que le concedió el partido por haber producido este lamentable engendro.

Es curioso observar cómo hay niños que desean durante las vacaciones que comiencen las clases y cómo hay otros que viven con angustia creciente la llegada de la apertura. Me gusta preguntar a los niños y a las niñas con los que me encuentro en  el verano si desean volver al colegio.

–  Sí, porque quiero volver a encontrarme con mis amigos, dicen unos.

– No, porque en el cole me aburro mucho, contestan otros.

Lo mismo sucede con los profesores. Algunos sienten deseos irrefrenables de volver a las aulas y otros lamentan que llegue el comienzo de curso y el fin de las vacaciones.

Es una fortuna inmensa que podamos afrontar un nuevo curso con normalidad. Lo hemos asimilado de tal manera que nos parece tan normal como la llegada del verano o del invierno. Sin embargo, poner en marcha la enorme maquinaria del sistema educativo supone un esfuerzo económico y personal enorme. No me puedo imaginar la vida y la sociedad sin el sistema educativo en acción. No solemos valorar de forma suficiente esta gran fortuna de abrir un nuevo curso. Acostumbrados a fijarnos en las limitaciones, las carencias y los errores, no somos capaces de situarnos en la hermosa realidad que tenemos.

No quiero ser con esto conformista. No digo que todo esté bien y que no haya que aspirar y luchar par mejorar el sistema. No. Lo que quiero es celebrar la llegada del nuevo curso con la alegría que se merece.

Deberíamos celebrar la llegada del Curso Nuevo como lo hacemos con el Año Nuevo. Con ese estallido de gozo  y de entusiasmo. Todo el mundo ha vivido la experiencia de las campanadas que abren el Año Nuevo. En España comemos 12 uvas para celebrarlo, hacemos votos para la nueva etapa y brindamos con champán. Tenemos la ventura de abrir las puertas de una nuevo año natural. Propongo que el comienzo de curso escolar sea una fiesta. Se suele hacer, más bien, la celebración del fin. Tendría más sentido hacer esa fiesta al comienzo. Podríamos comer las 10 uvas de los meses del curso escolar. En septiembre la cosecha de uva nos ofrece ese fruto recién madurado. Ya sé que una costumbre no nace de esta forma, con una propuesta hecha desde el humilde rincón de un artículo. Pero sí puede ser efectiva la idea de la celebración del comienzo.

Propongo, repito, que se instaure la Fiesta del Curso Nuevo como existe la fecha del Año Nuevo. Con más motivo. Porque el Año Nuevo solo nos trae una colección de días que se suceden. El Curso Nuevo, sin embargo, nos trae muchas cosas, muchos bienes, muchas realidades hermosas, muchos proyectos.

¿Qué celebrar?

El tener un sistema educativo en el que todos y todas tienen cabida. El tener profesores y profesoras que afrontan con responsabilidad y competencia su tarea. El que haya equipos directivos dispuestos a dedicar tiempo y esfuerzo a inspirar proyectos de calidad. El  disponer de unos medios didácticos que facilitan el aprendizaje.  El contar con un sistema de transporte escolar eficiente. El tener comedores escolares en los que compartir el pan y la compañía. El tener unas autoridades que velan por la organización y el buen funcionamiento. El tener Departamentos y servicios de psicología y orientación que atienden con eficacia la diversidad . El tener sindicados que velan por los intereses del profesorado. El contar con Asociaciones de Padres y Madres que colaboran activamente con el profesorado. El tener investigadores que buscan con esfuerzo y sabiduría conocer más y mejor el mundo de la educación. El disponer de revistas especializadas y editoriales y libros que profundizan en el significado de la enseñanza. El que se organicen Congresos en los que se ponen en común experiencias, innovaciones y nuevos hallazgos. El que haya Facultades de Educación y Psicología en las que se enseña y se aprende a ser buenos educadores. El que se realicen tesis doctorales e investigaciones con el ánimo de saber  más y de hacerlo mejor. El que haya innovaciones ejemplares que abren nuevos caminos y avivan las mejores ilusiones…

Propongo desde aquí que se celebre en los centros y en la sociedad la Fiesta del Curso Nuevo. Se suele celebrar la Fiesta de Fin de curso, de Fin de carrera, de Fin de Estudios. Se hacen viajes, se organizan actividades, se realizan bailes. Me parece estupendo. La Fiesta de Curso Nuevo  estaría cargada de la ilusión del comienzo para los nuevos y del reencuentro para quienes vuelven a verse. Tendría el sentido de la celebración de  un proyecto que se construye en el marco de la comunidad educativa y estaría cargado de la ilusión y la esperanza de hacer un largo recorrido por las tierras  (o los mares o los cielos) del aprendizaje.

Me gustaría que la Fiesta de Curso Nuevo tuviese una parte académica pero también una parte festiva, de auténtica alegría por participar en una experiencia de tanto calado. He dicho que también debería celebrarse en la sociedad. Porque el hecho educativo no es solamente de sus protagonistas sino de sus testigos. Gracias a que el nuevo curso llega, millones de alumnos y alumnas aprenderán a pensar y a convivir en aras de construir una sociedad mejor. Todos y todas hemos vivido la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos, no solo los deportistas que iban a participar en ellos. Todos compartimos la alegría del evento que no solo reparte medallas sino que desarrolla la convivencia y el entendimiento universal a través del deporte.

Habría que avivar el ingenio para que esa Fiesta fuese de interés para todos y para todas, no solo para los que la conciben, diseñan y llevan a cabo. Una Fiesta para todos y para cada uno.

Ya sé que la Fiesta necesita una preparación y que antes de ella están las vacaciones. No necesariamente tendría que hacerse el primer día. Digo esto porque todos podrían participar en su preparación y sentirla suya.

Una vez instaurada, se iría enriqueciendo y adornando año tras año a través de la experiencia acumulada y del intercambio con las iniciativas de los centros y lugares. Bienvenida la Fiesta de Curso Nuevo.  Le veo más sentido que la Fiesta de Año Nuevo porque la primera  trae en sus entrañas un proyecto lleno de aprendizajes nuevos y de relaciones cultivadas.

Hago votos por el nuevo curso que contemplaré feliz y añorante desde mi condición de jubilado. Nadie me podrá arrebatar esta alegría, aunque yo no vaya camino de las aulas. Sí podré aplaudir y vivir con gozo el hecho de que millones de niños y niñas y miles de profesores  y profesoras puedan celebrar la Fiesta de Curso Nuevo. Aplaudiré con entusiasmo y me colmará la alegría.

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Educación o desastre

10 Sep

A principios de julio, cuando todavía suenan los ecos de las calificaciones escolares, los centros comerciales anuncian la vuelta al colegio. Al ver esos anuncios, me dan ganas de preguntar a los niños y jóvenes con quienes me encuentro, qué sensaciones les produce ese recordatorio. E imagino que recogería todo tipo de impresiones. Desde la de quienes maldecirían un inoportuno recuerdo de experiencias ingratas que rompe el apacible disfrute de las vacaciones, hasta la de quienes ni se inmutarían ante una insulsa realidad como la que han vivido en la escuela. Desde la de quienes evocarían aprendizajes apasionantes y relaciones enriquecedoras a la de quienes gritarían indignados por la odiosa referencia.

En el curso de la historia esta es la alternativa: educación o desastre.

En el pasado mes de junio, mi hija Carla, de seis años, me sorprendió con una inesperada crítica. La llevaba en el coche al Colegio cuando nos encontramos con un enorme atasco. Le dije, un poco apesadumbrado:

– Carla, aunque te has levantado con rapidez y te has vestido y desayunado sin perder tiempo, hoy vamos a llegar tarde. Algo ha pasado. Quizás un accidente.

Ella, queriendo tranquilizarme, me dijo:

. Papá, no te preocupes. Porque vamos al Cole. Lo malo es que fuéramos a un cumple. Entonces me perdería la piñata, la tarta y el mago, que todas esas cosas hay en un cumple.

Me hizo pensar. ¿Por qué cree la niña que con el retraso no se va a perder nada interesante en el Colegio, al menos nada tan interesante como lo que se encuentra en la celebración de un cumpleaños? ¿Por qué no le preocupa llegar tarde a su escuela, a pesar de ser una niña con un gran interés por el aprendizaje?

Hace unos años le oí decir a un niño, con evidente cara de decepción:

– ¡Yo quiero que pase algo guay en mi Cole!

¿Es que no pasa nada guay en el Colegio, me pregunto utilizando el lenguaje infantil? Creo que sí, pero no se ve a primera vista. Porque queda camuflado bajo la hojarasca de las rutinas, de la habituación a lo espectacular.

Suelo pedir a mis alumnos que escriban una autobiografía en la que reflexionen sobre su paso por las organizaciones escolares. Resulta sorprendente que, habiendo estudiado algunos en el mismo centro, hablen de experiencias diametralmente opuestas. Lo cual quiere decir que hay una parte de vivencia que nace de la pobreza o de la riqueza de la oferta educativa, de la dedicación del profesorado, de la abundancia y adecuación de los materiales didácticos, pero hay otra que radica en la actitud de las personas.

Cuando veo o escucho los anuncios que recuerdan el regreso a la escuela (el famoso back to school) pienso también en lo que sentirán los profesores. Ya sé que las vacaciones son un tiempo cotizado de descanso, de viaje y de diversión. Y ya sé que tienen unos ingredientes diferentes a los que encierra el trabajo.

Me preocupa el rechazo hacia la escuela de algunos alumnos. No recuerdan quienes odian el tiempo escolar que se trata de un privilegio que muchos niños y jóvenes del mundo no pueden disfrutar. El privilegio de formarse, de aprender, de poder descubrir el mundo, de poder relacionarse con otros compañeros y compañeras.

Me preocupa más el rechazo de los profesionales hacia su trabajo. ¿Cómo va a contagiar entusiasmo quien carece de él? ¿Cómo va a transmitir ilusión por aprender quien no la tiene por enseñar?

He contado en alguna ocasión la historia de la casa de los mil espejos. La historia de una casa abandonada en la que hay una habitación con mil espejos. Un perro vagabundo llega a la casa un día en el que se encuentra feliz. Y da saltos de alegría. Ve con asombro que mil perros saltan como él. Mueve el rabo de manera festiva y ve que mil perros le devuelven el saludo moviendo el rabo. Y piensa:

– Este es un lugar maravilloso. Volveré siempre que pueda.

Horas después pasa por allí otro perro vagabundo. Y llega a la misma casa. El perro está enfurecido. Saca los colmillos de manera agresiva y ve que mil perros le muestran los colmillos violentamente. Ladra de forma rabiosa y mil perros le ladran a él de manera violenta. Y el perro piensa mientras se va corriendo:

– Este es un lugar horrible e insoportable, no lo volveré e pisar.

Eso es. La escuela nos devuelve multiplicada por mil la actitud que nosotros llevamos a ella.

¿Cómo viven los profesores la vuelta al trabajo? ¿Qué sienten en el momento de reanudar la docencia? ¿Piensan que van a disfrutar de una experiencia maravillosa y estimulante o maldicen el día que eligieron dedicarse a ser docentes?

Algo para los gobernantes: hay que cuidar y mimar la educación. Ojo a los recortes. Ojo a las restricciones que nos condenarían a un futuro inexorablemente peor.

Y algo para las familias, el comienzo del curso no es un momento en el que los niños se van a la escuela y nos dejan tranquilos. Es un momento para que la comunidad educativa sienta el compromiso y la alegría de compartir un año nuevo lleno aprendizajes estimulantes.

A todos nos vendría muy bien repasar el libro del pedagogo alemán Helmut Von Hentig que tiene por título esta significativa pregunta: ¿Por qué tengo que ir a la escuela? Una pregunta que le hace su sobrino en la estación cuando acaban las vacaciones y a la qué el contesta en 26 hermosas cartas.

Conozco las dificultades porque las he vivido y porque tengo muchas personas cercanas que me las cuentan. Pero incluso las dificultades pueden ser vividas de forma estimulante. Si los alumnos ya lo supiesen todo, si ya estuviesen educados, si fuesen esforzados, obedientes, disciplinados y creativos, ¿qué sentido tendría nuestra tarea?

Mis fervientes deseos de un curso feliz. Un curso en el que todos y todas podamos disfrutar aprendiendo y enseñando. Un curso en el que la comunidad educativa consiga con su trabajo que el mundo de un paso hacia el saber y hacia la bondad. En el curso de la historia esta es la alternativa: educación o desastre.

Si te comes un limón sin hacer muecas

8 Ene
Portada del libro de Sergi Pamiés, "Si te comes un limón sin hacer muecas".

Portada del libro de Sergi Pamiés, "Si te comes un limón sin hacer muecas".

Cada día me sorprendo más de la facilidad con la que los seres humanos nos dejamos guiar por supersticiones de todo tipo. Basta ver la televisión por la noche para comprobar la cantidad de adivinos, de echadores de cartas, de tarotistas, de magos y de videntes que pueblan la televisión a esas horas proclives a la seducción..

Lo que más me preocupa no es que haya todo este tipo de programas sino que haya espectadores que los siguen. Porque el círculo se cierra de una manera consistente: hay programas de ese tipo porque tienen audiencia y hay audiencis porque se proyectan este tipo de programas. La mejor manera de acabar con ellos es apagar la televisión. Solo hay una forma de romper ese círculo vicioso: tener personas mejor educadas.

Las cartomantes (hay más mujeres que hombres, no sé por qué) viven de sus intuiciones gracias a la credulidad de las personas. Ganan dinero, esa el la clave. No se dedican a lo que se dedican por amor al conocimiento o por acendrado altruismo. Lo hacen porque viven de sus mentiras. No tienen toda la culpa ellas. La mayor parte de la responsabilidad está en quienes acuden, a veces a la desesperada, a pagar esas fraudulentas informaciones. (más…)

Todo es para bien

31 Dic

Ante las desgracias, podemos venirnos abajo o tratar de reaccionar con valentía

Al despedir el año se acumulan los recuerdos, unos buenos y otros malos. Al saludar el año nuevo, se esperan experiencias gratificantes y se temen acontecimientos ingratos. Cuando miramos hacia atrás hacemos balance y cuando miramos hacia adelante forjamos proyectos. La Nochevieja es una frontera artificial con la que los humanos dividimos el tiempo, que es un continuum no fragmentable.

La Nochevieja es una noche más en el incesante ritmo nictameral o circadiano, pero nosotros la hacemos especial porque en ella despedimos al año viejo y saludamos con alborozo al nuevo año. Es la Nochevieja una fiesta de sabor agridulce. Se va un año (adiós, 2010) y le damos la bienvenida al 2011, aturdidos por el vértigo del paso del tiempo y esperanzados por los sueños que volcamos en el porvenir. Hay que beber, cantar y gritar con júbilo porque estamos vivos. Hay que beber, cantar y gritar para no pensar que tenemos un año menos y que la vida se nos va.

Ante lo bueno y malo que nos pasó y ante lo malo y lo bueno que vendrá se puede mantener una actitud positiva o una actitud negativa. ¿De qué depende? No tanto de la proporción de cosas buenas o malas, cuanto de la actitud que tenemos ante ellas. Porque experiencia no es lo que pasa sino lo que nos pasa. Y lo que nos pasa depende más de nosotros que de los acontecimientos externos.

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Un tsunami de regalos

13 Feb
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¿No estaremos pasándonos un poco con los regalos de los niños?

Han pasado las Navidades dejando un verdadero tsunami de regalos entre los niños y las niñas de nuestro país.
Ya sé qué que la cuestión afecta sólo a una parte de la infancia y que hay otra parte que sólo recibe un aluvión de olvido y de miseria. Para muchos niños y niñas de esta sociedad consumista se está produciendo un fenómeno verdaderamente preocupante. Hay regalos de Papá Noel, de Nochevieja, de Año Nuevo y de Reyes Magos. Y los hay en la casa de papá y mamá (o de papá por una parte y de mamá por otra si la pareja está separada), en casa de los abuelos maternos y paternos (o en las cuatro si están divorciados), en la de los tíos, primos, amigos, conocidos y vecinos…En definitiva, el milagro de la multiplicación de los regalos y de los paquetes. Para que todo esto llegue, el niño o la niña sólo tienen que hacer un pequeño esfuerzo: existir.

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