PISA o la cesta de piedras

10 Dic

Se acaban de hacer públicos los resultados de la sexta edición de las pruebas PISA (Programme for International Student Assessment). Todo el mundo sabe que PISA  es una prueba estandarizada que se aplica de forma trienal a estudiantes de 15 años. La primera aplicación tuvo lugar en el año 2000. Se trata de un proyecto de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) que se ha convertido en un magnífico cesto de piedras para atizar a todo el que se ponga a tiro. Luego vuelvo a esta idea.

PISA evalúa los resultados (no los procesos) obtenidos por los alumnos y las alumnas en tres áreas de conocimiento: ciencias, matemáticas y lectura. No aborda otras áreas del curriculum como el arte, la música o la educación física y, por supuesto, nada relacionado con la esfera de las actitudes y los valores.

¿Para qué sirve PISA? Poco se puede deducir de dichas pruebas para la mejora del sistema educativo. Julio Carabaña, catedrático de sociología de la Universidad Complutense, ha publicado recientemente en la Editorial Catarata un libro titulado “La inutilidad de PISA para las escuelas”. A élme remito.

Nos recuerda el autor que, desde su primera edición, PISA advierte de que lo que miden sus pruebas depende de la experiencia acumulada en toda la vida de los alumnos, desde su nacimiento. “Si un país puntúa más que otro no se puede inferir que sus escuelas son más efectivas, pues el aprendizaje comienza antes de la escuela y tiene lugar en una diversidad de contextos institucionales y extraescolares. Sin embargo, si un país puntúa mejor, puede concluirse que el impacto acumulativo de todas las experiencias de aprendizaje, desde la primera niñez hasta los catorce años, en la escuela y fuera de la escuela, ha producido resultados más deseables en ese país” (OCDE, 2001a: 26). Este texto se recoge idéntico en el apéndice sobre la muestra que hay en todos los informes PISA, y la misma advertencia se expresa repetidamente en otros lugares.

Por tanto, para comparar sistemas educativos hay que diferenciar lo aportado a las puntuaciones PISA en cada país por la escuela de lo aportado por los demás factores, tanto naturales como sociales. Solo una vez aisladas estas aportaciones cabría compararlas entre sí y relacionar las diferencias entre las contribuciones con las instituciones y las políticas. Esto es muy difícil de hacer por dos razones. La primera es que no hay un método para aislar la influencia de la escuela; la segunda es que el número de países es siempre pequeño para los análisis estadísticos.

Pero estos informes se han convertido en la Biblia para que, de manera dogmática, cada uno sitúe a las escuelas, a los legisladores, a los maestros o al sistema educativo, donde quiera ponerlo. Casi siempre en mal lugar. Para muchos ciudadanos no hay otro criterio de valoración. No podemos olvidar que se está comparando lo incomparable. No podemos olvidar que se hacen atribuciones completamente gratuitas dada la naturaleza de las pruebas, el número incontrolable de variables que intervienen en los resultados y las advertencias que nos hacen, como hemos visto, los  autores de las mismas.

PISA se ha convertido, decía más arriba, en un cesto de piedras para arrojar a quien se desee. Se tiran piedras de arriba hacia abajo sobre quienes están en puestos inferiores, se arrojan piedras de abajo hacia arriba culpando a los gobiernos de todos los males educativos, se lanzan piedras en horizontal contra el profesorado por parte de muchos padres, contra los padres por parte de los profesores, contra el alumnado por parte de quienes los consideran poco esforzados y capaces. Muchas piedras y poco compromiso de todos y cada uno para mejorar el sistema educativo. Ese es, a mi juicio,  el problema de PISA.

Porque PISA se ha convertido en un fin, no en un medio como debería ser. Tiene como  finalidad, en último extremo, enseñar a tener mejores resultados en las pruebas PISA. Una pura tautología

He firmado un manifiesto demandando la anulación de los contratos que los diversos gobiernos han suscrito con la OCDE. El manifiesto se apoya en cuatro razones. Respeto la redacción del texto.

Político-educativa: los Ministerios de Educación tienen un limitado control de esta evaluación, teniendo como efecto una intensificación de la estandarización de procesos y mediciones. Progresivamente, organismos internacionales como la OCDE han impuesto transformaciones en las políticas educativas en el mundo, alineando los procesos educativos a una concepción limitada de progreso. Esta estandarización incluye la instalación o adaptación de las pruebas nacionales a un parámetro global a través de la presión ejercida por los rankings. Por otra parte, la estandarización ha impulsado la fuerte entrada de empresas privadas que han desplazado a los ministerios de educación, a las y los docentes, a sindicatos y escuelas de la conducción y perfeccionamiento docente han sido alineados a las evaluaciones estandarizadas. En definitiva, esta lógica reduce los procesos de enseñanza-aprendizaje que apuntan a un desarrollo integral y holístico, enraizado en una consciencia histórico-social crítica.

Técnica: PISA promueve rankings de países en virtud de los resultados. Esta práctica busca neutralizar las enormes diferencias culturales, cosmovisiones y características lingüísticas propias de cada contexto nacional. Este factor implica que esta prueba no cumple con los más mínimos criterios de validez y confiabilidad.

Pedagógica: el régimen de pruebas estandarizadas de alto impacto y los procesos que desencadenan han implicado una transformación radical del quehacer de nuestras escuelas. El estrechamiento curricular ha significado la eliminación de asignaturas como artes, música, filosofía e historia. El tiempo escolar se ha reestructurado para dar cabida al entrenamiento para tener éxito en estas pruebas. Cabe señalar que estas mediciones no son sometidas al arbitrio social ni pedagógico. Estas medidas no toman en cuenta los contextos sociales, ni la diversidad de valores y prácticas pedagógicas.

Social y Psicológica: la medición PISA y sus variantes nacionales discriminan, presionan, y estigmatizan a regiones, países y pueblos en sus comparaciones. El control y la presión por obtener buenos puntajes recae finalmente en las comunidades de maestros y estudiantes, instalando un régimen de alto estrés que está destruyendo el clima escolar y estabilidad emocional de nuestras escuelas. La medición ha profundizado prácticas de exclusión y segregación en nuestras escuelas, despojando de su sentido el  derecho a la educación.

Los sistemas de evaluación deben estar enraizados en las comunidades, deben atender la complejidad, y deben promover una educación respetuosa de los derechos humanos y sociales. Solo de esta manera formamos ciudadanos y ciudadanas en plenitud.

No hacen falta este tipo de pruebas para saber que es preciso mejorar la selección y formación de docentes y directivos, aminorar la ratio profesor-alumno, incrementar el presupuesto destinado a la educación, intensificar y enriquecer la participación de la familia…

PISA aporta, eso sí, un pequeño beneficio: durante unos días todos y todas hablamos de educación. Con algunos chichones en la cabeza debidos a las pedradas, pero pensamos en la educación.

La boa te está midiendo

12 Nov

He leído la reciente e interesante novela de Rosa Montero titulada “La carne”. Suelo, cuando leo,  tener una hoja en blanco en la que anoto el comienzo de una frase, de una anécdota, de un diálogo que me han llamado especialmente la atención. Y, al lado de ese comienzo, coloco una flecha hacia arriba, hacia abajo o en horizontal, para indicar en qué parte de la página se encuentra la cita. De esa manera, cuando termino el libro o algún tiempo después de haberlo leído, y quiero localizar una cita, puedo hacerlo con suma facilidad acudiendo a mis notas. Cuando no lo hacía así, me veía obligado a recorrer el libro hacia delante y hacia atrás en busca de la referencia, con  un esfuerzo largo y, a veces, baldío.

Solo esperará a tener un tamaño suficiente para engullir a su víctima. Una gran desgracia para el cuidador, pero una enorme tragedia para quien se ha convertido en un monstruo al calor de sus cuidadores.

Pues bien, leí una historia en el libro de Rosa Montero que me estremeció. La he localizado sin pérdida de tiempo en la página 188, parte superior. Dice así.

“Recordaba ahora Soledad aquella historia que le contaron años atrás de un niño de Perú que tenía una boa como mascota. El chico había incubado el huevo él mismo, había viso salir a la serpiente de entre las cáscaras y le tenía un comprensible aprecio. El joven reptil dormía con el niño en la cama, aprovechando su calor. Pero, curiosamente,  todas las noches antes de enroscarse, la boa se estiraba todo lo larga que era y permanecía muy quieta y muy rígida durante unos segundos junto al pequeño. Nadie sabía por qué hacía eso, hasta que un día acertó a pasar por allí un zoólogo. “La boa te está midiendo –le dijo al niño-. Cuando sea más grande que tú, te comerá”.

Quiero que esta inquietante historia me sirva para plantear algunas ideas sobre la educación. Pienso en los hijos caprichosos, malcriados, consentidos, que acaban devorando a quien los crió, a quien los alimentó, a quien les dio cobijo y calor. El niño peruano habría tenido un triste final si no le hubieran advertido a tiempo del peligro que corría y hubiera hecho caso omiso de la crucial advertencia.

Me remito al libro de Javier Urra “El pequeño dictador. Cuando los padres son las víctimas”, que  tiene este preocupante subtítulo: “Del niño consentido al adolescente agresivo”. Ahora ha tenido una nueva edición con el título “El pequeño dictador crece”. En esos libros aparecen muy fundamentadas las advertencias del zoólogo.

Creo que los padres y madres que dejan a sus hijos a su completo albedrío, que los sobreprotegen, los defienden de sus tropelías y desvergüenzas, están alimentado a una boa que acabará devorándolos. En primer lugar a ellos, porque son quienes están más cerca, con quien tienen más contacto, con quien conviven cada día.

Me contaban no hace mucho tiempo el caso de un joven cuyos padres son convocados a una reunión con el tutor porque su hijo había insultado gravemente a una profesora. Cuando se sientan en el despacho del tutor y éste es informa de lo sucedido, lo primero que dicen es lo siguiente:

–    Eso es mentira. Nuestro hijo nunca nos engaña. Y él lo niega. Eso no es verdad. El problema está en que la profesora, como é dice, le tiene una manía enfermiza.

¿Puede alguien en su sano juicio,  a excepción de estos progenitores permisivos, ver las cosas de ese modo? ¿Qué interés puede tener la profesora en inventarse esos hechos? Sin embargo, es fácil suponer los intereses que esconde el chico con su negativa. Lo ve un ciego. Lo ve todo el mundo, menos el que no lo quiere ver.

En el mismo centro de Secundaria un alumno se niega a sacar el libro como ha pedido la profesora. Dice que no le da la gana. Llega la Jefa de estudios al rescate y le hace la misma petición con similar resultado. Acude el Director que formula la misma exigencia y consigue idéntica respuesta. Llaman a la madre, que se queda unos minutos a solas con el hijo en el aula. Al cabo de un rato sale diciendo que ha convencido a su hijo para que saque el libro. Cuando le preguntan cómo lo ha conseguido, les dice a los docentes:

–           Le he prometido que, si lo hacía,  le iba a dejar jugar con la Nintendo toda la tarde.

Es decir que por haber desobedecido y desafiado a la profesora, a la Jefa de estudios y al Director,  por haberla hecho venir desde la casa, por haber provocado una situación negativa ante todos los compañeros y compañeras, el “señorito” va a tener un premio: va a jugar toda la tarde con su Nintendo.

No se puede consentir todo lo que hacen, permitir todo lo que dicen, conceder todo lo que piden, comprar todo  lo que desean. Dice María Jesús Álava en su libro “El NO también ayuda a crecer”: “Es importante que, desde el principio, los acostumbremos a no darles todo aquello que nos piden, aunque económicamente no nos suponga problema. Los niños deben valorar las cosas, aprender a esperar, a soñar, a desear lo que quieren, a esforzarse por conseguir lo que anhelan y… a no frustrarse cuando no lo pueden obtener. De otro modo empiezan por no darle  valor a las personas”.

Hay muchas formas, por acción y por omisión, de hacer que la boa que está a nuestro lado vaya creciendo y preparándose para acabar con quien la protege y la cuida.

Alimentar la boa es no imponer limites, no establecer  y exigir el cumplimiento de normas, no demandar responsabilidades.

Alimentar la boa es sobreproteger  a los niños y a las niñas, hacer las cosas por ellos, pensar por ellos, decidir por ellos, responsabilizarse de ellos y por ellas.

Alimentar la boa es pasar por alto las insolencias, las malas respuestas,  los malos modos, los gestos violentos, las amenazas o las  faltas de respeto.

Alimentar la boa es disculpar su desobediencia, no corregir sus malos modos, consentir sus caprichos, sus agresiones, su pereza, sus malos comportamientos.

Alimentar la boa es reír sus gracias faltas de respeto hacia los demás, disculpar todas sus groserías y faltas de urbanidad.

Alimentar la boa es  hacerles creer que solo tienen derechos y no obligaciones, que solo pueden hacer peticiones  exigentes pero no donaciones generosas.

Alimentar la boa es aceptar su pereza para levantarse, para estudiar, para colaborar en las tareas de la casa, para ayudar a los demás.

Alimentar la boa es acceder a todos sus caprichos y exigencias, a todas sus peticiones y deseos, a todas sus  reclamaciones y súplicas.

Alimentar la boa es dar premios por toda buena acción, por cualquier buena nota, por el más pequeño esfuerzo, casi hasta por respirar.

Alimentar la boa es ir recogiendo la ropa que van tirando, ir limpiando servilmente lo que van ensuciando,  ir ordenando lo que abandonan en cualquier parte.

Alimentar la boa es convertirse en sus vasallos, en sus recaderos, en sus taxistas, en sus secretarias, en sus criadas, en sus abogados defensores.

Podría seguir, pero cada uno de mis lectores y lectoras está en condiciones de hacer una lista mucho más larga que esta. La boa, crecida y alimentada, acabará devorando con insensibilidad, egoísmo, desamor y crueldad a quien la ha alimentado, cuidado y protegido durante años. Solo esperará a tener un tamaño suficiente para engullir a su víctima. Una gran desgracia para el cuidador, pero una enorme tragedia para quien se ha convertido en un monstruo al calor de sus cuidadores.

Si la envidia fuera tiña

5 Nov

Me pide Horacio Muros,  Director de una escuela argentina, magnífico profesional y excelente amigo, que escriba algo sobre la envidia en las organizaciones escolares. Cuando un amigo te pide algo, lo tiene concedido antes de terminar la petición. Los amigos son como la sangre, que acuden a la herida sin necesidad de llamarla. En el correo que me escribe deja constancia de las desastrosas consecuencias que tiene la envidia para quien la vive en sus carnes y para quienes son objetivo y causa de esa pasión envenenada. Dice mi amigo: “Estoy convencido de que si se eliminara de las instituciones esta toxina se recrearía el clima institucional y se viviría siempre en primavera… Caín mato a Abel por envidia….y muchas veces en las instituciones hay víctimas a las que los envidiosos verdugos quieren matar…”.

Ojalá caigamos todos y todas en la cuenta de aquel sabio pensamiento de Séneca: “Nunca será feliz aquel al que atormenta la felicidad del otro”.

Eliminar la envidia supondría erradicar del corazón del envidioso el veneno que le atormenta y de la vida de los envidiados las críticas dañinas y las asechanzas perniciosas que se urden en la sombra y que acaban con la paz de la institución. Por otra parte, los testigos de tanta maldad y de tanta desventura dejarían de contemplar ejemplos nocivos de convivencia e invitaciones a convertirse en verdugos. Eliminar la envidia, estoy de acuerdo con mi amigo, mejoraría el clima institucional.

La envidia es la imagen especular invertida de la misericordia. Si la envidia es la tristeza por el bien ajeno, la misericordia es la tristeza por el mal ajeno. El envidioso sufre con la alegría de los demás. No soporta su éxito. Le tortura su felicidad. El envidioso vive atormentado por el bien del prójimo. Se hace mucho daño a sí mismo y piensa que, si destruye al otro, acabará su mal.

Carlos Castilla del Pino, en su introducción al volumen monográfico sobre la envidia (La envidia. Alianza Editorial), dice que  esta es una pasión sobredeterminada. Una pasión que puede ser analizada desde múltiples perspectivas: la del envidioso, la del objeto que se envidia, la de la función psicológica y social de la envidia, la del costo de la envidia en  la economía mental del sujeto que la vive y del que la padece…

El órgano de la envidia son los ojos. Porque el envidioso no mira de frente, mira de reojo. Envidia procede del latín invideo, que significa mirar con recelo. A diferencia de la mirada de la interacción humana normal que es frontal (video).

Cuando un profesor tiene éxito con sus alumnos y alumnas, cuando le quieren y lo expresan, cuando  lo elogian y lo aplauden, cuando los padres y  las madres dicen de él maravillas, cuando le premian por una innovación creativa, cuando el director o el inspector destacan su trabajo, el envidioso sufre y explica sus éxitos de forma tergiversada, despectiva y cruel. Trata de desprestigiarlo ante quien está dispuesto a oírlo.

El envidioso procura hacer odioso ante terceros al envidiado. Le calumnia, le denigra, trata de desprestigiarlo y de destruirlo. Le atribuye intenciones torcidas y explica sus éxitos por motivos espurios. He hablado de los cuchillos que maneja el envidioso para herir y, si puede,  matar al envidiado. He descrito 25 cuchillos diferentes. Los he visto todos entrando y saliendo de la carne del envidiado.

Tiene problemas afectivos

No tiene hijos, por eso dedica tanto tiempo a los alumnos

Se está separando, no quiere ir a casa

Es muy raro, fíjate las cosas que hace gratuitamente

Está tarado, su proceder no es normal

Es un joven iluso, cree que va a cambiar el mundo

Es un veterano tan tonto como cuando era joven

Es un adulador de su jefes

El éxito le viene de la suerte o del engaño

Lo que propone ya lo intentamos hace un año y no valió para nada

Quiere que le hagan un monumento,

Quiere hacer méritos

Pretende que le pongan su nombre a una calle

Quiere que le  den la tiza de oro

Quiere heredar la escuela

Con tal de sobresalir es capaz de trabajar más

Es de Podemos, o del PP, O DEL PSOE  (o de cualquier grupo que tenga en el contexto una connotación negativa)

Es un meapilas

Ella cree que es feminista, lo que pasa es que tiene mal carácter

Si no fuera tan guapa no tendría tanto éxito

Quiere sobresalir para que le den un cargo

Se cree mejor que los demás

Se muere por los aplausos

Todo en él (en ella) es fachada

El objetivo de la envida no es el bien que posee el envidiado sino el sujeto que los posee. Por eso es a él a quien quiere aniquilar con comentarios mordaces o con acciones destructivas. Si destruye a quien envidia, termina la causa que le  hace sufrir.

Los envidiosos y envidiosas son muy desgraciados porque no solo viven sus propios males sino que ven como desgracias suyas los éxitos del prójimo. ¿No tienen bastante con su propio caudal de desgracia? Parece que no. Tienen en su actitud un componente masoquista, que les lleva a sufrir y otro sádico que les lleva a buscar el daño ajeno. Un tormento que no cesa.

El envidioso odia al envidiado por no poder ser como él pero también se odia a sí mismo por ser como es. Y, desde luego, jamás reconocerá que es envidioso. Para Spinoza la envidia está teñida de odio porque la sola presencia o incluso el recuerdo del envidiado trae a la memoria del  envidioso cuánto le falta.

Quevedo recuerda que “la envidia está flaca porque muerde y no come”. Las imágenes de la envidia se centran en la corrosión: la envida  roe al otro y corroe al envidioso Y también en la consumición: le reconcome la envidia, se consume en la envidia, se muere de envidia, le come la envida. Su color representativo es el amarillo: “El envidioso ve con una mirada obscena y oblicua, siente y se resiente, su mente está teñida no con el rojo de la ira, ni el verde de los celos, sino con el amarillo de los venenos: la envidia es amarilla”, dice  Jorge Vigil Rubio en su libro “Diccionario razonado de vicios, pecados y enfermedades morales”.

En la dialéctica de la envidia hay una base de admiración. En el fondo, el envidioso admira al envidiado como Caín admiraba a Abel porque los frutos que cosechaba subían al cielo y los suyos no.

Quién no recuerda aquel viejo refrán de la lengua castellana: Si la envida fuera tiña, cuántos tiñosos habría. Hace referencia explícita por una parte a la extensa presencia de esta pasión (cuántos tiñosos habría) y por otra, implícita, a su carácter contagioso, ya que la tiña es una enfermedad de fácil propagación. Los hongos dermatofitos se contagian con rapidez y facilidad por el contacto directo con la piel enferma o a través de mascotas.

Todo se intensifica o se envenena más cuando el envidioso o el envidiado es el líder e la institución. Se complica porque si el líder es envidioso genera un clima tóxico  de persecución  y descalificación de los envidiados desde el poder y si es el envidiado se produce una estrategia de acoso y derribo.

Ojalá caigamos todos y todas en la cuenta de aquel sabio pensamiento de Séneca: “Nunca será feliz aquel al que atormenta la felicidad del otro”. Que hermoso sería vivir como propios los éxitos de los colegas y celebrar su logro en la comunidad de pensamientos, intereses y emociones que es una escuela. Porque todos tenemos derecho a la felicidad. No solo el derecho: el derecho y la obligación.

Contra las reválidas

29 Oct

La exitosa huelga que tuvo lugar el pasado día 27 en España contra la implantación de reválidas que exige la LOMCE, merece mi apoyo incondicional y mi aplauso entusiasta. Mi postura no es fruto del capricho,  ni de una ventolera,  ni de la demagogia que a veces supone el seguimiento de una moda, ni, por supuesto, de la discrepancia política con los legisladores (discrepancia que, desde leuigo, existe).

Desde el punto de vista ético criban a los evaluados, dejando fuera a quienes tienen menos expectativas, menos ayudas, peor contexto cultural y social. Las reválidas sirven para segregar y excluir. Por eso he dicho que la LOMCE es una ley cruel.

La LOMCE contempla la celebración de cuatro reválidas a lo largo de Primaria, Secundaria Obligatoria y Bachillerato. Mientras que las dos primeras, en 3º y 6º de primaria tienen un carácter informativo y orientador, es decir, de diagnóstico, las de 4º de la ESO y 2º de Bachillerato son auténticas reválidas, es decir, tienen efectos operativos contundentes.

La reválida es una evaluación externa que tiene carácter final y definitivo. Si la superas, demuestras que has aprendido, tienes la acreditación de haber realizado los estudios pertinentes y puedes seguir avanzando. Si la suspendes, el sistema concluye que no has aprendido lo suficiente, se produce tu expulsión del mismo sin acreditación alguna, te corta el paso hacia el futuro o te deriva a la Formación Profesional que vuelve a ser considerada como una opción de segunda categoría.

Plantearé, con la brevedad que exige este espacio, diez argumentos concatenados para defender mi postura, que se refleja de forma contundente en el título del artículo.

1. El primer argumento tiene que ver con esa contundencia desastrosa y con las implicaciones que conlleva. Jugárselo todo a esa carta acarrea un riesgo tremendo.  Cuando las teorías de la evaluación se van decantando hacia evaluación continua, procesual y adaptada a las características del evaluado o la evaluada, llega la LOMCE y establece estos juicios sumarísimos que salvan o condenan en función de unas pruebas  realizadas de forma masiva por evaluadores que desconocen quiénes son los evaluados y cuál ha sido su historia.

2. En segundo lugar, dadas las características de las pruebas, es lógico pensar en la fuerte ansiedad que provocan en quien tiene que realizarlas.  Ansiedad que influirá en la realización de las mismas y en el éxito o el  fracaso alcanzado.  No me refiero tanto al sufrimiento que generan (la vida es dura, hay que saber afrontarla) cuanto a la falta de rigor  a que da lugar una prueba en la que el evaluado se lo juega todo.  Pueden producirse olvidos  y bloqueos como fruto del nerviosismo,  puede algún alumno o alumna tener un insoportable dolor de cabeza, puede amanecer ese día con una indisposición corporal o anímica.

3. Nadie podrá negar que unas pruebas externas llevan aparejada cierta desconfianza de quienes evalúan cada día en las aulas. ¿Por qué no se puede dar por bueno su diagnóstico, su evaluación y sus resultados? Cuando dicen que los alumnos o alumnas han aprendido lo suficiente, ¿no son de fiar? ¿No tienen buen criterios fiables?¿No tienen ética para acreditar lo debido? Las reválidas se convierten en un medio de control político sobre las prácticas escolares y la profesión docente.

4. Es difícil negar que ese tipo de pruebas perjudica más a quien tiene menos medios. Desde un punto de vista técnico se basan en la reproducción de conocimientos teóricos, memorísticos y descontextualizados. Desde el punto de vista ético criban a los evaluados, dejando fuera a quienes tienen menos expectativas, menos ayudas, peor contexto cultural y social. Las reválidas sirven para segregar y excluir. Por eso he dicho que la LOMCE es una ley cruel.

5.  Se consigue un enfoque del aprendizaje encaminado a la superación del examen, de modo que no se estudia para aprender y por la satisfacción de hacerlo sino que se estudia para superar el examen. Importan solo los conocimientos que van a ser objeto de examen. Se centra el tiempo de docentes y aprendices en preparar para la reválida.

6. Las materias que no forman parte de las  pruebas pierden peso en el curriculum. La reválida de Bachillerato se centra en ocho asignaturas: cinco troncales (Lengua, Historia, Filosofía, Lengua Extranjera y Matemáticas, Arte o Latín), mas dos de opción, más otra específica. Las que no son objeto de examen pierden relevancia, pierden interés, pierden valor.

7.  La organización de las reválidas supone un elevado coste económico. Son un despilfarro de dinero en un tiempo de recortes. No debería dedicarse el dinero a estas finalidades habiendo otras mucho más importantes y perentorias. Por otra parte, ese coste es tan elevado como inútil. Incluso perjudicial, por todo lo que estoy diciendo.

8. Se produce un gran negocio privado al transferir millones de euros a grandes empresas como Pearson, McGraw-Hill y Educational testing,  en lugar de destinarse el dinero a mejorar las condiciones de trabajo de quienes tienen la tarea de enseñar y deberían culminarla con la tarea de la evaluación y la acreditación. De la misma manera, empezarán a proliferar Academias privadas de preparación de reválidas que harán  su agosto a costa de la presión generada.

9. De forma casi inevitable se empezarán a realizar rankings de resultados (hasta ahora prohibidos, pero siempre presentes), se compararán los centros en función del éxito o del fracaso en las pruebas y se hablará de centros de mayor o menor calidad en función de los resultados obtenidos por los alumnos y las alumnas en estas pruebas estandarizadas. Las reválidas se convertirían en un mecanismo de competición entre centros. y no de cooperación y de ayuda. Los resultados se achacarán de forma casi inexorable al trabajo del profesorado sin tener en cuenta las circunstancias  del alumnado y las características de los contextos

10. Los centros estarían tentados de trabajar con aquellos que van a obtener éxito en las reválidas, que es el criterio de prestigio. Inmigrantes, alumnos y alumnas de clases desfavorecidas, discapacitados, serían “clientes” menos deseables ya que tendrían menos posibilidades de alcanzar el éxito. En el fondo las reválidas son un fenómeno que se cimenta en una filosofía neoliberal. Individualismo, competitividad, obsesión por los resultados y relativismo moral serian los cuatro pilares del edificio de la eficiencia.

“Las reválidas responden a una concepción neoliberal cuya finalidad fundamental es generar un mercado educativo para que las familias clientes puedan elegir aquel centro que más ventajas competitivas les puede reportar y, a medio plazo, para asignar los recursos en función de los resultados, convirtiendo las desigualdades en crónicas y estructurales y alejándose del carácter compensador que debe tener el sistema educativo para garantía la equidad y la cohesión social”, dice el profesor Enrique Díaz.

Quiero salir al paso de dos objeciones que suelen plantear quienes defienden las reválidas. No hay en mi postura el deseo de que disminuya el esfuerzo de los alumnos y las alumnas para aprender. Claro que hace falta esfuerzo y que es necesaria la exigencia por parte del profesorado.

La segunda objeción se refiere a la suposición de que el profesorado prefiere no tener controles y contrastes respecto a su tarea. No es este el objetivo de mi postura. El control puede y debe hacerse, pero no por este medio. Porque este es un medio tramposo e injusto.

Los cerezos de Junín y de Luján

15 Oct

He vivido en la provincia de Mendoza (Argentina) dos experiencias emocionantes. Una en la ciudad de Junín, otra en Luján de Cuyo. He recibido el nombramiento de Padrino Pedagógico en la escuela rural 1-178 Francisco Javier Moyano de la Municipalidad de Junín y en el Colegio privado P235 El Nogal, propiedad de una Fundación que lleva el mismo nombre, en la ciudad de Luján de Cuyo. El primero, el día 5 de octubre de 2016, Día Mundial del Docente, y el segundo el día 6 de octubre, en una mañana fría de primavera que nunca olvidaré. Dos escuelas pequeñas, con menos de doscientos alumnos y alumnas, inspiradas y alentadas por sus dos entusiastas directoras.

Pienso que la educación, como la primavera hace con el cerezo, crea las condiciones para que la persona se desarrolle, para que florezca y de frutos.

En ambas escuelas he plantado un cerezo. No es un árbol elegido al azar. Neruda, en su  libro “20 poemas de amor y una canción desesperada” dice que “el amor hace con las personas lo que la primavera hace con los cerezos”.  Pensé hace tiempo que la metáfora le convenía especialmente a la educación: “la educación hace con las personas lo que la primavera hace con los cerezos”. No creo que Neruda se hubiera sentido molesto por haberle usurpado la idea. La metáfora que, como siempre, ilumina una parte de la realidad y deja en oscuras otras, es excelente. De ahí el título de un libro que publiqué en Santiago de Chile (Editorial Santillana): “Vivir en primavera. El valor de la educación”.

Pienso que la educación, como la primavera hace con el cerezo, crea las condiciones para que la persona se desarrolle, para que florezca y de frutos. La primavera no injerta, no estira, no poda, no obliga al cerezo. La primavera hace posible que el cerezo en ciernes se haga un árbol florecido y luego cargado de frutos maduros. El protagonista de la historia es el cerezo. Es quien crece y se desarrolla. La primavera hace posible su crecimiento. Es una metáfora hermosa y potente de lo que, a mi juicio, es la educación.

Repito: no es lo esencial la primavera. Lo esencial es el cerezo. La primavera facilita, permite, hace posible, genera las condiciones para que el cerezo pueda ser un cerezo en toda su esencia y potencialidad. La primavera aporta el clima adecuado, las condiciones necesarias para el arraigo y el crecimiento.

Fue emocionante ver, en ambos centros, a toda la comunidad educativa (supervisoras, directivos, docentes, alumnado, familias, personal de administración y servicios, exalumnos) participar en la ceremonia de bienvenida y de plantación del árbol. Un árbol todavía joven que necesitará de  los cuidados de la comunidad  para no agostarse y malograrse. No termina la historia con la plantación. Ahí precisamente comienza. Será el símbolo de la tarea que se realiza dentro de las aulas, dentro de la escuela.

El cerezo será un símbolo vivo que servirá de recuerdo y acicate para que la tarea educativa llegue a buen fin. Los educadores y las educadoras hacen viable el desarrollo. Y los alumnos y alumnas cumplen con la tarea de crecer y dar frutos de conocimiento y de solidaridad.

La metáfora del árbol que crece hacia arriba y hacia abajo, que echa raíces en la tierra y expande las ramas hacia el aire, siempre me ha parecido hermosa. De hecho, la he utilizado en varias ocasiones para reflexionar sobre la tarea educativa. En la Editorial Profediçoes de Portugal, publiqué hace años un libro titulado “El árbol de la democracia” y en Homo Sapiens, otro titulado “Arte y parte. Desarrollar la democracia en la escuela”, uno de cuyos capítulos se titula “La participación es un árbol”.

Importa conocer la naturaleza del árbol, saber cuándo y dónde ha de ser plantado, disponer de una tierra fértil en la que pueda echar raíces, regarlo con frecuencia y esmero, protegerlo de tormentas, plagas y heladas… Y , sobre todo, evitar que leñadores insensibles lo talen sin piedad.

El árbol dará sombra, albergará pájaros de diversa especie, dará flores y proveerá de ricos frutos. (En la escuela rural de Junín elaboraron con mimo para los asistentes dos cerezas rojas de lana con cintas verdes que podían prenderse en la solapa con un pequeño imperdible, acompañadas de un pequeño rectángulo de papel con la fecha y el motivo de la visita). El árbol no solo florece y crece para sí. El árbol ofrece los frutos a la sociedad. Por eso les dije que allí tenían que educar no a los mejores del mundo sino a los mejores para el mundo.

Si el conocimiento que se  adquiere en las escuelas sirviera para dominar, explotar, engañar y  destruir mejor al prójimo, más nos valdría cerrarlas. Cuando digo que la historia de la humanidad es una larga carrera entre la educción y la catástrofe me refiero, sobre todo, a esta dimensión social de la institución educativa. No es solo un lugar para que las personas se socialicen mejor y  tengan éxito en su trabajo sino que es el lugar donde se adquiere el compromiso de la mejora de la sociedad, de la solidaridad humana y de la compasión con quienes sufren.

Las dos ceremonias fueron una fiesta. Una fiesta cargada de emoción y de hermosos detalles. La celebración de la importancia de una tarea que no tiene parangón en la sociedad. Una fiesta en primavera sobre la primavera de la educación.

En Junín hubo canciones, bailes, discursos, regalos, pensamientos enmarcados y reproducción de portadas de libros. En Luján  tuvo presencia la bandera española solicitada al consulado, los niños y las niñas llevaban en carteles con algunas ideas de mis artículos, de mis libros, de mis conferencias. Discursos y regalos. En ambas escuelas, lo más emocionante fue ver cómo los alumnos y las alumnas  escuchaban las historias que les relataba, las palabras que les dirigía, cómo  vivían el ambiente festivo y con qué seriedad contemplaban  la plantación del cerezo.

A una niña que lloraba en El Nogal le  preguntó una profesora:

–        ¿Por qué lloras?

–        No lo sé, contestó.

No era fácil explicarlo. Allí estaba un señor del que decían que había venido de muy lejos, que había escrito muchos libros y que había dedicado su vida a la educación.  Un señor que les había sacado de las aulas a los patios y al que vieron, sorprendidos, plantar un cerezo. Un señor que les decía que la escuela era como El Arca de Noé. Fuera de ella nadie se salva del diluvio de  la ignorancia, la injusticia y la insolidaridad.

En Junín, al lado del cerezo, un artesano local había preparado un hermoso pedestal que, escrito en la madera, dejaba constancia del acto que habíamos celebrado en los jardines de la escuela.

Era hermoso ver a los niños dándote la mano, pidiendo una foto, mostrando un afecto que no había ganado. Los ahijados y ahijadas manifestaban una cercanía a quien les decían que iba a ser su padrino.

En las dos escuelas brindé a los miembros de la comunidad un lema que a mí me ha servido en la vida: “Que tu escuela sea mejor porque tú estás trabajando en ella”. Enseñando, estudiando, cocinando, limpiando, dirigiendo…   Desde estas líneas quiero agradecer a las comunidades educativas de ambas escuelas, la distinción recibida, la emoción de las ceremonias y el afecto que me mostraron. Sinceramente, gracias.