adolescentes

El signo menos en la frente

11 Nov

Leí en su momento la trilogía de Katherine Pancol “Los ojos amarillos de los cocodrilos”, “El vals lento de las tortugas” y “Las ardillas de Central Park están tristes los lunes”, cuya protagonista es Joséphine Cortès, una mujer sobre la que la autora realiza, a lo largo de las tres obras, una fantástica y penetrante descripción psicológica. Libros bien escritos (y bien traducidos) por la autora marroquí, nacida en Casablanca y muy pronto trasladada y afincada en París donde ha vivido hasta el presente.

Después escribió otra trilogía con el mismo título en cada uno de los libros: “Muchachas” (1, 2 y 3). Hoy ha caído en mis manos otra obra suya, “La bárbara” que, aunque no me ha gustado mucho, también describe con perspicacia e ingenio la psicología de otra mujer, Anne Gilly, verdaderamente singular. En esa obra me he encontrado con una interesante reflexión sobre la actitud de las personas ante sí mismas. Esa actitud de la que dependen tantas cosas importantes de la vida: el bienestar personal, la relación con los otros, las expectativas ante el futuro y hasta la visión del mundo. Me refiero al autoconcepto.

Hablando de Anne Gilly, dice Pancol: “Seguía pensando que llevaba en la frente la marca “menos”: menos aplomo, menos carácter, menos experiencia, menos audacia, menos soltura, mientras que los demás le parecían “más” brillantes, “más” inteligentes, “mejor” vestidos, “más” ricos, “más” informados. Así creaba entre ella y los demás una barrera de siete leguas. Cuando le hablaban, daba respuestas rápidas y cortas por miedo a que se dieran cuenta de que ella era menos”.

Cuando terminé de leer este párrafo, cerré el libro y me puse a pensar en esta importante cuestión: ¿Cómo se fragua el autoconcepto? ¿Cuáles son los factores que acuñan esta marca en la frente de las personas? ¿Por qué unas piensan que tienen grabado el signo menos y otras el signo más? No siempre obedece ese hecho a las cualidades reales que tienen las personas. No es, pues, una cuestión de objetividad. Al menos, no del todo. Conozco personas con cualidades excepcionales que se sienten acomplejadas y personas que no tienen muchas dotes, ni físicas ni mentales, que se sienten muy orgullosas de sí mismas.

Me preocupa que algunos de nuestros alumnos tengan el autoconcepto destruido. Que no se valoren, que no crean en sí mismos, que se sientan una basura. Me preocupa que no acepten su imagen, que desprecien su forma de ser. Y me preocupa porque les hace vivir una gran angustia. Y porque les hace relacionarse con los demás de una manera negativa. Y porque afrontan sus responsabilidades de estudiantes y su futuro desde la desconfianza y el desánimo.

¿Qué factores permiten construir un buen autoconcepto (y la consiguiente autoestima) y cuáles lo dañan o destruyen?

Uno de los elementos que, a mi juicio, ayuda a construir el autoconcepto es la expectativa que tienen sobre una persona los demás. Entre ellos, claro está, los padres y los profesores. Cuando se espera poco de alguien, es lógico que uno se valore poco. Cuando quien tiene poder le dice a alguien “tú nunca podrás”, “tú no vales”, “tú nunca llegarás”, acaba no pudiendo, no valiendo, no llegando.

Si un niño es amado, respetado, atendido y cuidado será más fácil que se sienta valioso. Si, por el contrario, se siente despreciado, odiado, maltratado, es lógico que piense que la causa del desamor es su insignificante valía. Si, además, existen comparaciones negativas, la mala influencia se agrava. Imaginemos que esos padres o esos profesores manifiestan una alta expectativa sobre un hermano o sobre otros compañeros. Y que subrayan constantemente el contraste: “Mira tu hermano”, “mira ese compañero”. El daño es seguro.

Otro elemento es la mala experiencia que se vive y que se interpreta bajo una generalización abusiva. “Puesto que he fracasado en este asunto, es natural que fracase en todos los demás”, piensan. Por eso es bueno propiciar pequeños y justificados éxitos que puedan cimentar un buen autoconcepto.

Y, sobre todo, la experiencia de un trauma infantil puede marcar a fuego esa marca menos en la frente de la victima aunque, como otras veces he dicho, ninguna herida tenga que ser un destino.

En medio de una sociedad cargada de signos de ostentación (unos con mucho poder, otros con mucho dinero, otros con mucha fama, otros con muchas cosas… ) el niño y el adolescente se sienten anonadados. ¿Qué son ellos en medio de todo ese cúmulo de apariencias? ¿Cómo olvidar su insignificancia? ¿Qué tienen, qué saben, qué pueden?

Ninguna participación relevante en la sociedad, en la escuela, en la familia.

– Tú repite
– Tú te callas.
– Tú obedece
– Tú, estate quieto

En la inmensidad del mundo, él o ella se sienten la verdadera nada. Una nulidad. Una insignificante partícula. Los sueños van por una parte y la realidad va por otra. Los deseos imponen unas aspiraciones y la realidad los recorta sin piedad.
El autoconcepoto se puede trabajar de forma explícita e intencionada. Hay programas bien concebidos y estructurados. Existe una amplísima producción bibliográfica sobre esta cuestión. Muy desigual en calidad, por cierto.

Me cuenta mi mujer. Orientadora de un IES, que hoy mismo ha propuesto a sus estudiantes de Secundaria una tarea. Alguien tenía que escribir de forma anónima algo que le preocupase. Un (una) estudiante contó que le preocupaba que, al manifestarse como era, los demás no le (la) quisieran.

Esa persona piensa que vale tan poco que, al hacer patente eso poco que vale, nadie podrá aceptarla ni amarla por sí misma. Es lógico que quieran a otros o a otras. Porque valen más. Pero a ella no, que no vale nada.

A continuación les pide a los demás que expresen lo que quieren decirle a esa persona que ha abierto su corazón al grupo. Y me cuenta lo que algunos compañeros dijeron:

– Si alguien no te quiere cuando sabe cómo eres es que no te quiere a ti, querría a esa imagen de persona que tiene de ti en la mente.
– Si alguien te quiere, ha de hacerlo por ser como eres. Es entonces cuando te demuestra que te quiere a ti.
– Lo primero que tienes que hacer es valorarte y quererte tú porque si te desprecias los demás no te pueden querer.

Circular por la vida con el signo menos en la frente es muy preocupante porque la persona que lo lleva piensa que, al estar en lugar tan visible, los demás lo ven. Los demás descubren rápidamente una marca tan patente que no se puede ocultar.

Existe un problema importante respecto a la formación y evolución del autoconcepto y es que pocas veces se explicita ante los adultos (padres y educadores) la valoración que uno tiene de sí mismo. De esa forma, no es posible afrontar las exigencias.

Me gustó, y a la vez me inquietó, oírle decir con mucha convicción a mi hija Carla hace unos años:

– Es que yo soy fan de mi misma.

También es cierto que el autoconcepto puede estar desajustado por arriba. Una cosa es valorarse adecuadamente y otra sobrevalorarse. Es clásica la broma que se hace sobre el supuesto elevado autoconepoto de los argentinos: no hay mayor negocio que comprar a un argentino por lo que vale y venderlo por lo que cree que vale.

Cuando el autoconcepto se desajusta por exceso se corre el riesgo de sufrir grandes frustraciones. El interesado aspira a todo y no puede alcanzar nada. Se cree el no va más y la realidad le coloca en su sitio de escaso o nulo relieve. La vida le va diciendo, frustración tras frustración, que estaba equivocado. Por eso no hay que engañar a los niños y a los jóvenes haciéndoles creer que son el no va más, que todo será fácil y que todo el mundo les rendirá pleitesía.

Hay que ayudarles a fraguar un buen autopconcepto a través del esfuerzo, del estudio, de la ayuda cuando estén desalentados y de la felicitación cuando hagan bien las cosas. Porque el buen o el mal autoconcepoto no es un regalo o un castigo de los dioses, es una construcción personal, es una conquista a la que los adultos podemos contribuir o que podemos bloquear.

35 thoughts on “El signo menos en la frente

  1. Ligando con post de las semanas anteriores, educar es algo más que transmitir conocimientos (aspecto informativo o instructivo), también lo es ayudar al niño/a en su desarrollo afectivo y social (aspecto formativo). Trabajar el autoconcepto favorece el desarrollo de la autoestima y de la autonomía, aspectos esenciales del desarrollo personal, a su vez se están creando los cimientos de las relaciones con los demás. Como indicas en esta entrada, si uno no puede relacionarse consigo mismo cómo podrá hacerlo con los otros.

    Existen buenas escuelas dentro de las familias donde se trabajan adecuadamente estos aspectos afectivos, pero también hay muchas que, por diferentes motivos, no la desarrollan convenientemente. Es ahí donde la institución educativa debe actuar dentro de su acción formativa. Orientando, reorientando, facilitando, desarrollando, favoreciendo,… sin adoctrinar, claro…

    El autoconcepto (no sólo el académico) se puede trabajar intencionalmente, como indicas hay programas para ello, pero también hay que NO TRABAJARLO inconscientemente, me refiero a ese currículum oculto que aparece cuando se dicen cosas como: eres un desastre, no aciertas una, lo has hecho muy mal, jamás lo lograrás, las matemáticas no es lo tuyo, fulanito es mejor que tú, no digas tonterías,… pero peor incluso puede llegar a ser, no escuchar siquiera lo que te dicen…

    Con lo difícil que es para un niño aprender a restar llevando, qué fácil es restar en la vida en vez de sumar… +++++++++

    Buen finde…

    • Querido Juan Carlos:
      Con un pie en la escalerilla del avión, agradezco tu interesante comentario que subraya la importancia de cultivar el autoconceoto y la autoestima tanto en la familia como en la escuela.
      Es muy importante que ambas instancias dialoguen sobre estas (y otras cuestiones de esta naturaleza). Porque es decisivo remar en la misma dirección.
      Un abrazo.
      Y gracias.
      MAS

  2. Interesante tema. En días anteriores hubo un gran debate sobre la pedagogía, la psicología en la enseñanza o su inutilidad. Si la pedagogía se entiende como el arte de enseñar, y la psicología como el estudio de la conducta humana, entran de lleno en la temática de hoy.
    El ser humano no es solo un cúmulo de conocimientos, que sí son necesarios, pero su felicidad, el gran objetivo de la vida, de no depende de sus conocimientos, sino más bien de sus pensamientos, del concepto que de sí mismo se va labrando y de la capacidad de integrarse en la sociedad.
    A mi modo de ver, el concepto que vamos formando de nosotros mismos depende de muchos factores: la relación con la familia y el concepto que tienen sobre uno; la escuela, a mi modo de ver fundamental. No se necesita decir que eres un burro o que eres un genio. Tus éxitos o fracasos en la escuela te van conformando y creando tu idea de fracasado o exitoso. Si a eso se añade el machaqueo, pues no digamos…
    La sociedad, los compañeros tan importantes sobre todo en la adolescencia. En el grupo puedes significar algo o nada, te sentirás valorado, en definitiva, si te valoran; si no te valoran difícilmente te valorarás.
    Estoy muy de acuerdo en las reflexiones que haces, Miguel Ángel, sobre el tema.
    Saludos a todos.

    • Querido Joaquín:
      A punto de tomar el vuelo para regresar a España leo tu comentario, como siempre sensato y certero. Citas una dimensión que yo no he tocado y que me parece importante: la influencia de los pares, de los iguales, de los amigos.
      En la adolescencia es especialmente compleja esta relación. Porque los pares desempeñan un gran papel. Lo que pasa es que ahí se produce un círculo vicioso que habría que convertir en virtuoso: si te valoran, te valoras; pero también si te volaras, te valoran. ¿Qué es antes el huevo o la gallina?
      He pretendido llamar la atención sobre esta cuestión que tiene tanta importancia para las personas pero que en escasas ocasiones ocupa la atención de padres y educadores.
      Un gran abrazo.
      Y gracias.
      MAS

  3. Creo que este es un problema muy grave en la infancia la juventud.Y creo que afecta a muchos adolescentes.
    Lo primero que hay que hacer es preocuparse por la cuestión, lo segundo es comprobar lo que sucede y tercero es intervenir en la dirección adecuada.
    Para que eso se pueda hacer en la escuela es necesario ganar la confianza de los alumnos y de las alumnas. De lo contrario, algo abrase, será imposible intervenir
    Saludos y buena semana.

    • Querida Rosalía:
      De acuerdo.
      Para intervenir en estas cuestiones es preciso ganarse la confianza de las personas.
      De cualquier manera, hay formas de proceder que, de partida, destruyen el buen autoconcepto. Hay que evitarlas. Hay otras que lo cultivan y favorecen. Hay que potenciarlas.
      Lo mismo digo de la familia.
      También los amigos y las amigas pueden ayudar o dificultar.
      en la novela “Por trece razones” se presenta un caso en el que la intervención negativa de 12 compañeros y un adulto llevan a una adolescente al suicidio.
      Besos y gracias.
      MAS

  4. Tema importante que afecta a todos y cada uno. Nadie puede decir que este asunto no va con él.
    Pero, en efecto, creo que es muy inquietante lo que pasa con niños y jóvenes. Porque, por lo que conozco a través de mi profesión de profesor, hay muchos jóvenes que tiene problemas con su auconcepto. O creen tenerlo, Y, por consiguiente, lo tienen.
    Es probable que haya más alumnos y alumnas con problemas de este tipo, pero no es fácil que se manifieste. Porque no se suele hablar de estas cosas.
    – Más observación.
    – Más diálogo.
    – Más compromiso.
    Porque no solo vendrá bien para la felicidad de las personas. También será bueno para el aprendizaje.
    Un abrazo.

    • Estimado Jesús:
      Hay que educar los ojos para ver. Yo creo que el profesor es un profesional de la observación. Me sorprende que haya adolescentes al borde del juicio y no nos demos cuenta.Me sorprende que se produzca situaciones de humillación colectiva y que solo el profesor no sea consciente de ello.
      Hay que crear condiciones para el diálogo. Y saber dialogar. Porque si el alumno no es capaz de escuchar no habrá posibilidad de que se abra. No es fácil escuchar. A quien he visto escuchar mejor en mi vida es a Carl Rogers. El decía sobre la escucha cosas maravillosas:”Si un ser humano te escucha, estás sal vado como persona”.
      Y, sí, estoy de acuerdo contigo. Tenemos que cultivar un mayor compromiso. Nos tienen que importar los alumnos y las alumnas. Nos tiene que inquietar cómo se viven a sí mismos y cómo se relacionan con los demás.
      Un cordial saludo.
      Y gracias por leer y escribir.
      MASA

  5. El tema me parece muy importante. No hay muchas noticias en la prensa sobre esta cuestión que, sin embargo, tanto afecta a cada persona.Nadie está fuera de esta preocupación.
    Me ha parecido interesante que se haya focalizado el tema en los niños y en los jóvenes. Porque los errores se pagan caros y, a veces, duran toda la vida.
    Gracias por las estrategias que se sugieren. Me vendrán bien para mis hijos y para mis alumnos.
    Saludos.

    • Estimada Marta:
      Es que muchos temas importantes no son objeto de reflexión en los medios.
      A mí me preocupa mucho que los niños/niñas y jóvenes vayan fraguando un autoconcepto despreciable. Me preocupa que no se acepten (ni siquiera su imagen física). Como los (las) modelos que ofrece la moda se hacen tan predominantes, muchos jóvenes sienten que están muy alejados de ellos. Hay que parecerse a quienes se presentan como estereotipos: personas con éxito, delgadas,altas, guapas, sanas, atractivas, ricas… ¿Quién puede ser así? En un mundo en el que los valores no se aprecian, los modelos ejercen una influencia nefasta.
      Y luego están la escuela y la familia. Dos paidocenosis fundamentales. Pero, muchas veces, no existe una formación o la atención necesaria a la evolución interior de las personas. Solo se atiende a la imagen. La obsesión está en las cosas y no el interior de la personas.
      Mil gracias por leer el artículo y por asomarte al blog con este comentario.
      Besos.
      MAS

  6. Creo que es bueno que se toque este tipo de cuestiones. Primero porque afectan a todas las personas sin excepción. Segundo, porque causan un daño enorme a quienes no solucionan bien el ajuste. Es decir, a quienes se infravaloran o a quienes se sobrevaloran.
    He visto, en mi ejercicio de profesora, muchos adolescentes con un acutoconcepto pobre. He visto que les ha hecho infelices y les ha puesto en el camino del fracaso. Porque no han creído en sus posibilidades. Ese hecho también ha complicado sus relaciones con los demás.
    Gracias por esta llamada de atención.

    • Querida Inés:
      Si se tiene capacidad de observación, sensibilidad y compromiso es fácil encontrar casos de adolescentes que viven sumidos en una tremenda angustia. Tú lo sabes por experiencia.
      Resulta curioso que el sistema educativo (y la familia también) estén de espaldas a esta necesidad apremiante del alumnado. Ellos lo viven y ellos lo sufren.
      Hay tanta información teórica y práctica que bastaría un mínimo de preocupación para encontrar ideas y estrategias a montones. Acabo de levantarme y ver que en las estanterías de nuestra librería familiar tenemos 58 libros sobre esta cuestión. Hay cosas de valor y otras menos valiosas. Pero la información es abundantísima.
      Besos y gracias.
      MAS

  7. ¡Querido Maestro!
    ¡Esta semana su comentario me ha llegado directamente al alma!
    Es terrible reconocer que a lo largo de mi vida he llevado en mi frente el signo menos.
    Desde mi niñez,personas del entorno se encargaron de dañarme con motes despectivos que aludían a mi pequeñez y delgadez.
    Transcurrido el tiempo y con esa carga en mi mochila,mi adolescencia fué triste como marcaba una época de penuria y escasé económica.
    Con dolorosa huida a mis adentros, la rabia y la fuerza que me daba la juventud y con el amor y ejemplo recibido de mi abuela,sorteé obstáculos y conseguí mis sueños de estudiar.
    Más tarde imaginé proyectos de vida que al cabo del tiempo fracasaron y que me produjeron enormes traumas y la caída de mi autoconcepto.
    Quizás mi baja autoestima debido al maltrato recibido colaboró en marcar los senderos de mi vida.
    Sin embargo la persona valiente,luchadora y tenaz que soy ha sido fruto de superar la adversidad y convertirme en resiliente.
    No soy capaz de hacerle daño a nadie pero tampoco permito que me lo hagan a mi.
    La carencia de afectos lo suplo con el amor que yo le pongo a la vida.
    Con los años mi autoestima ha cambiado ,trato de quererme al máximo.
    No se puede pedir al mundo que tomen tu camino y calcen tus zapatos.
    Y como dice: ¡Ninguna herida tiene que marcar tu destino!
    ¡La vida ofrecerá lo que uno se merece!
    Gracias por abrirnos los ojos con sus lecciones.
    Sin más me despido con cordial saludo.

    • Querida Loly:
      Gracias por compartir tu experiencia con nosotros.
      Es admirable todo lo que cuentas. El signo menos ha sido manejado con otro signo menos construido con tu esfuerzo y se ha formado un signo más, que es el que ahora brilla en tu frente.
      Afortunadamente esos signos no son indelebles, se pueden modificar (como ha sido tu caso). Pero claro, hace falta inteligencia, esfuerzo y perseverancia.
      Tú los has tenido a raudales.
      Enhorabuena y gracias.
      MAS

  8. Siempre que leo algún artículo sobre la autoestima recuerdo una lección que aprendí del menor de mis hijos. Nació con síndrome de Hirschprung y entre los cuatro y los quince meses fue sometido a muchas cirugías por lo cual su panza quedó llena de cicatrices y costuras, algo parecido a un matambre.
    Una siesta mientras yo tendía ropa él compartía la pileta con un niño vecino, no tenía mi hijo más de tres años. Yo escuchaba con algo de tristeza e impotencia cómo el vecinito trataba de hacerlo sentir menos: mi casa es más grande que la tuya. Mi papá tiene un auto más nuevo que el de tu padre. Tu papá no tiene plata en el banco pero el mío si. Yo no sabía si intervenir y hablar, se me salía la maestra de adentro. Pero de pronto mi pequeño que escuchaba sin refutar, con mucha seguridad se levantó la remera y le dijo: Mirá lo que yo tengo. Vos tenés una así? Y mostró orgulloso su panza llena de cicatrices. Fin de las apuestas a quién era más grandioso.
    No pude menos que reír para mis adentros y pensar que algo había hecho bien, la autoestima de mi niño era alta, como la de los argentinos!! ( broma).
    Abrazo querido maestro. Tanto tiempo!!!!

    • Querida Nancy:
      ¡Cuánto tiempo!
      ¡Te he echado de menos por estA plaza que es el blog!
      Y qué hermosa y significativa historia has compartido con todos los lectores y lectoras de El Adarve.
      Muchas gracias. Es fantástica. Y muy significativa respecto a lo que he contado en el artículo.
      Claro que has hecho las cosas bien para que tu hijo reaccione así. Espero que su evolución siga en la misma línea.
      Me he alegrado mucho de ver otra vez tu nombre.
      Espero que todo te vaya bien.
      Gracias y besos.
      MAS

  9. El autoconcepto, la autoestima, la propia percepción de sí mismo… eso marcará la distancia de tu salto en la vida.

    A veces las referencias con que contamos son confusas: nadie ha medido con rigor nuestras posibilidades o no vemos con claridad la distancia a salvar…

    A veces saltamos con plomo en los pies, con el lastre de haber sido descalificados de antemano, con la etiqueta de perdedores…

    Otras lo hacemos invadidos por la euforia, cegados por la prepotencia…

    Hay quién necesita un empujón, o ser llevado de la mano, o escuchar los gritos de ánimo al tomar impulso…

    Hay quién es preparado desde niño, quién se entrena concienzudamente para a prueba y se siente seguro, preparado. Hay quién se enfrenta solo, a la desesperada, como al borde un precipicio donde no se ve el otro lado…

    Les habrá que convocan al público que esperarán a que se llenen los graderíos, también les habrá que salten en solitario porque no soportarán la humillación de un fracaso.

    Algunos caerán…

    Algunos ni saltarán…

    • Estimado Jesús Marcial:
      Muy de acuerdo con tu descripción. Pero yo daría un paso más.O dos. O tres.
      Primer paso: ¿Por qué unos… y por qué otros…? Es decir, ¿dónde está la raíz de esas actitudes? ¿Cómo se fraguan? ¿Por qué evolucionan de un u otra manera?
      Segundo paso:¿Qué puede hacer cada persona para disfrutar de buenas actitudes y no padecer las malas? ¿Cómo pensar? ¿Cómo actuar? ¿Cómo afrontar las dificultades?
      Tercer paso: ¿Qué tenemos que hacer los padres y los educadores para favorecer el buen auto concepto y la buena autoestima de nuestros hijos y alumnos? ¿Cómo actuar para que evolucionen favorablemente?
      Muchas gracias.
      Un abrazo.
      MAS

  10. El problema es que, al no trabajar los sentimientos, al no saber comunicarnos, todos esos procesos interiores se los “tragan” los jóvenes sin que nadie sepa lo que les sucede. Ellos lo viven con dramatismo porque creen que solo les pasa a ellos.
    Creo que es importante trabajar la esfera de los sentimientos porque en ella se encuentra el núcleo de la felicidad. Las personas se sienten bien o mal por cómo viven sus emociones. El autoconcepto es la fuente de la estabilidad emocional.
    Agradezco que se haya centrado la reflexión de la semana sobre esa cuestión. Los problemas de la política no influyen tanto en la felicidad de las personas
    Gracias.

    • Querida Dolores:
      Pues sí, el bajo o mal autoconcepto acompaña siempre al que lo tiene. Le condiciona la vida: su forma de sentirse, de afrontar el trabajo, de generar expectativas, de relacionarse con los otros…
      Hay dos cosas que deberíamos tener en cuenta (tanto para nosotros como para los hijos y alumnos): cómo formarlo y como mantenerlo. Porque no se forma de una vez para siempre.
      Quien se considera una basura, pensará que nadie le puede querer.
      Quien se siente poco capaz, no emprenderá ningún proyecto.
      Quien se siente inferior (signo menos) pensará que los otros pueden ser felices, queridos, triunfadores, pero él no.
      Claro que es muy importante esta cuestión.
      Besos y gracias.
      MAS

  11. Hola miguel Ángel:

    “… es bueno propiciar pequeños y justificados éxitos que puedan cimentar un buen autoconcepto.”

    “Hay que ayudarles a fraguar un buen autopconcepto a través del esfuerzo, del estudio, de la ayuda cuando estén desalentados y de la felicitación cuando hagan bien las cosas.”

    Autoconcepto: conjunto de características (físicas, intelectuales, afectivas, sociales, etc.) que conforman la imagen que uno tiene de sí mismo.

    Estamos hablando que es necesario tener un buen autoconcepto. Y yo me pregunto cuándo un autoconcepto es bueno o malo. ¿Es bueno cuando se ajusta a la realidad, cuanto más objetivo sea, o es bueno cuando nos beneficia, cuando nos resulta positivo?

    El autoconcepto no deja de ser un concepto, y como tal puede ser acertado o equivocado. Es una evaluación de uno mismo, evaluación justa o injusta.

    Independientemente de que todos somos dignos y tenemos valor por ser personas, somos muchas otras cosas. Por poner un ejemplo sin entrar en nada específico. Si somos un desastre y nos vemos como un desastre, ¿tenemos un buen autoconcepto? ¿Sería bueno y deseable que nos autoengañemos? Podemos llegar a ser muy felices en el engaño, aunque éste durará lo que tarde la realidad en compararnos y ponernos en nuestro sitio.

    Creo que mejor nos aplicamos el párrafo dos (que es tuyo) para cambiar la realidad y así podremos cambiar nuestro autoconcepto para mejor. Hay algunas cosas que no las cambia ni Dios, pero la gran mayoría pueden ir a mejor, aunque solo sea un poquito.

    Bicos.

    • Querido José Antonio:
      Iba a decir en un correo que echaba de menos en la entrada de esta semana a comentaristas “de cabecera”. Uno ha llegado. Con preguntas interesantes.
      No se trata de autoengañarse. Hablo de “ajuste” (no infravalorarse y no sobrevalorarse).Lo que veo preocupante entre niños y jóvenes es una falta de aceptación de su imagen, de su valía, de su inteligencia, de su capacidad… Si uno es feo, es feo. Si uno es pobretes pobre. Pero no por eso va a destruirse. Por eso el auoconcepto lleva aparejada la autoestima.
      Se puede destruir a un hijo o a un alumno diciéndole: tú no sirves, tú na vales, tú no puedes, tú nunca llegarás… Y esos vaticinios muchas veces, no son muy fundados. Y tienen ánimo destructivo. No suelen ser fruto de la objetividad sino de la maldad. O de la torpeza.
      Tampoco se puede esperar que un ciego vaya a ser piloto de aviación. Claro está.
      Se puede dañar su auto concepto si se le compara negativamente con los demás de forma despectiva…
      Cuando se maltrata o no se quiere a los niños y a los jóvenes se erosión su auto concepto…
      Un abrazo.
      Y gracias por leer y por escribir.
      MAS

      • Hola a todas las personas,

        Hoy la verdad es que no sé por qué idea decantarme. No sé, a ver si me voy aclarando mientras digo algo por escrito. No sé, creo que somos muy distintos todos los seres humanos en cuanto a afectación de emociones. Dada mi lúcida ancianidad conozco personas que han sido niños mimados de la vida, que lo han tenido todo muy fácil, y son unos desgraciados de la vida. Otros han tenido inequidades e injusticias y han aprendido de ellas con el resultado de ser excelentes personas. Otros, por éstos últimos motivos son unos resentidos y amargados.

        Por ejemplo, Don Quintiliano considera que no anda mal de autoestima. Claro, parte de ella la debo a ustedes, los millones de seguidores que me leen, eso sube mucho la autoestima. Claro, yo estuve en la guerra. Me degollaron en Monte Arruit en 1921 después de haber estado cinco días bebiendo orines. Luego en Agosto de 1938 en el frente de Mequinenza, Provincia de Zaragoza, me pegaron un tiro en la rodilla, aún tengo la cicatriz. Aprendí a trabajar el campo antes de aprender a leer y escribir. Primero guardaba pavos, luego cerdos, luego cabras, luego con la yunta de mulas. Soy campesino, de los de corazón y de los de huellas en las manos. Hace unos días, en la primera luna menguante de octubre corté los palos de acebuche para las azadas y azadones. Siembro concurbitáceas y solanáceas. Pero mi cuadro perfecto son mis 357 limoneros que los quiero como oro en paño. Mis limoneros ahora están arracimados de fruto. Por dentro los tengo que parecen una tupida choza. Debajo de ellos me pongo en cuclillas, buscando hacia el Este los primeros rayos de sol entre el follaje y los racimos de limones madurando. Les aseguro que ni el cuadro de Leonardo Da Vinci, que se vendió ayer por más de cuatrocientos millones de dólares en una subasta, es comparable al gozo que tengo con semejante visual de los rayos de sol. Con el fruto de mis limoneros, y algo que tengo ahorrado, si puedo, me compraré una bicicleta nueva, aunque sea para dar envidia a mis vecinos.

        Tengan buena noche.

        • Estimado Quintiliano:
          También a ti te he echado de menos en esta entrada que, en efecto, tiene una especial complejidad.
          Te confesaré que me ha movido a tocar el tema el contacto que mi mujer, orientadora en un IES, tiene con adolescentes. Me cuenta muchos casos de jóvenes que viven con mucha dificultad la aceptación de su identidad.NO SE ACEPTAN. No se valoran. No se respetan. No se soportan. Como ves, también en el texto del artículo he hecho referencia a esta cuestión.
          Ella ha trabajado mucho este tema (tenemos una estantería, como he dicho en algún comentario, llena de libros con teoría y práctica sobre el espinoso asunto) y cada día se topa con alumnos y alumnas que necesitan ayuda. Yo también me he asomado a estos libros porque me interesa conocer la forma de guiar un buen ajuste del autoconcepto en la familia y en la escuela y estudiar las repercusiones del desajuste.
          Bien es cierto, como dices, que cada trayectoria personal es diferente y que puede encontrarse todo tipo de reacciones ante hechos similares. Personas que lo han tenido todo y que, precisamente por eso, han sufrido percances psicólógicos considerables y personas que no han tenido nada y que han sabido sobreponerse a la adversidad.
          Hermoso y aleccionador relato el que nos haces de tu propia historia. Creo que no se trata de hacerlo todo fácil. Tampoco de lo contrario. Creo que se trata de ayudar a mantener un justo equilibrio y de saber afrontar con valentía y esfuerzo los avatares de la vida.
          Un cordial saludo.
          Y muchas gracias.
          MAS

        • Estimado Quintiliano:
          Al margen del tema que ha ocupado la atención esta semana, hay tres dimensiones de tu historia que me resultan cercanas.
          1. Mi padre vivió la guerra civil en primera línea de combate. La artillería era “carne de cañón”, como bien sabes. Le oí decir que a la batalla del Ebro fueron 17 trenes de combatientes y volvieron menos de la mitad. También estuvo en la batalla de Brunete… Y en África (siendo yo muy niño, cuando contaba esas historias, yo lloraba y preguntaba por qué no me había llevado con él…).
          Yo tuve un abuelo que fue alcalde de la República y otro al que llamaban Gil Robles… Una curiosa mezcla.
          2 Mis abuelos y mi padres fueron agricultores. De lo que se cultiva y cosecha en Castilla (trigo, cebada, centeno…). Había entonces muchos “majuelos”, hasta que llegó la concentración parcelaria. También teníamos huerto y yo regué lo mío al atardecer.
          3. Vivimos la vida de un pueblo pequeño. Hoy ya tenemos en España más del 54% de personas viviendo en zonas urbanas pero, ¿qué pasa con los pueblos que se están quedando vacíos?

          Las vivencias son los ladrillos con los que construimos el edificio del autoconcepto. Hay que colocarlos de manera que no te caigan encima.

          Saludos.
          Y gracias de nuevo.

          MAS

  12. Buenos días a todos (los seres humanos),

    Estimado Sr. Guerra, con del debido respeto, opino que yerras cuando dices de tu último comentario que es “al margen del tema que ha ocupado la atención esta semana”. Siempre me pongo a mí por ejemplo, por ahí anda mi ego. Hoy te voy a poner a ti. Si por algo no tienes signo de menos en la frente, o al menos yo no lo veo en absoluto, es en gran parte por aquella fuerte estructura -hablando en el argot del ladrillo- que construiste en aquellos tus primeros años de vida. Allá en Grajal de Campos, a la sombra de unos padres que te dieron dimensión de valores y de historia, sobre todo de historia. Ay, la historia, cosa esta última que parece que olvidan los secesionistas catalanes. Pues eso, tus padres, sus valores, el usted a madre y a padre. Los abuelos, seres que en categoría y valor personal no estaban muy lejos del mismo Jusucristo y la Virgen María. Y luego empezaste a absorber sabiduría de vida por la calles embarradas en Otoño, heladas en Invierno y polvorientas Verano, de tu pueblo, Grajal de Campos. Cuando digo calle digo vivencias sobretodo con los críos que te acompañaban a tu edad. Y hablas de regar, como podrías hablar de mil cosas más. Ese agua de acequia abierta a golpe de azada en tu temprana edad, resumaba una química invisible que se metía en tu estructura y que apuesto, sin lugar a dudas, a que es el antídoto que te evitó -en gran parte- el signo de menos en tu frente.

    Tengan buen día.

    • Estimado Quintiliano:
      Cierto. A través de la biografía se construye el autoconcepto. Mi planteamiento de que tu comentario se salía del tema (que, por cierto, se puede hacer) obedece a la deformación profesional de quien suele tratar los temas desde un punto de vista teórico. Tienes razón. El comentario era un testimonio vivo sobre la cuestión. Nada más centrado y oportuno.
      Mi abuelo Timoteo era un hombre de tal rectitud que siendo un conocido ateo y republicano, en plena dictadura, era llamado para hacer particiones y concentraciones de tierras… Se confiaba plenamente en su sentido de la justicia.
      Cuando uno de los hijos o nietos entraba en el comedor y no saludaba de forma correcta, tenía que salir de nuevo a la calle, volver a llamar y saludar de nuevo.
      Hace uno años escribí un artículo titulado MI QUERIDA ESCUELA RURAL. Y explico que utilizo el adjetivo querida por dos motivos. Porque fue un niño que dio sus primeros pasos en una escuela rural (como bien dices, en Grajal de Campos) y porque la escuela rural tiene una gran importancia en mi país. Cuando se cierra la escuela de un pueblo se extiende el certificado de defunción del pueblo.
      Un cordial saludo, estimado regante en tiempos de sequía (la sequía es siempre “pertinaz”).
      MAS

  13. jeje, Sr. Guerra, tu abuelo Timoteo y yo nos hubiesemos llevado muy bien, sin lugar a dudas. Ya de su teoría de la justicia me complazco. La del saludo me deja boquiabierto de admiración.

    Hoy, vas por la calle y saludas a una persona mayor no conocida y te devuelve el saludo, agrandado normalmente de una sonrisa. A un joven, o jóvena, no conocido, normalmente te mira como diciendo con la mirada: “¿de dónde habrá salido el bicho este?. Jeje, situaciones de vida cambiantes, pienso. Pruebe, pruebe a hacerlo, es divertidísimo.

    Tengan un buen día.

    • Estimado Quintiliano:

      Como la anécdota no tiene desperdicio la voy a repetir aquí (aunque ya la conté en el blog).
      Me cuenta una secretaria de juzgado de Málaga que un juez de imagen venerable estaba interrogando a un joven al que adornaba una hermosa cresta. El chico decía una y otra vez:

      – Porque tú ya sabes…
      – Porque tú te imaginas…
      – Porque tú…

      Y el juez le dice:

      – Hábleme de usted.

      Y el chico contesta:

      – ¿Y qué quieres que te diga de mí, señor juez…?ç

      Sin palabras.

      MAS

  14. Estimado MAS:

    A propósito del tema de esta semana, ya pisando la frontera de la próxima, se me ocurren varias reflexiones:

    Coincido con don Quintiliano (como casi siempre) en que la reacción ante las frustraciones y contrariedades que inevitablemente nos da la vida desde demasiado pronto suele tomar dos caminos muy peligrosos: la victimización y el resentimiento o rencor.

    Victimización cuando, con una actitud demasiado protectora, los profesores y, sobre todo, los padres tendemos a preservar al niño de toda situación dolorosa o frustrante, y acabamos criando auténticos inválidos emocionales que se vendrán abajo ante cualquier contrariedad si no tienen al lado una persona “fuerte” que los saque del apuro.

    Resentimiento cuando los acostumbramos a echar siempre a otro (los compañeros, la sociedad, los ricos, el gobierno…) la culpa de todo lo malo que les ocurre, de tal manera que criamos seres interiormente oscuros, reconcomidos por el rencor y el afán de revancha.

    Hay que repetir una vez más, por muy evidente que sea, que el único camino posible para afrontar las contrariedades es, con un término muy de moda, la resiliencia o, dicho de manera más antigua, la actitud estoica ante la vida. Los golpes los encajamos, sentimos el dolor, pero nos recuperamos y seguimos adelante más fuertes que antes.

    Es de agradecer, Miguel Ángel, que te hayas acordado no solo de la necesidad de reparar la baja autoestima, sino también de no dar lugar a una autovaloración muy por encima del valor real del individuo. En mi experiencia de los últimos años de docencia casi he encontrado más casos de esta “sobreautovaloración” que de la contraria. Creo que la receta del “quiérete mucho” aplicada a quien no la necesitaba ha hecho mucho daño. Es la excusa perfecta para el perfecto egoísmo.

    En definitiva, nada que objetar y mucho con lo que coincidir en tu espléndido artículo.

    Buenas noches a todos los escribientes y leyentes del Blog.

    • Estimado Antonio:
      El círculo vicioso es difícilmente evitable. Hacer frente a la adversidad con valentía, decisión y perseverancia fortalece el auto concepto y la autoestima, pero tener un buen autoconcepto y buena autoestima permite afrontar con éxito las adversidades. La historia del huevo y la gallina.
      Creo que lo importante del tema es que nos preocupe a padre y educadores lo que pasa con esa cuestión en nuestros hijos y alumnos. De esa preocupación surgirán las estrategias más pertinentes que, probablemente, no serán las mismas para unos y para otros.
      Cordiales saludos.
      MAS

    • Gracias, querido Juan Carlos.
      Siempre alienta saber que lo que se escribe es leído por otros. Y alienta mucho más saber que eso que se ha escrito ha sido valorado.
      Gracias por las dos cosas.
      Un cordial saludo.
      Buen fin de semana.
      MAS

  15. Hola a todos los seres humanos,

    Por alusiones, gracias, Sr. Del Pozo. Gracias, joven e ilusionado Sr. Muñoz.
    Me llena de orgullo que grandes pensadores y no menos personas valoren mis palabras.

    Tambien gracias a todos los que andan por aquí, especialmente a los que me cuentan su vida. Vuestras palabras son el relato de vuestra vida. Recordad, el que escribe se despelota. O no me hagáis mucha cuenta. Gracias.

    Tengan buena noche.

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